¿En cuáles de las facciones estuvo usted en los años previos y posteriores al fatídico 1959 en Cuba? Aunque me tocara nacer en 1960 asumo que unas de sus anunciaciones: Satiagaraya y Socks at Once, las del dejar hacer y/o no someterse/cuidarse del movimiento decisivo según juego de ajedrez, es la filosofía que a más de calar el filme “La ciudad perdida” de Andy García, preñó a muchos en una época feroz. En esta obra nada ni nadie escapa a la mirada crítica de su gestor. Esto es obra de futuro; aquí no hallé personajes perfectos. Ojalá fuera un adiós al maniqueímo en la cultura cubana.
Agua al dominó, premonitorio llanto lucumí(?) al fondo, gracejo, guatacas halando levitas al presidente, música, música denunciando una cultura barroca, machos, grupos de guapos ejecutando a la soldadezca sin previo aviso, danza inacabable, asesinos decidiendo sobre la vida de segundos y terceros; otra vez música, regodeo por entre laberintos culturales, pero sobre todo, recalcando las raíces africanas que debemos portar todos(?) los cubanos; eso, todo y más, sumados a una historia de amor y guerra civil, bien representativas de lo que realmente ocurrió antes y después de 1959, es el extraordinario filme del señor Andy García, “The Lost City”.
Por primera vez quizás, algo o alguien me explica en buena medida cómo debió ser aquella vida conservadora dentro de las familias acomodadas en la Cuba de mediados del siglo XX, hay un intento de llegar a los alcances de la novela ochocentista de Cirilo Villaverde “Cecilia Valdés”. A mí no me tocó vivir eso en las formas del relato fílmico. La paz y el sosiego, el amor filial, esos horarios estrictos de irse cada quien a escuchar peroratas al patriarca(1) a la hora de la cena, la matrona siempre atenta a los mínimos gestos de aquel, los regaños a los cuarentones tardos a los desayunos; el joven cabeza, repartiendo besos a todos y cada uno mientras los adultos corean las reglas de convivencia como si estuvieren en un kindergarten … Nada, que nací en 1960, con un padre que tenía que agenciárselas para dar de comer a sus varios hijos, huyendo todo el tiempo de las delaciones, de la chivata cederista; rompimiento abrupto de múltiples valores, donde si se quitaran de en medio hampones al estilo del Lansky norteamericano, nos endosaron el sometimiento perruno a embajadores y monsergas soviéticas. La metáfora, simbiosis o dualidad interpretativa a resultas de la autoría de bombas y terror, Lansky-Revolución, alude a los tiempos posteriores, a lo que han derivado esos movimientos sociales, sin la mística romántica que terminó para el mundo con ése 1959.
El filme es un recorrido por la música cubana, un acontecimiento en la psicología del señor García en su interrelación con el saxofón de Paquito de Rivera y la trompeta de Arturo Sandoval; estos ambos, escapados del horreur castro-comunista, han imbuido en el actor, un amor inmarcesible por esas razones culturales.
Aunque se apoya en técnicas trilladas del género, el traer a colasión música popular en el momento en que uno de los atacantes al Palacio Presidencial –historia cuasi a pulso— es perseguido para aniquilársele, es una escena magistral. Es cierto que el filme me trae cuestionamientos morales; no sé cuáles hechos visibles debiera acometer una tiranía para inducirme a mí a ejecutar soldados sin previo aviso, pero de cualquier manera ese acontecimiento se filmó con todos los pelos y señales en que debió ocurrir. Y otra vez, se escogen las canciones más caras del repertorio, para acentuar el elemento dramático, y hay que ser fuerte para no llorar de nostalgia, sabiendo que aquella Cuba aniquilada por los comunistas, jamás regresará en su version original.
El estudiantico, el único en la familia referida que se encara al patriarca, el mismo de los discursos de libertad, deviene en un ser aborrecible, ejecutor de crímenes por orden del infame Ernesto Ché Guevara, éste último interpretado por Joe/Jim García(2), quien merece el primero de los “Oscar” contra los cuales se tiró intencionalmente nuestro Andy. Jamás se llevó mejor a la pantalla a este Ché expresado con el cinismo y arrogancia que acusan sus fotos y testimonios sangrientos.
Es tristísima la escenificación de la chica ex de uno de los mártires procastristas: escogida para juguete del embajador soviético de turno; peor lo es aquella en que el fratricida miliciano, el mismo de los discursos marxistoides sobre la libertad, al regresar a los parajes campestres donde muriera su tío cuando él vino a darle la noticia del desalojo, ¡cuando él viniera en nombre de Fidel Castro, a expropiarle del trabajo de toda una vida! El paisaje, la música evocadora plañiendo hacia las entrañas del alma de todo cubano, es eso, dolor insomne, es oscuridad para el mediodía isleño; pero al asqueante fidelista le queda tiempo suficiente para descargarse una bala en la cavidad bucal, modo inteligente para no haber vivido hipotéticamente el desmadre degradante de su revolución en las puertas del siglo XXI.
Los ancianos batistianos que aún le quedan a Miami, tienen que estar echando chispas contra el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, guionista del filme; tienen que estar molestos con Andy García. En verdad que hay que tener valor para venir a la radio conservadora del Miami (WAQI), a promover un filme cuando conoce que específicamente esa emisora está plagada de radio-escuchas de aquel corte; pero esto es parte de la fascinación democrática que se niega en la Cuba de hoy. El actor que interpreta al presidente Batista, hace gala de sus facultades aunque incurre en el estereotipo; una escena solaz en piscina de lujo, él enajenado de la realidad, quizás contando no sé cuáles musarañas, el guataca interpretado por un excelente comediante, repulsivo rasero dándole sombrilla al trago, escoltando a un camarero, ¡la espera a que el presidente se dé cuenta de su presencia, sin lastimar el zumbido de aquellas las musarañas: es magistral!
El filme muestra todas las evoluciones comunistas aún y especialmente contra todas las formas de hacer arte; nunca antes disfruté la estética literaria del exiliado Cabrera Infante, pero ¡si el objetivo histórico de su divorcio del castrato, era redactar el proyecto de vida que acunaba Andy García; lo logró! Cabrera logró por fin decirle a mi espíritu que la propaganda ésa de sus cualidades cinéfilas, son ciertas. Andy García logra ese bosquejo de la Cuba que se fue irremisiblemente, de la culpa de todos en su pérdida, del llanto eterno que protagonizamos los cubanos para gozo de muchos, y su familia estará agradeciéndole esta su obra cumbre; en el personaje que interpreta, conservador de las tradiciones de familia, es el empresario emprendedor, capaz de re-comenzar desde cero lavando platos en el exilio norteamericano, aunque no nos quede perfectamente claro si cede a las invitaciones de apoyo económico del gánster Meyer Lansky para la reapertura del night club “Fico’s El Tropico-New York” que le arrebataran los comunistas en la Ciudad Perdida(3); y esta duda es neuralgis respecto de las cualidades del cubano promedio en hacerse o no de una independencia de futuro.
Napoleon03@gmail.com
NOTAS:
(1) ¡University Professor lecturing at home all the time!
(2) Horrible el tener que identificar su nombre en los créditos al final de la película. ¿Alguien sabe en cuál de los sitios web del filme lo mencionan?
(3) Como que Andy conoce todas las implicaciones, el uso y re-uso de títulos de este corte, pues no viene mal que lo utilizara; aunque esto complicó en buena medida las búsquedas internéticas que hube de hacer para familiarizarme con créditos del filme, etc. ¡¿De cuántas ciudades perdidas habla la leyenda, de cuántos cántaros, odaliscas, cervatillos, sirenas, “regresos a cientos de anillos” –el ultimo de los intentos lo manejan en el filme Inside Man–, de cuántos exilios sin regreso, cuántas Itacas peores de abordar que la del mítico Ulises ?!

