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Marzo 11, 2009

Nunca se lo he dicho.

Archivado en: Nunca se lo he dicho — napoleon03 @ 8:00 am03

Un día de 1991 llegaron cajas de panqués a la bodega de la calle Napoleón Chapleau, en el reparto Charles Muecke en Camagüey, a 3 puertas de la casona de principios de siglo XX que conseguimos en permuta dando por nuestra parte 2 casas, la de mi padrastro del alma, Señor Manuel Urquiza, y la nuestra ubicada detrás de lo que fue el cuartel Agramonte, carretera central oeste … Aquella casa ubicada en el Chapleau fue testigo de mi arresto y procesamiento político según describo en artículo-testimonio “Cuba Interdicta 1″. Lo que nunca le dije a mi madre, lo que nunca creo haber dicho, ni siquiera a Miarma Chabela, es que aquellas gaceñigas –o remedo– fueron el obsturador para que me lanzase abiertamente en el enfrentamiento de la monarquía castro-comunista. Tuve que hacer la cola-línea como 14 veces, para comprar unos 42 panqués con los cuales sobrevivir los próximos meses; estos tienen un tamaño similar al que cualquier hijo de vecino halla en mercados hispanos del sur de la Florida. ¿Se imaginan un promedio de 42 panqués embutidos en alguna especie de lata o bolsa de nylon que mi madre previera para su mejor conservación? No exagero al mencionar la cifra de 42, aunque pudiera ser mayor. ¿Dejar pasar esa venta libre de panqués cuando llevábamos meses “areando” –según lenguaje isleño de mi madre– por algo con qué reconfortar los estómagos? El asunto fue que mi madre me dio licencia para ingerir 1, 2, 3 … y cuando ya iba por el 4to panqué estalló en desacuerdo con sus palabras: “¡Niño, no, ya eso no es hambre; es vicio o ataque nervioso; para ya!”; y a mí me dio pena con ella; y comprendí el peligro de mi boca en la casa familiar en Cuba; no importaría, según mis reflexiones, que yo aportara el mejor de los salarios de entrada en la casa si era el poseedor de boca y estómago capaces de engullir 4 panqués de un tiro; y me fui aquel día decidido a radicalizar mi lucha contra el sistema comunista, y en el peor de los casos caer preso, y quitarle a mi madre el trauma de mi estómago inconforme.

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