Letras y alternativas

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La balada del soldado.

Unos de los días que pertenecieron a la década de 1960, fue escogido para que a los cines de Camagüey, en Cuba, arribara uno de los filmes que ameritaban acicalar en la mente de los que quedamos encerrados en la isla después del portazo de la revolución castro-soviética. El cerco a que me sometió el poder amparado en las fuerzas de la izquierda internacional, fue horrísono. Por un lado la delatora de cuadra, por el otro el maestro induciéndome a registrar las jabas que allegaba mi padre a la casa, y más allá, en el habitáculo de mis escapes emocionales e intelectivos, en el cine, pues toda la candanga ideológica que pudiera defecarse allende el “paraíso proletario” de los eslavos.

A la distancia de 50 años, después de haber escapado del paraíso que me esperaba al nacer, cuando Cuba ha pasado de mano en mano según el antojo para la estadía dinástica y sucesivas metrópolis, cuando no pudieren haber los modos de regresar al espantajo ilusorio para el vasallaje pro-soviético, me tocaron las oportunidades de escogerme a voluntad qué hacer con mis distracciones y ocupaciones estéticas. Por entre los laberintos de una biblioteca cinematográfica, en lares de un mundo que se proponían enterrar aquellos los de la tomadura de pelo sugerida arriba, navega a la disposición de cualquier hijo de vecino, el filme “La balada del soldado” (1959), producido por aquellos que fueron imperio.

A la distancia de peligros de otra era, por fin existe la oportunidad de presenciar este filme con la calma y los alertas vivenciales que trae consigo. Definitivamente el director y todo el andamiaje sucesivo, trataron por todos los modos de insuflar el caso a los modos legendarios del género balada; sí, es un canto al amor en tiempos crueles de una 2da Guerra Mundial; un joven soldado devenido héroe por causa de las eventualidades, a punto de ser condecorado, clama le cambien el premio, por la oportunidad de ir a ver a su madre por un día. Esta es una oportunidad para decirle al espectador que no todo se circunscribe a debatirse el ser humano a por las proezas y fidelidades al estado político, que existe el amor de familia que nos posponía cada discurso oficial en Cuba. Hace falta sacar reflexiones de cada escena que nos propuso el director Grigori Chukhrai. Ocurren en el trayecto a la casa materna, toda suerte de incidencias que ennoblecen al personaje protagónico, todo lo que atenta contra el tiempo límite que se le concediera para ver a la madre. Sobrecogen de forma expedita, las miserias humanas, de espíritu y cuerpo, que transcurren durante el filme, como cuando a continuación de un desprendimiento indescriptible tras el bombardeo al tren donde se transporta, cualquier auxiliador que arriba al lente de cámara, lo trata de inservible por la modorra que acusan sus movimientos. La línea divisoria entre profetas y viles, es débil y estrecha, depende de muchas circunstancias.

El blanco y negro insufla un dramatismo crucial para la visualización de los hechos que se narran. El actor protagonista transmite la candidez juvenil que amerita el personaje de la hermosa muchacha que inopinadamente le acompaña en el trayecto. Excelentes los conductos que trae consigo el amor sin parlamentos innecesarios.

Es curioso observar, a la altura de los 50 años mencionados, muchas similitudes con dramas de actualidad, tratar de intuir lo que puede sentir un ser humano que anhela le regresen al hijo amado atrapado por una guerra en la lejanía; si una vez eran necesarias las bromas sobre mujeres envueltas en trapos oscuros, terraplén, ventiscas, y esperas –a modo de desacralizar el mensaje continuado con que aún se acosa al cubano–, lo cierto es que los horrores de la guerra no los merece pueblo alguno; máxime cuando se pueden constatar casas y calles evocadoras del alma popular, tan en la misma medida de cualquiera de otros filmes que sobre el tema, hablan de otras culturas y aconteceres. Nadie prorrumpe en cánticos ni loas al comunismo en el filme, al menos el mensaje lo dosifican y/o disimulan todo lo posible; las amas de casa que rodean al soldado en el momento culminante, todas dedicadas a labores del campo por falta de hombres, claman por la suerte de sus propios hijos y amantes. Esta es la razón de vida que a veces se nos escapa tratando de entender qué quiere Dios de nosotros, y el culto que en ofrendándole a aquella, agrada a éste, al ser interior que nos habita.

napoleon03.wordpress.com

mayo 30, 2009 - Posted by | Archivo/ARTICULOS

1 comentario »

  1. Incluyo tu blog en mi lista de Blogs Sobre Cuba
    Saludos,
    Al Godar

    Comentario por algodar | agosto 2, 2009


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