Letras y alternativas

https://napoleon03.wordpress.com/

Cuba es Toña la Negra por estos días.

Cuba es Toña la Negra por estos días.

Por NAPOLEÓN LIZARDO

“Nos hicieron creer que el pasado cultural era informe y cursi; no nos hablaron de los ángeles”

Las hordas castro cubanas me negaron la oportunidad de conocer a Toña la Negra; me obligaron a nacer en una cuadra plagada de chivatos y entes susurrando al estilo de los ventiladores rusos. De pequeño caía en éxtasis oyendo de mis tíos más recalcitrantes, relatos de la Cuba que se había ido -creíamos entonces- de forma momentánea. No hubo rincón de la casa de mi abuela paterna, en que yo no husmeara a la búsqueda de libros viejos, discos de mi padre, de su época trovadoresca; recuerdo que una vez me empeñé en abrir huecos en el patio desoyendo a la vieja gruñona, porque según mis cálculos, y aquellos los afanes que luego me convirtieron en historiador universitario, “algo debía conservar el subsuelo de aquellos hp que se solazaron en el capitalismo de Batista, sin permitirme nacer antes del fatídico ‘59″; que sí, que con mis 9 años y mis lecturas de Víctor Hugo, me las traía en “desafecciones a la corona”. Mi padre trasegaba sin descanso, y al pasar por mi lado, con todo género de jabas sospechosas, se complacía en saber que uno de sus vástagos tenía acercamientos con su madre de carácter difícil. Un día desenterré una botella de coca cola y le dí el brillo que pudo gozar en la década de los cincuenta. Fue un jolgorio mayúsculo.

Fueron interminables las tardes en aquella casa que olía a contrarrevolución por los cuatros costados; hasta el radio se me antojaba cómplice de las conversaciones recalcitrantes. “Tío, tío, sigue, no pares, cuenta más; y cómo hacían al ir a comprar la carne a la casilla?”. Y me re-acomodaba en uno de aquellos taburetes donde se debió sentar la familia paterna en la era en que Cuba era libre, al tiempo que acariciaba el cuero y la madera, y le oía repetir al tío el cuento por “quinisienta” ocasión, sabiendo por adelantado, que me diría que siempre había carne, que el carnicero con mucho gusto les fiaba porque conocía la honradez de la familia, etc, y me imaginaba ante uno de aquellos “beefsteaks”, y me cagaba en la madre de los comunistas, para que tío gozara. No existía nadie que supiera decir la palabra “buenno”, como mi abuela Natividad Gómez, cuando le preguntaba por la calidad de algo. No se me olvida que por ella conocí el dulce parecido a la natilla, pero de la marca quaker -aún no había desaparecido de las bodegas-; aunque costaran más de 40 años el enterarme que ella se comportó mal con los muchachos de su hijo prisionero político, hoy felizmente en Miami.

¿Cuántas veces me hablaron a sotto voce de una mítica Toña la Negra que cantaba como los ángeles? ¿Por qué me la imaginaba con un trapo en la cabeza y muy prieta, entonando africanismos? Hace apenas un mes que por accidente la escuché por primera vez, en youtube.com, y quedé enamorado de su voz -me tendría que perdonar mi ídolo Maggie Carlés por serle infiel en estos días-. ¿Quién dijo que Toña era mexicana? Hoy me abalancé sobre el último de los cd que le quedaba a la tienda Ricky Records de Palm Avenue y la 40 calle de Hialeah, y, chitón, no le digais al cederista de la cuadra, tengo en mi auto 20 canciones de aquella estrella, para complacer mis sentidos al estilo libre de quien se goza en haber escapado de las fauces castro cubanas.

napoleon03.wordpress.com

octubre 26, 2009 - Posted by | Archivo/ARTICULOS

Aún no hay comentarios.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: