Letras y alternativas

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Maledetto

Mi generación vivió fascinada con los filmes de hollywood; yo mismo hube de usarlos de antídoto contra las marchas multitudinarias convocadas por el régimen castrista, los CDR, las delaciones, el que mi padre debiera escapar por la tapia del patio, el sotto voce, el miedo inconmensurable, el no poder oir a Julio Iglesias so pena de ser arrestado; el aguantar dos canales de tv con la dinastía castro por un lado y la pléyade rodríguez-milanés cantándoles loas por el otro.

Acá, en los predios de una norteamérica que me prestó refugio posterior a una prisión política en lo que se supone mi patria, debí cuestionar los métodos de hollywood para que permaneciera en mis preferencias. De europa y el resto del mundo me llegan a diario otras múltiples formas de hacer el séptimo arte, y no he podido menos que ubicarme en un punto medio; que los métodos arcaicos para captar atenciones y hacer el toma y daca con la vida real, a la par de dinero, induce a todas las partes del hecho artístico, a renovarse todos los días.

Transito por unos 48 años que se resisten a envejecer; no sé cuántas serían las formas de convertirlo en hecho. La generaciones que vienen tras la mía, arrasan, como lo hicimos a nuestra vez. La Habana se debate en transformaciones que diez años atrás hubieran sido imposibles de prever. Allá los jóvenes han encontrado muchas nuevas técnicas de combate contra un régimen camaleónico, y desde acá nos resentimos algunos de ello; por qué no se escoje el método frontal y se les soporta prisión política como aún emplean las personas mayores; no, nadie puede decirle a las generaciones jóvenes cómo hacer la vida.

Acá en los Estados Unidos pude observar de cerca cómo la asumen muchachos en sus 14-20 años. El cine penetra en las casas mejor que nunca, hay una transmutación estética, las “scary movies” hacen su agosto perenne, es tema que abarrota estantes de videos-dvd; conozco del comportamiento de jóvenes que tratan de imitar esa psicología que a través del cine se les antoja a guionistas, camarógrafos, estilistas gays, malintencionados, etc. Por suerte para los cinéfilos, el arte y el futuro de la humanidad, existe el resto del mundo que le compite a hollywood el bolsillo del público. Hace breves días disfruté “Wolfhound”, que se anuncia como el primer filme eslavo de no recuerdo qué cosa, y lo compré con todos los temores propios de haber perdido inmisericordemente mis 5 dólares –el dicho anuncio aquel no lo hallo ya en ninguna parte–; es fascinante ver con qué fuerza viene Rusia por un lugar en el negocio de los filmes dvd. “Wolfhound”, con menos recursos que “El Señor de los Anillos” –el mejor filme de todos los tiempos en mi opinión–, compite en buena lid con lo mejor que se va realizando. Ahora tuvo que venir de labios de una de mis sobrinas, la tentación de comprar un filme que abarrota cuanto periódico hojeo, anuncios callejeros, televisión, mercado de alimentos … Lo que provocaría en mí reacción inversa, la de rechazo. “Twilight” es el tema llevado y traído sobre los vampiros que induce a mucha generación joven a comportarse como tal, para la procreación de niños cuasi mutantes que comen hamburguesas mc donalds sin apenas mirar a la cara de los padres, descoloridos, faltos de sol y ejercicios físicos.

Twilight, o Crepúsculo, es mi encuentro con nuevas formas de interpretar la palabra que empecé a entender según el filme “Twilight Samurai”; el Hiroyuki Sanada que conformara mis gustos estéticos de otros tiempos, de siempre. Si es cierto lo que dijera uno de los críticos que a coto cerrado son admitidos por sitios webs para cubanos, según el abuso contra las premisas “grants” tan populares hoy día, si fuera cierto que el hollywood real es una ciudad desierta, donde se observan inmensos edificios cercados por garitas y fuerzas de seguridad, enormes edificios rodeados por el sol inclemente y un tráfico de automóviles a falta de caminantes –afirmación en la que creo sin salirme del estado de la Florida–, también lo es que este filme de la directora Catherine Hardwicke es un trabajo de siglo XXI, el punto medio para acercar a los amantes de géneros diversos, para conquistar a quienes nos asqueamos de ver sangre y escenas repulsivas, sin abandonar a los fieles que siguieron al género y sus ascos, por decenas de años. Aquí, como siempre, todos los actores son bellos, o con intenciones de serlo. Escogieron al protagonista de rostro gay más recalcitrante que se pudo hallar, al tiempo de insuflarle la salvaje rebeldía del muchacho que se niega a ordenar su habitación de dormir; otra vez el masculino más atractivo que la fémina designada, aunque ésta acuse todos los rasgos dubitativos que hicieron triunfar a la Sigourney Weaver de los reiterativos “Alliens”.

“Twilight” es un filme de futuro; es una proposición de abordaje diferente para el morbo “scary” de las chicas que salen despavoridas hacia sus autos en los parqueos, creyendo ver un psyco, un maledetto maldito en cada hombre que la mira; sí, se gozan en la contemplación de todos los horrores de hollywood y pantalla, para luego correr despavoridas por cuánta área de parqueo transcurren. Ojalá que europa, y España más que todos, se asusten y dejen de etiquetar a USA como el país de los filmes estúpidos, ojalá que ocurran cambios para beneplácito de cinéfilos de mi envergadura.

napoleon03.wordpress.com

abril 8, 2009 - Posted by | Archivo/ARTICULOS

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