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¿Lucho Gatica odiaba a los cubanos exiliados?

Miércoles 21, Noviembre 2007

Lucho Gatica: “El bolero es todo”

Por: Marcelo Mellado
Fuente: El Mercurio

Lucho Gatica, quizás el mas grande intéprete de boleros de todos los tiempos

Distinguido la semana pasada con un Grammy a la trayectoria, el más famoso cantante chileno vivo, Lucho Gatica, comenta, en un diálogo bastante animado, los avatares de su carrera artística, la impronta del bolero en Latinoamérica y algunos de sus encuentros con figuras tan famosas y variadas como la actriz Ava Gardner, el escritor Mario Vargas Llosa y Agustín Lara.
Pudimos hablar con él gracias a que se fracturó un hombro en Chile. La recuperación se hizo larga y en esa espera lo abordé. Lo pasé a buscar al hall de un edificio de la zona oriente del triste Santiago; después me llevó a una panadería fina, donde también se servía buen café. Y justo en el barrio en que vive la Presidenta; creo que ahí se sintió protegido, y ahí platicamos.
No me pareció calculador, como las generaciones que tenemos que padecer, incluida la de uno. Hay una especie de ingenuidad o candor que tal vez tenga tintes de astucia, pero que sobrecoge. Modos antiguos, como la sencillez y la simpleza, van construyendo un personaje especial, que no alcanza a ser freak. Me dio la sensación de una persona que siempre fue frágil, que debe ser fácil hacerlo sufrir, y me recordó una expresión que usa mi madre: “Tiene calidad humana”.
-¿Cómo anda la vida, don Lucho?
“Bien, pasando los últimos días que me quedan en Chile. Ya me regreso a México, si Dios quiere, después de estar más de tres meses aquí”.
-¿Siente que ha sido reconocido en Chile?
“Sí”, dice con mucha seguridad. “No puedo quejarme, me han dado dos premios este año, y aparte de eso he tenido varias medallas de la ciudad donde yo nací, Rancagua. Soy hijo ilustre y aparte me dieron la orden de Santa Cruz de Triana. He tenido cosas muy significativas. Y yo creo que Chile no me debe nada.
Vargas Llosa y Almodóvar
Los tópicos eran muchos, y había que optar por algún derrotero. La idea era no distanciarnos del tema del bolero o de la vida vivida como tal. La animada plática reconoció un camino sin desvíos; el bolero es una gran guía de nombres, más o menos clasificados, de cantantes y compositores -todos amigos de Lucho-, y de anécdotas en que él es el protagonista o comparte el estrellato con alguien que fue muy cercano a él.
Desfilan en el recordatorio Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, Javier Solís, Roberto Cantoral, César Portillo de la Luz, Bobby Capó, Benito de Jesús, sin dejar de mencionar a los chilenos Antonio Prieto y Luis de Castro, Sonia y Myriam, Palmenia Pizarro, Mona Bell y el sanantonino Rosamel Araya. Todos amigos de él.
Y ahí se fue verificando esa nómina que parece interminable de conocidos, y muchos ya han quedado en el camino. Y que esta melodía imperecedera llamada bolero tiene un correlato con la literatura (incluida la narrativa latinoamericana y la poesía modernista) y con la política. Uno escucha o huele ese trópico caribeño de los Trujillo, los Batista, los Pérez Jiménez, pero también despuntan las rebeldías novelescas y los barbudos subversivos que traían los cambios radicales.
-A propósito de escritores, Vargas Llosa, en “La Tía Julia” y en “La Fiesta del Chivo”, lo menciona.
“Es mi gran amigo”.
-¿En qué radio Vargas Llosa tuvo que protegerlo de las fans?
