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Habana Blues. ¿Triunfan los mejores?

Habana Blues

La pregunta la responde uno de los protagonistas del filme “Habana Blues” del director andaluz Benito Zambrano. Es un relato ubicado en la capital de Cuba en los primeros años del siglo XXI. Ruy y Tito son dos músicos de los muchos que le abundan al Caribe, en especial a la isla de referencia. Ellos han de sobrevivir bajo los nuevos códigos impuestos por la economía de mercado, tráfico de influencias, empujones clásicos según la cultura del país, tratando de abrirle paso a los sueños de triunfo; ambos apoyados por la brega de una esposa para el primero, y una abuela para el segundo. Ante ellos en el transcurso de la trama aparece la oportunidad de escapar de la realidad asfixiante bajo contrato artístico y hacia España, y con ello se nos ofrecen los ingredientes primicios para este blues musical. Evidentemente, desde el principio uno ha de percatarse del movimiento logístico que se debió desplegar durante la filmación, las incontables locaciones, la combinación de las estructuras herrumbrosas del estado, con la iniciativa privada, la que acontece según las adaptaciones de individuos y grupos al capitalismo emergente, al auge trepidante del factor dólar. He tratado infructuosamente dilucidar entre los múltiples sitios web donde se promueve el producto, acerca de las incidencias del guión con respecto del gobierno. Es un filme dirigido al consumo externo. No sé hasta qué punto los términos del contrato o las intenciones de insertación en el mundo contemporáneo, hayan permitido que se exhibiera públicamente, o no. El guión expresa en boca de varios personajes sobre la miseria instituida, las pocas posibilidades de escapar de aquello, y con esto solamente el trabajo del señor Zambrano se diferencia de la retórica oficial de casi todos los filmes precedentes. ¿Se juega esta carta el aparato gubernamental, a modo de congraciarse con europa, cuando el tiempo no les deja nada que salvar sino el status de vida?
No hay modo de sacar a los personajes protagonistas del turismo sexual a que se deben según sus técnicas de abrirse paso, al traqueteo, a la relajación del todo, al establecimiento de un código lenguaje cada vez más ajeno a quienes lograron escapar de aquel horror no más allá de los años ´90. Están ocurriendo cambios quizás irreversibles, en la psicología e instintos de las nuevas generaciones. El lenguaje fálico está presente según el punto y coma que se necesita para consumo del turismo; según los mulatos sin camisas que venden los pasquines cibernéticos del filme, es la ley del falo enorme, su venta, su uso para cualesquier manifestación de enfado o acentuación de antojos expresivos.

El capitolio, a pesar de todas las leyendas en contra, hay que usársele de trasfondo, tal como a la abuela mencionada arriba, ella es un recurso para tratar de enlazar culturalmente a otras generaciones con las atrevidas propuestas estéticas que traen consigo los protagonistas. Sí, uno de los logros de la película es el traer a colasión cuanto género musical ha ido empujando hacia atrás a la salsa sempiterna, de la que se abusara en carnavales y retreta.

Para todos el drama de partir hacia algo, está presente en todas las escenas; y para ello se usa el paisaje de azotea que reiteran poetas de nuestros días, el drama de partir desde la retórica en desuso, tarareando arcaísmos al son de la burla o el sentido doble, tal como ocurre con la palabra “compañero”, llevada y traída en otros tiempos hacia horizontes inexistentes; como ocurre con el chiste de que “Cuba es un país bloqueado”, dándosele a los extranjeros participación en este regodeo, a modo de crear metáforas intelectivas, aunque para nadie escapa la sorna y el relajo con los códigos morales de otras épocas. La azotea es un personaje más; quizás sea una salida psicológica de la gente, que no pasó inadvertida en la redacción del guión; ¿pudiere ser entre otras razones, el que cada quien prefiera estarse en azotea cuando el edificio en cuestión decida desplomarse? Para acentuar el bufo se trae al personaje de la abuela, con visos de llevar anclados breves valores pre-revolucionarios, quien muestra estar hasta la coronilla de todo, harta de las alocusiones “compañera” que le suelta a boca de jarro el pionerito a quien imparte lecciones de música.

“Los gallegos son unos vampiros”. Es el modo en que se enfrenta el cubano promedio a las realidades de mercado, y el trabajo de Zambrano y compañía tiene que servir para que quienes se prestan entre sí el filme en La Habana, se saquen las pocas idealidades de otros tiempos. Allí se habla con certidumbre de las dificultades que tiene que atravezar una madre de Miami para pagar el tráfico, la huida de hija y nietas en lancha; muchos asumirían por fin que a Miami se viene a trabajar; mientras tanto la amenaza de desplome pende sobre el propio teatro donde los músicos pretenden lanzar un espectáculo. Ante la carencia de recursos, la posibilidad de aprovechar la última función probable en el edificio abandonado por el enjambre burocrático, hace su aparición otra clase social que tiene que tolerar el castrato, la compañía de homosexuales que regentan oportunidades, negocios y glamour turístico; esto es otra prueba de que con el filme se tenía la intención de reflejar realidades a pulso.

