Letras y alternativas

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La Industria de la Apostasía(I)

Sobre la quinta columna en el exilio cubano

Es realmente fascinante el acto de vivir en libertad, y para los amantes de lo retrospectivo en el arte, la historia, las formas de vida que ha adoptado el hombre; para nosotros con el privilegio de acceder al futuro en todas sus sorprendentes facetas, venidos algunos de una mítica isla aherrojada en el pasado, no podemos menos que sentir pena porque hombres como Martí o Voltaire no disfrutaren de la revolución técnica y de derechos que hace personar al más simple en cientos de lugares de la tierra al mismo tiempo, en que el flujo de la información orbita a mejor velocidad que la luz.

Los cubanos somos un grupo social disperso en una diversidad física, cognoscitiva, abigarrados entre espacio y tiempo contrapuestos, atomizados mas allá de convenciones sociales. Acusados en nuestra pasión por una libertad irredenta, vulnerados en todas las formas equívocas al margen del Arca Común, hemos sido diezmados por una larga carrera política de más de 40 años, por los personalismos y agendas de retardación: todo eso y más cualesquiera concebible imaginería se pretenda para menoscabarnos; porque, son esos 40 y tantos años de desgaste en que no sólo tiranías se mediatizan, sino todo lo que en materia se produzca bajo el sol y sobre el suelo nómada.

Pero para quien debió vivir bajo el célibe arresto del alma en que se condena a cada cual con desgracia de nacer en la Cuba Castrista, claro que todo ésto y más sorprende en llegando a la libertad, libro de vida no superado por las bibliotecas con que la abulia invita para escape diario de la realidad asfixiante en la isla.

Fuera de aquel horror medieval al fin se puede observar todas las multiplicidades de la manifestación libérrima del hombre. Es un espectáculo que anonada siempre y cada día, inacabable éxtasis del espíritu en dejándolo hacer sin prescripciones de farsante dador añejado en el Poder de nuestra desidia.

Pero de entre todas las manifestaciones que se han tipificado en nuestro Exilio, no había modo de suponer que en contraposición a una llamada “industria del mal” –aquella que nos repiten cada mañana se forjó en el peculado bajo la bandera de nuestras idealidades–; el deshonor y la impudicia pudo hallar flagelo en una “industria de la apostasía”. Este el peor legado contra tantos años de asumir valores, de escuchar al pie de los símbolos nacionales cuánto han condenado los hombres el crimen de los apóstatas, es la apología de la indignidad sufragada por una democracia que fue rescatada de sucesivos despotismos, es el descaro de gastar el dinero de impuestos en la obra de disimular el crimen diario en una isla catapultada en la Edad Media.
La abyección que se encubre en el manto de denuncias de ladrones y prevaricadores locales en nuestro Exilio, amputa y echa lodo todos los días, en las venas abiertas de una patria que se desangra en la represión pretoriana. En sus fláccidos sueños apretujan sus posaderas sobre el anciano asesino, anhelosos de sentar cátedra y signar para que el futuro aceptare su condición de apóstatas en el sistema de valores humanos; pero por mucho que palean de esa arena, la sangre que chorrea de la isla reverbera como lava. Esa profesión prostituida por los tantos años de espera y frustración no puede ser justificada por sus condenas de los males que nos traemos la comunidad cubana en el Exilio; se sobran hombres que por motivos y razones diversas se acusan entre sí, de modo que no hay manera que en libertad la “cojioca” y la malversación queden vedadas al conocimiento público. Los mecanismos propios de la democracia preveen, publicitan y cobran en modos inapelables la engañifa pública; así que no hay posibilidades de que el contubernio con el crimen consuetudinario en Cuba, se pueda seguir disimulando erigiéndose esos homosexuales políticos en veladores y salvaguarda del bolsillo de los de abajo.

Hay una tercera opción que habría de proponérseles –ya que los más no los queremos de “celadores” de nuestros bolsillos– … que existe un tercer modo de vivir, más allá de robar o apostatar para hacer dinero; existe la ataraxia del decoro, la oportunidad de trabajar y vivir ausentes del relajo a que otros pueden; la oportunidad de regalarse uno con lo que ofrece la inefable libertad; que más allá de vivir sin decoro, existe una forma de sobrevivir sin livar de tiranos a cuenta de la envidia contra ladrones a riesgo.

Contra ustedes, turba de libélulas, existe una juventud exenta de peculados y raterismos de ese corte, quienes sin compromisos con el pasado ni cargos políticos a qué responder en el presente, no les validarán su artera execración, ni sus sueños incontinentes con el barbado malnacido apegado al sur de vuestras espaldas.

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junio 28, 2008 - Posted by | Apostasía e industria (1)

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