“En Radio Panamericana. Y le rompieron la corbata, y ese relato es auténtico. Fue la despedida mía en Lima. Habían cerrado la calle Belén, donde estaba la radio, porque había mucha gente. Entonces, cuando yo estaba cantando la última canción, veo que la marabunta de gente, de admiradoras -corrige-, se venían encima de mí, y atrás estaba Mario, quien era libretista. Y se lo llevaron en andas. Esa noche tenía una cena con la tía Julia. Dicen que era muy guapa la señora y él tremenda figura”.
-Al parecer, esa novela le causó algunos problemas familiares.
“En ‘La Tía Julia y el Escribidor’ me dedica seis páginas, el paso de Lucha Gatica por Lima. Después lo encontré en Río, hicimos un programa aquí en Santiago. Y somos muy amigos; ahora vive en España, de vez en cuando yo lo veo cuando voy a Madrid”.
-¿Almodóvar a usted le hizo un gran favor artístico, entre comillas, en esa película “Entre Tinieblas”, en que se interpreta uno de los grandes temas suyos, “Encadenados”?
“Usted sabe que yo no conozco a Pedro; sin embargo, él ha puesto varias canciones mías en sus películas. Y me gustaría conocerlo, yo sé que es un gran admirador de las canciones mías. Gran director, con mucho talento”.
-Ese tema, “Encadenados”, ¿de quién es?
“De Carlos Arturo Briz, mexicano. La única canción famosa que hizo él. Un día estaba yo en el restorán de Mario Moreno, Cantinflas, y un señor se me acerca y me dice: ‘Yo soy hijo de Carlos Arturo Briz’. Tu padre hizo la canción más linda que he grabado en mi vida”, le dije yo.
Ava Gardner en el tercer piso
-¿Quién es para usted el gran compositor de boleros?
“El más grande, Agustín Lara. Agustín hacía todo. Él escribía boleros, pasos dobles, él escribió ‘La Suite Española’ sin conocer España”.
-La famosa “Granada”.
” ‘Granada’, ‘Solamente una vez’. Era tan extraordinario Agustín, que una vez que venía de Granada, el ayuntamiento le había regalado una casa, por la canción. Pasó por Madrid. Yo estaba actuando en un lugar que se llamaba La Riviera. Y me fue a ver sin saber yo que él estaba esa noche ahí. Llega el dueño del lugar y me dice que acaba de llegar el maestro Lara. ‘No me digas’. Salgo yo a cantar, canto seis canciones, paro a la orquesta y digo: ‘Señores y señoras, esta noche para mí es un honor tener al hombre que hizo, sin conocer España, “La Suite Española”, y canciones como ‘Granada’, mundialmente conocida. Quiero pedir un aplauso para este extraordinario compositor, el maestro Agustín Lara’. Y se pone de pie todo el mundo, dos mil y tantas personas, a aplaudirlo de pie a Agustín. Él, saludando como los toreros”.
-¿Es cierto que el Dr. Ortiz Tirado, también gran bolerista, lo atendió a él después de un lío de faldas?
“El siempre tenía líos de faldas, era muy enamorado Agustín Lara”.
-¿Y cómo andamos por casa en ese aspecto?
“Algo, algo, tres matrimonios, no más”.
-¿Su vida en ese aspecto ha sido como un bolero, si es que el bolero es lo que creemos?
“Para mí, el bolero es todo; me hizo popular, es un género que desde chico lo empecé a cantar, y aparte veía a todos los grandes cantantes, tratando de no parecerme a nadie. Y tuve la suerte de tener un estilo distinto”.
-¿Usted inventó un estilo de cantar?
“Eso fue lo que me hizo triunfar a mí. Y voy a seguir cantando boleros hasta que me muera, caramba”.
-Se cuenta otro mito de usted, que habría sido amante de Ava Gardner.
