Letras y alternativas

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Orestico está aquí; aquí está Orestes, mi padre.

Orestico está aquí; aquí está Orestes, mi padre.


¿Cómo podría redactar una carta que fuere otro imperecedero homenaje a mi padre? Tú estás aquí papi, en estos días que corren; te siento respirar sobre mis hombros, agradecido de llevarte conmigo donde quiera que parto. Alguien breves días atrás confirmó el hecho de que ustedes, los que partieron a un descanso momentáneo, permanecen aquí si dejaron a alguien que los quisiera como dice mi alma. Te habría dicho en un poema que mencioné a una de tus nietas amantes: “Habitas aquí, caballero de honra y abolengo, caballero de batallas y decencia, caballero que dejara reguero de afecto …”; pero héme redactando en carta mis experiencias y pleitesía a tu amor de padre y al mi’jo que me endilgabas mientras caminábamos en pos de “forrageo” en las madrugadas avileñas. Papi, sé que te fuiste en aquel viaje, orgulloso de mí, y ésa es la égida que mantiene alerta mis sentidos. Hubo alguien entrañable en mi vida, que me observó enjugar tus lágrimas una vez, cuando intentaste flaquear al observar al más joven de tus hijos varones, vestido de un solo color. Mima me lo dijo, que le hablaste de mí orgulloso, y me sostiene tu alma en medio de un mundo las más de las veces puerco.

Papi, yo creí que habitabas en mí, hasta que ví a Orestico, el mayor de tus nietos a quien aventajo en sólo 10 años. ¿De qué está hecha esta familia villareña que me enviaste al sur de la Florida? ¿Por qué tanto afecto si nos criamos la mayor parte del tiempo separados? Te siento en las inflexiones de la voz de Orestico, en sus ojos, en su trato afable, en los besos que me ha entregado y en la forma en que tú lo hacías. Papi, tu conoces mi llanto porque te quiero aquí conmigo, porque tus canciones en ése cd del alma que escucho en mi auto, nunca te dejará ir. Papi, ¿aún estás conciente del amor y orgullo que inspiras en mí? De niño recuerdo haberle manifestado a mima muchas veces, que no me habría concebido como hijo de otro padre que no fueras tú; aunque a veces me pareció sentir celos en la voz de la isleña que traicionaste 700 veces.

Orestico eres tú, no me engañas. No se puede entender de otra manera el afecto con que habla de ti ése muchacho. Regresa a la vista de todos aquel trovador y gallero, fabulador y “amiguero” de una vez y siempre. ¿Por qué de mí siempre le hablaron en la familia? Dice, papi, dice que todos alrededor siempre le hablaron de mí; ¡pero si el hombre de los carismas inagotables siempre fuiste tú! ¿¡Qué no hiciste en ésa Santa Clara para quedar para siempre en el alma de su pueblo!? Papi, este muchacho me habla hasta de Julito, el hijo que genéticamente no fue tuyo, y su llanto en el cementerio donde dejamos a mis 17 años al ángel de mi hermano que estos villareños veneran. Orestico eres tú con tus mil cuentos, aunque no llegare a cantor y guitarrista; dice no obstante, que apenas le viste rasgar guitarrita, le hablaste de cuerdas, le hablaste de aliento.

Papi, dejaste un reguero de nietos que no lo puede brincar un chivo o cabra montañesa; dejaste mejor tu espíritu que transita entre nosotros; dejaste al más joven de tus varones, confiado en que te volverá a ver, porque ya te está viendo.

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diciembre 6, 2009 - Posted by | Archivo/ARTICULOS

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