El ron hubo de hacer su rol tan a altura de la “máquina del tiempo”, un auto chevrolet de los años ´50 que hubo de ponerse en manos de los protagonistas para evitar los gastos de un relato por complicado, inverosímil. El ron sirve para agenciar voluntades y afianzar el localismo linguístico que amenaza futuras ventas del producto musical en el extranjero; el ron está presente en todos los actos, a pesar de la esposa del protagonista, para quien se hace cada vez más difícil allegar la comida que no sabe “forragear” el mulato carismático; el ron para el libertinaje sexual, para amenizar escándalos, fiestas, música, para que cada quien pueda huir de sí.

Todos los personajes de un modo u otro se ven abocados a la separación de allegados y afectos; es evidente que el escapar de la atmósfera enrarecida de La Habana es prioridad para los más, aunque el protagonista, a falta del ideal obsoleto que preña la cinematografía de la isla post ‘59, recurra a su pasión por la música para enfrentarle algo a la demanda capitalista que los explotaría a su arribo a España, según se evidenciara. A falta de un ideal socialista para salirle al paso a las patrañas foráneas, hubo que enamorar al Ruy de su música. ¡Qué clase de metáfora poética a estas alturas!

Ocurre cierto contraste con los actores noveles, escogidos entre personas desconocidas, y aquellos del teque oficialista, comunes a otros filmes y expectativas históricas. Es difícil determinar nombres de actores que quedan perdidos en la lista interminable de los participantes; de cualquier manera los noveles lograron hacer creíble la historia, no se puede menoscabar la actuación de los dos que la encabezan, aunque en sus proyecciones ocurra el fenómeno desideologizante que echarían en cara espectadores avesados.

¿Cuál fue el favor especial que hubo de pedir el proxeneta cultural a sotto voce a los amigos Ruy y Tito, para redondear demandas de los “gallegos”? ¿Esto tendría relación con el beso del Ruy al varón de la pareja de extranjeros, durante uno de los abordajes al omnipresente chevrolet? ¿A cuántas maromas entregarse para sobrevivir confusiones sociales, en el proceso de readaptaciones? La ambivalencia, la doble moral tiene que permanecer en la cultura del cubano en este trabajo para el cine, aún en la de un músico que permanece borracho todo el tiempo. En la puerta de la casa de éste ha de pender una foto del primero en el gobierno de Cuba, aunque bajo aquel techo se escuchen los insultos más fuertes contra su proyecto político. Aunque Miami “es un coño” y quienes regentan el mercado de música latina son otra de las abominaciones que se le echan en cara a esta ciudad de exiliados cubanos, también hay la pregunta a los insulares: “¿Qué se puede esperar de un país que prohibió a los Beatles?” ¿Es que desde este momento el parlante debía avisorar que los promotores del grupo musical, estarían interesados en sus declaraciones políticas fuera de la isla?

A pesar de que este filme tiene más justificaciones dramáticas que muchos otros en la historia del cine cubano, hay que agradecer que el voceo, las sobre actuaciones y el histerismo no se exploten en demasía. Los amantes de nuevas propuestas musicales en marcos específicos como el cubano, pudieran disfrutar este elemento. Debe ser cierta, por lo reiterada, la idea de que los triunfos artísticos no siempre van acompañados del talento, y sí de las oportunidades que se presentan; quizás por eso el riesgo de los contratos leoninos, ofrezca un margen de movimiento para unos y otros factores que pudieran elucubrar mejor el negocio tras analizar esta película. De cualquier manera, al antihéroe que decidió escapar hacia España a pesar de la truculencia del contrato, lo hacen cargar con la amenaza de denunciar ante las autoridades, los manejos ilegales de un burócrata partícipe, si se intentare sacársele a él de la operación escape. A pesar de ser el bravucón, el grosero, el que vive amargado con sus 28 años encerrado en la isla, ha de irse con el pedido mensual de “guanikiki” (dinero) que le hace la abuela. En líneas generales, el actor que lo interpreta, parece merecer el premio de actuación que se llevó su contraparte. A él se le ve partir, dejando esa Habana de la que se enamorara el director del filme, la de los charqueros de agua, los apagones, los ridículos carteles lumínicos agarrados a edificios en derrumbe, los opositores ignorados y la gente haciendo piruetas para sobrevivir.

Napoleon03@gmail.com

diciembre 28, 2007 - Posted by | Habana Blues

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