Letras y alternativas

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Ruinas de la desesperanza.

Tengo que clamar, qué horreur, y dejar que mi alma se reconforte como pueda, después de presenciar la primera sesión de ‘La Habana: Arte nuevo de hacer ruinas’, de los realizadores alemanes Florian Borchmeyer y Matthias Hentschler. Ellos de algún modo lograron filmar en una ciudad impactada por la 3ra Guerra Mundial, la vida de diversas personas que sobreviven entre ruinas. Ya recuerdo, en los breves años que me tocara vivir la capital cubana, aquellos los avisos de “salgan” que se le hacían a vecinos de edificios derruidos. Cómo irse a la promiscuidad de corral entre miles de almas hacinadas en albergues comunes ?

Ese documental te convencería de que los impuestos y el relajo vigueta de los políticos sur floridanos, no es lo peor de la creación humana. En aquel documental observas a un hotel Regina regentado por ratas, hambruna, seres a la espera del próximo pedazo de concreto, sacando cálculos sobre el área geográfica en que caería, si sobre tu cabeza durmiente; la chica hermosa que prefiriera escaparse de una vida solaz y controlada por la familia del ex, la chica con silueta de ninfa, pernoctando entre los horrores de la humedad. El peor de los locos que resultan entrevistados, es aquel que decidió vivir en las ruinas del teatro Campoamor, cultivando una de las artes marciales chinas, de cuyo nombre no podría acordarme; hambreado hasta en las sílabas que pronuncia hacia cámara, enunciando los mejores parlamentos del filme, a modo de que las autoridades no desearen sacarlo del lugar luego de presenciar la obra cubano-germana; el enajenado se dedica a barrer hacia las esquinas los desplomes de cada día, hasta él se da cuenta de la metáfora cultural que significa la convivencia –o connivencia ?– con las ruinas, los recuerdos de una época ida; la espera, la espera del todos con respecto de las ruinas, incluyendo el resto humano de quien retrogradara la isla a la dejadez. Hay también un escritor que se decide a llamar la realidad por su nombre, y menciona al Dictador en Jefe. Existen otras y otras vidas atrapadas en aquel horreur, cientos de vidas, millares pululando como ratas atrapadas; cada quien esperando porque el estado de cosas se resuelva, porque lleguen los dolaritos del pariente de Miami, porque algún desplome se llevare la maldición quizás, terminar bajo los escombros, o sobrevivir la desgracia a como dé lugar. Cada quien a la espera de que unos pocos hagan algo contra la sordidez del régimen. La espera en todas partes, la espera, la espera en todas partes.

Existe el criador de palomas que escapa todos los días junto a sus aves, a cualesquiera escenarios menos el asco en que está obligado a vivir, un talento handy man, un hombre que a todas luces sabe reparar cuanto equipo roto ponen ante sus sus ojos y sus manos, y el pobre diablo persiste en que funcione hasta el día del desplome final del edificio que comparte con cientos de almas; ni siquiera este hombre prodigio, puede hacer algo cuando la caca dice a salirse de los pisos superiores bajo los imperios de la fuerza de gravedad, es cuando los vecinos que viven debajo de tu apartamento maldicen la hora en que te trajeron al mundo, cuando a tu vez le gritas hasta alma-mía a la viejita de arriba, por la peste de su caca, cuando vestidita para ir a tu trabajo recibes el rocío mañanero de media tonelada de caca líquida.

Y la cámara se va más allá, con el pretexto de seguir a sus entrevistados, quienes deben contar sobre sus asuntos de amor, y quienes contínuamente tienen que regresar al tema de la desesperanza de sus vidas bajo el régimen castro-comunista. El escritor hace referencias al anciano asesino que se resiste a morir, que compite con las ruinas de La Habana, a ver quién termina en el suelo el próximo día, personaje que por falta de americanos que justificaren sus alharacas de “que viene el lobo”, necesita irse del mundo con el récord histórico de haber sido quien más daño dejare tras sí. Y filosofa, y filosofa el escritor, hasta el cansancio, tratando de mostrarnos su sapencia acerca de ruinas célebres.

La vida corre-caminos de quien fuera esposa del reparador de todo, no tiene nombre; la ves golpear los teléfonos públicos porque no funcionan, como no funciona nada en la malhadada isla de Cuba. Vive la miseria inapelable del reparto Alamar donde ni la hierba crece. Es interesante y muy representativa de los valores, una de las entradas que hace a la casa del cría pájaros; él ante las cámaras no se frena en exclamar el “llegó la loca” como referencia cotidiana, mientras ella, ignorándolo, se tira contra la cocina a tiempo de preguntar por el café que la alivie de las 70 cuadras recorridas.

Lo mejor y más esperanzador, viene en la figura del dinosaurio político –él mismo insiste en llamarse así–. Un anciano a quien el régimen le arrebatara al principio tierra y propiedades, y lo encarcelara por años. Su casona campestre está un poquito en mejor estado que el resto de La Habana. Su nieto se conforma con disfrutar un juego de nintendo de cuando Cristóbal Colón, en una computadora traída quizás por el propio descubridor. No hay síntomas de que la computadora cumpla cometidos internéticos, pero se nota que participa del compás de espera generalizado.

Y qué decir de la peluquera que en los preludios de su entrevista lanza el cabo de cigarro por sobre lo que queda de balcón mientras exclama inocentona el “ay, le habrá caído en la cabeza a alguien ?!”. Nada, el filme tiene la intención evidente de hacer desistir a todos, de soñar con una Cuba futura. A pesar de todas las reflexiones del escritor que atrajo a los alemanes del principio, él no se percata de que su filme pudo salir de Cuba, porque es política oficial del gobierno, el matar hasta lo que se pudiere soñar. Jamás Cuba regresará, jamás vibrará La Habana de una vez, porque hasta su arquitectura se hartó de tanta espera. Lo único que quedaría por hacer, es llevarse a su población a algún lugar, traer una flota de 600 aviones, y darle metralla por los cuatro costados y el centro, contratar cuanta compañía constructora quisiera ofrecer crédito a los futuros dueños de Cuba, y crear una ciudad quizás más bella que la que sugiere el final de la primera serie fílmica Matrix.

Napoleon03@gmail.com

mayo 16, 2008 - Posted by | Archivo/ARTICULOS

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