Letras y alternativas

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La magia de la letra impresa

La magia de la letra impresa

Son 4 los factores trascendentales para la difusión del pensamiento. 1- Papiro en la antiguedad. 2- Imprenta durante el Renacimiento. 3- Enciclopedia durante la Ilustración. 4- Internet en la actualidad.

Las remembranzas suelen acudir en las circunstancias más disímiles. Recuerdo mi primera edad, Kindergarten, Camagüey, 1965; quizás en el propio mes de septiembre, una maestra de provincia, amantísima en el arte de enseñar; ella pues solía poner en las mesitas de los estudiantes, una cuartilla de papel y un lápiz amarillo que estrenábamos; éste despedía un entrañable aroma de árboles recién cortados. La hoja tampoco escapaba del estudio de cada cual. Ella, la maestra, nos pedía escribiéramos, dibujáramos lo que nos pareciera, mientras se concentraba en revisarnos alguna tarea realizada. Eran los años románticos que aún le quedaban a Cuba antes de que el castrismo lo emponzoñase todo; todavía me faltarían 2-3 años antes de escuchar la prédica aquella de vigilar a mis padres, especialmente qué dialogaba el masculino de ellos; que no dejara de comentar con la maestra del 4to-5to grados (?!) si lo viera a él trasegar con jabas raras, palabras sospechosas  -estoy-harto, lanchas, barbas, comida-; antes de que me tocase odiar a quienes me inducían a denunciar a mi padre, pues de ese  ’65, no puedo olvidar cuánto me marcó la susodicha hoja de papel blanco, virgen y pulcra, con sus olores que definieron el curso de mis intereses intelectuales.

Pues me ha tocado enrrumbar el mundo de la letra impresa –que nunca he podido vivir aquello de números y aritmética–; la magia inefable, siempre ella en su devenir, de todo en cuanto a libro, narrativa, cualquier hecho de historiar, el ir y venir de personajes; siempre y a cualquier hora, la palabra impresa sobre papel, madera, plástico, pantalla de cine, tv, y ahora, la majestad que como mesías por largo tiempo esperado, cual sueño de Gilgamesh; permisión de Dios al hombre: el internet y el fin de todos los oscurantismos que le quedaban al mundo. Los afganos aún viven la cosa de estepa y la leche de yegua bebida apenas de tetas; y para asentarse en el contexto de sobrevivir, a aquellas regiones la tecnifican a marchas forzadas; el castrismo ha debido pernoctar con el boomerang de boomerangs, lo sabe, no hay asunto peor que temer, pero no les queda remedio. Así que no pasa día sin que le entre INFORMACION a Cuba por los cuatro costados de esta magia de la letra impresa en caracteres electrónicos.

El castrato ha ensayado con el pueblo todo tipo de antojos morbosos. De entre el millar de modalidades para atentar contra el espíritu, ocurre aquello de los intelectuales autorizados a menoscabar lo que fuera el sacro imperio de la expresión escrita; desde 1959, las libélulas vendidas al crimen, martillaron la mañana de quienes por mucho que odiáramos el régimen, nos apegábamos al estanquillo del periódico de cada día. No se me olvida del abuso continuado a tantas páginas que Castro les autoriza/ba emborronar, aquellas que intitularan “Caimán Barbudo”; caramba, la ovejuna reverencia desde el principio hasta en las complicadas evoluciones del idioma a que se daban y dan los Suardías, los Roberto José Méndez, Luis Alvares –a quien el régimen congratuló con viajecitos al México prohibido para el resto, y un auto del arcaísmo ruso-; porque es lo cierto que el material teórico que han entramado para justificar lo que le hacen a Cuba, es de una rigurosidad desconocida por maestras y oficinistas del Miami o Madrid, que a fuerza de voluntad personal tratan de hacer uso del acceso común a las artes de la expresión escrita. Por todo eso y más, el último de los poemas escrito por la anciana nostálgica, cualquier carta que nos escribamos por vía internética, aún en sus gazapos y/o faltas ortográficas, en sus infelices inflexiones sintácticas, etc, es algo que nos es dado según  libre expresión del cada quien sin cortapisas o censuras de Estados. El peor de los poemas escrito bajo plena autonomía de su autor, no es más que una manifestación del sacro uso de nuestras libertades, luego de escapar del horror controla-lo-todo en que está sumida Cuba; por eso el rigor de estilo de un Vitier u otro de los UNEAC, siendo el baldón vergonzante, apoyatura de tiranos, honra a cada quien que sabiendo ser expresión de sí, no esté disponible al alquiler.

Arribé al exilio en 03.30.95. Pronto entendí que podría producir mis propios libros con el resultado monetario de una semana de trabajo, que mi acceso al parnasso de los elegidos, de los publicitados, ya no se resumiría en plegarme o no a la voluntad de una tiranía. La tentación de hacerlo, de ver mi nombre en el estante de una librería; los llamados, esos los rugidos indescriptibles que la magia de la letra impresa siempre me ejercieran, son algo descomunal. De Cuba alguien pudo sacar a escondidas los textos que por años tuviera escondidos;  con amigos inidentificados, textos de la década ’90 de combatir al régimen como célula aislada –de modo que cabría sólo limpiar a 2-3 de mis ensayos de la nata linguística que le insuflara por razones de seguridad, y ya el primero de mis libros podría aprestarse en un par de semanas–; pero en el entretanto hago con mis veleidades lo que me complazca, alterno todos los días con cientos de cubanos que Castro ha lanzado a la diáspora en los cuatro puntos cardinales de la tierra. He conocido por este camino de varios filos, que lo es el internet, a muchos autores cubanos de valía, cosa que no se logró con las obras que ellos pudieron publicar dentro y/o fuera de Cuba. Mi nombre, aunque un francés ya me  lo hiciera famoso siglos atrás, no lo he llevado a más cimas que la del amor y complacencia de ser LIBRE todos los días. Nos compartimos artículos, poemas, cartas y anécdotas que ninguna UNEAC puede censurar; todos los días nuestra literatura le da la vuelta al globo terráqueo –y es de sospechar que más allá, porque esta gracia no puede venir de nadie menos que de Dios–; a muchos no nos cuesta un centavo, sino redactar mientras el programa de TV favorito no deja de funcionar en el entretanto, y hasta podemos darnos el gusto de enviarlos por correo electrónico a cuanto funcionario de la “intelectualidad” le han autorizado tener dirección de email en Cuba; entonces, ¿no es inmenso el placer de vivir que nos estamos dando, aún cuando vivamos desterrados? ¿Cuál es la intención primaria de este artículo, si no es la de rendir tributo a la magia que en 1440 iniciara mi antepasado alemán, Gutenberg? Así pues, que para cada quien que por el mundo decida leerme aquí, incluso para el funcionario dentro de Cuba que se atreva a hacerlo, quiero le llegue este homenaje en extensión.

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Hialeah, 03.18.2002
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enero 31, 2011 - Posted by | La magia de la letra impresa. | , , , , , ,

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