Letras y alternativas

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¿Se aceptan o no se aceptan chacachacas?

¿Se aceptan o no se aceptan chacachacas?

¡No se callan! Se busca una mudaaa.

Si la donna a la cual acompañas a una de las tiendas lujosas de un mall en el sur de la Florida, la inducen a “aplicar” por otra tarjeta de crédito, si la empleada que les atiende, no para de “jablar”, como dirían en el sur de España; si el chacachaca del parloteo no te deja ni pensar, halla un asiento fuera de la tienda, y deja que la donna compre a su antojo lo que le venga en ganas; no la atormentes con el machismo heredado de tu tierra al “sur de sures”. Eso hice en el día de ayer, al punto de proponernos un cartel enganchado al cuello donde se leyere: “Se aceptan chacachacas”, o “No se aceptan chacachacas”; aunque nos acusen a los hombres de tener el cerebro al sur de nuestras regiones corpóreas, por lo menos somos inhábiles para el chacachaca; miénteme la madre, dame una patada, insúltame, pero no me tortures con chacachacas.

Uno de los personajes célebres creados por la imaginación del escritor Julio Verne, prefirió darle la vuelta al mundo, antes que soportar el chacachaca de un cobrador de impuestos que insistía en el pago por cruzar un puente, que llevaría al eminente ricachón a su destino, en 5 minutos y por 5 centavos quizás. Ese personaje soy yo. “Poner tierra de por medio”, es una de las metáforas aprendidas días atrás, y quien me la propinó fue un ser a quien cargaba en mis robustos brazos mientras aletargara sus sueños infantes y gozo filial, con mi repetidera y reclamos de ciertos 4 Betitos, que merecería en mis mejillas. Poner tierra de por medio funciona para todo y en cualesquier momentos de abulia o emergencia. ¿Alejarme del chacachaca con el pretexto de ir al baño? Ese siempre ha sido uno de mis mejores recursos de escape. Así me conduje en prisión política, lecturas de inmejorables libros, mientras las discusiones y chacachacas entre reclusos pulularan; mis libros, los que no abruman con parloteos innecesarios, fueron esa tierra de por medio a que aludo; la que sirve cuando quieres salirte de una relación no fructífera, cuando quieres vacacionar diferente y en grande, cuando tus argumentos ya dejan de escucharse durante una discusión infértil, cuando llegas a casa de tu hermana con una sonrisa de oreja a oreja, y te recibe huraña cual anacoreta.

Usted podría alcanzar a  ver, a su paso por la ciudad de Hialeah, a uno de sus hijos, con cartel al cuello: “No se aceptan chacachacas”; si usted se vino de su país de origen, y no encuentra a nadie con quien pasarse pelotas de beisbol de guante a  guante; si usted vive sola en aras de cuidar, tremebunda, su privacidad y sus oídos, pues llame al 1-800-No-Se-Aceptan-Chacachacas, y le vendo un cartel. Por ahora no pierda el tiempo en hallarle otras traducciones al mensaje, y aproveche, que los carteles están en especial; en otras circunstancias se invertiría la idea, la que usted, rauda, compraría: “Se aceptan chacachacas”.

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febrero 20, 2011 - Posted by | Archivo/ARTICULOS

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