Letras y alternativas

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Che Guevara a horcajadas en una motocicleta: Robert Redford’s Production.

El izquierdismo no descansa. Ahora otro de los Hanoi, el Robert Redford que nunca cambió la despreciable libertad en Estados Unidos por los merengues moscovitas, se gastó el dinero para redibujar la imagen al mismo Che Guevara que ordenara fusilamientos en La Habana del ’59 sin más juicios que con los gestos de sus manos. La vanalidad del Redford no le permite sino financiar a cuanta cara masculina supone él a la altura de la que le propagandizó hollywood. Ocurre que cuando ya no queda de donde sacar argumentos para defender al comunismo fracasado, cuando los crímenes cometidos por esa facción siguen a flote tras cada paletada de tierra allá por eslavia, viene a producir este retoque del argentino. Por más que indagué, ninguno de los veedores de Diarios de motocicleta quiso adelantarme sobre las intenciones que recoge esta cinta en cada una de sus pulgadas. Se juntaron unos cuantos intereses en producir para cine un supuesto diario del monstruo que participó del experimento cubano, para ponerlo sobre una motocicleta y amigo atachado, a recorrer la América de sus 23 años, a repartir jucicios de argentino inteligente, entre toda la indiada que se toparían por el camino; fue un viaje para volvernos a hablar de los males capitalistas aunque el simpático hurto de los pomos de leche dejados por ese mundo en los portales caseros nos recuerde un elemento desaparecido de la faz cubana; el infierno que él contribuyó a fabricar en la isla, ni siquiera garantiza ese alimento pasado por agua, a niños más allá de los 7 años.

Este Guevara que nos reconstruye el otro Hanoi –recordar a la hija de la Jane Fonda–, es incapaz de mentir en la película, con su cara de ángel pretende subsistir para la saudade post desmerengue, se tira a la chica que le cae en manos, en el asiento trasero de un auto tan a la usanza pequeño burguesa de la generación Redford, como para acentuación de hombría y buscar taquilla.

Se hace un poco de justicia en cuanto a la perspectiva con que se enfoca al chileno promedio; éste, aunque se deja estafar por la jerga de los inteligentes, por lo menos se le observa capaz en cuanto a poseer negocio propio, e incluso se refleja a sus mujeres con recursos económicos para pagarse a sí mismas ratos solaces. No le faltan al filme el punto y coma de los guevones, ni la caca de aquellos que aspiran aún a un primer-mundismo, ni el humor peruano en calificarse así mismos de incas, y a los españoles de la conquista, de inca-paces.

Este mismo personaje que en Cuba decidió sobre vida y hacienda de cuánta madre fuera a suplicar vanamente por la libertad de sus hijos, el mismo que se desmerengó cuando le capturaran vivo, el mismo con cuyo rostro la izquierda vende pull-overs a diestra y siniestra, se da el lujo en la película de hacer reflexiones filosóficas, y ensaya una perspectiva humanística al practicar la profesión de médico de la que nunca se graduó.

El filme es una oportunidad muy fugaz de disfrutar de algo de la naturaleza suramericana. La vista del machu picchu es un regalo para los amantes de la tradición histórica, si quitamos al tercermundista de marras de la escena. Es agradable conocer aunque sea de corrida un poco de la geografía de la américa hispana.

mayo 16, 2008 - Posted by | Archivo/ARTICULOS

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