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La Leyenda del Rey

La Leyenda del Rey es más antigua, mucho más, que sus recreaciones cinematográficas. Sobran los hechos traducidos por nuestros antecesores arcanos. La epopeya del mesías, según relatos bíblicos, es quizás una de las más representativas. A un rey se le identifica por los derechos de sangre y/o las conquistas por la espada –de hecho, los merovingios, la primera dinastía de lo que hoy es Francia, conquistó ese espacio según méritos de guerra–; a un rey se le identifica con la Historia del Hombre desde la sacra antiguedad, es el eterno replanteo de las relaciones humanas, de la convivencia de los diferentes estratos sociales; de injusticia sí, y de ulteriores replanteos según filosofías morales y religiosas. La leyenda ha podido trascender diferentes etapas; fue enaltecida, recreada en la corte de Leonor de Aquitania (la madre de uno de los más célebres reyes, Ricardo Corazón de León), por toda suerte de juglares/trovadores para entretenimiento y validación cualesquiera fueren los intereses que lo promovieran cada vez. La leyenda del rey, en su tratamiento actual, pudiera ser un intento de anteponer el régimen unipersonal, frente a las diversas formas de asamblea que se han escogido los sistemas sociales contemporáneos, los que sugieren estilos democráticos según el común entender; la concentración de poderes en ciertos gobiernos de actualidad, acusan el hecho de que el tema de los reinados no son absolutamente asunto del pasado.

Llegó el séptimo arte bajo la cabalgata trepidante de nuevas formas de identificación popular. La industria del cine ha recreado en todos los modos posibles la mística del hombre frente al grupo; cuando proyectos sociales en contra probaron su ineficacia, la figura “ïncólume” del héroe devenido en presidente, gestor o capitán, sustituye la dinástica del apellido heredado; aún así ciertos intereses y nostalgias retrotraen al rey de siempre; entonces acude al criterio de todos el filme “En el nombre del Rey” (2007), bajo la dificultad de haber sido producido después de la Pauta en la Historia del Cine: “El Señor de los Anillos” (2001).

Mis contemporáneos pintan canas; muchos se sacaron de Cuba tan pronto pudieron escapar de la peor versión de reinado mal pensado por el hombre; para nadie hay más cuentos, es de entender que no existe la sociedad perfecta, pero aún para quienes están a la búsqueda de espacios solaces, la mística del rey jugando con todos los acertijos de la imaginación, pueden hallar estética en “En el nombre del Rey”, aún cuando su director no albergase pretensiones a premio alguno. Es notable la intensión de burlarse de los críticos a la espera de ser perdonado por los amantes del género espada, la inclusión del guerrero negro a quien no se le puede hallar acomodo en un relato “ario”, y peor cuando exhibe pelado y afeites al estilo del Harlem del 2008; muestra otra versión libérrima acerca de los reinados míticos que pudieron haber existido; en líneas generales importa poco esa intercalación forzada, tampoco exageraciones coreográficas con las escenas de acción, mientras rayan lo creíble aunque no alcancen la excelcitud de “Troya” (2003). Aquel héroe negro satisface a la par del protagónico, en sus evoluciones con la espada; ocurre una orgía para los amantes del género, insisto. A este último, Jason Statham, no le mediatizaron la imagen a que nos tiene acostumbrados con sus otras películas, con ninguna peluca de mal gusto; es el guerrero de futuro, es el atleta sin grandes interiorizaciones dramáticas.

No molesta se proyecten vistas panorámicas ni monstruos similares a los de “El Señor de los Anillos”, hasta tanto el director Uwe Boll logre sacar al espectador de la cotidianidad, de distraer. Otra vez regresa el héroe del anonimato en que estuviere sumido, a por los fueros sanguíneos y arte posible de su espada; y con su concurso se deshacen los planes maléficos de arrebatar el poder al rey padre; otra vez es el Padre quien recurre al Salvador en la figura del Hijo, asistidos por las amazonas, el infaltable concurso de las mujeres en la historia; y a peculiares personajes extraídos de otras culturas, como lo son los guerreros ninjas, quienes alcanzan una participación de tercer plano en la trama cargada de elementos. El morbo del amor, los intríngulis del regodeo apetecen con los diálogos de los amantes del proscenio, al nivel de la comunicación usual de nuestros días.

Es interesante haber traído al actor Burt Reynolds al rol de rey padre, quien sin los empujes histriónicos en sus otras películas, se acerca a la dignidad del personaje que arrojó Sean Connery interpretando al más famoso monarca, Arturo, en “El Primer Caballero”. El filme de Uwe Boll, supera a “El Señor de los Anillos” quizás, en la profusión de locaciones naturales de espectacular belleza; el mar juega su papel de fondo, una sugerencia insoslayable que vaticina mejor participación en segundas y terceras partes. A la actriz Kristanna Loken no le explotan sus cualidades como en “El Anillo de los Nibelungos” (2004). No existe un ser humano capaz de expresar la magia ninfa, según heredamos de la cultura greco-latina, como logra Leelee Sobieski; hay que apurarse con ella antes que el rostro le siga cambiando; su interpretación del personaje Muriella no supera lo que hizo en “Hércules” (2005); tampoco John Rhys-Davies mejora su actuación del Gimli en “El Señor …” o la del serial “Shogun” (1980). Cada actor en el trabajo de Uwe Boll merece comentarios aparte, cada escena-proposición para las producciones fílmicas del futuro, también. Espantoso el intento, el estilo que le impregnaron al personaje sobrino del rey. Los magos de este film quedaron muy por debajo de los del “Señor …”; Ray Liotta traduce este personaje a una concepción difícil de aceptar por ahora, aún se parece al mafioso de muchos filmes. Aceptable el trabajo de vestuario aunque las armaduras de los guerreros no convenzan en casos específicos, como ocurre con la del actor negro Brian J. White.

Hay que agradecer al director y a todo el equipo de producción las intenciones para la sana distracción que constituye “En el nombre del Rey”. Es imprescindible aletargarse tras el final; al rato se percata el buen espectador de que el relato le induce renovadas sensaciones, inacabablemente y más allá de la Historia de todos los Anillos.

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marzo 12, 2008 - Posted by | Leyenda del Rey

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