“No, fui amigo de ella. Ella fue la que me llamó por teléfono, estando yo en Madrid. A las siete de la tarde me llama y me dice: “My name is Ava Gardner”. Y yo para llevarle la broma le digo: “My name is Frank Sinatra” (se ríe). Y me dice: “you don’t believe me”. “I don’t believe you”. “My suite is three fifthen”. Yo, desconfiado llamo al pianista mío, Jorge Ortega, y le digo que me acaba de llamar Ava Gardner. “¡Qué!”, me dice. “Sí y está aquí en el tercer piso”.
“¡Qué haces pendejo que no la vas a ver!” Y fui para allá. Toco el timbre, me abre y me dice: “Ahora sí me cree, verdad”. “Yes, I believe you now”, le digo. “Come on in”, me dice. Pasé y ella tenía cuatro discos míos, de esos grandes. Y fue así y ahí que nos hicimos amigos. Salimos a cenar. Después fuimos a un flamenco.
-¿Y no pasó nada con ella?
“No, esas cosas no… fuimos amigos; incluso después la vi en Nueva York, me fue a ver cantar en el Chateaux Madrid, con su hermana”.
-¿Era realmente tan hermosa como se dice?
“Indudablemente la mujer más linda que he visto yo, la más linda del mundo. No se ponía maquillaje, era todo natural. Nunca me voy a olvidar de la expresión que yo tuve cuando la vi. Aparte era una mujer muy sencilla. La última vez que la vi fue en Miami, en un show de Frank (Sinatra), que nos invitó a mí y al hijo del ex presidente (de México), Miguel Alemán. Después estuve con ella en una fiesta que nos tenía Frank después del show”.
“El bolero tiene que bailarse”
-¿El bolero siempre ha estado entre dos aguas, el más melódico y el más rítmico, más caribeño, por decirlo así?
“Yo era melódico, pero con cierto ritmo para que la gente bailara, porque el bolero tiene que bailarse. Porque ahí es donde uno conoce a la novia. El bolero siempre ha sido romántico por excelencia. Y de ahí vienen todos los matrimonios”.
-¿Incluidos los suyos?
“Claro, incluidos los míos. Todo el mundo me lo ha dicho. “A usted, don Lucho, le deben muchos matrimonios, yo me casé con las canciones suyas” , me comentaron el otro día”.
-¿Hagamos un recuento de los éxitos suyos?
“El Reloj”, “La Barca”, “Historia de Un Amor”, que fue popular ¿sabes dónde?, en Japón. Y yo quería grabarla en japonés.
-¿Su primer gran éxito fue “No me preguntes más” del mexicano Vicente Garrido, no?
“Esa canción yo la traje de República Dominicana -nos dice, corrigiendo una versión que nos había dado Patricio Manns-. Me la dio una de las figuras más connotadas de Cuba, Bola de Nieve, gran amigo mío. Estábamos actuando juntos en República Dominicana”.
-¿Esto en la época de los 50?
“Exactamente. Me dio la canción y me la llevé a México”.
-A mí el que más me gusta es “Encadenados”.
“Ah, no, es otra cosa, y “Sabor a mí”, y “Tú me acostumbraste”.
-¿La Barca” de quién es?
“De Roberto Cantoral, y “El Reloj” también. El fue presidente de los compositores de México”.
Óscar Castro
-¿Se acuerda del Rancagua de Oscar Castro?
“Como no, yo conocí a Oscar Castro, que para mí si él no se hubiera muerto habría sido premio Nobel, gran poeta, extraordinario. No puedo compararlo con Neruda ni con la señora Mistral, pero por ahí andaba. Y lo conocí en Doñihue en una fiesta y yo canté, tendría 15 años. Yo cantaba canciones folclóricas, no cantaba boleros yo”.
-¿Y entonces se escucha tanta música mexicana en Chile?
“De toda la vida, por el cine. Negrete. Hay una cosa muy linda que me llenó de orgullo, ahora que estuvo la señora Bachelet en México. Fui invitado yo por la cancillería mexicana, una cena que le dieron a ella en el Zócalo. Estaba yo en la mesa sentado con gente de la cancillería, y mi hijo mayor, Luis. Y de repente la señora Bachelet contesta el discurso del presidente de México, y dice: ‘Agradezco mucho las palabras y la condecoración del Águila Azteca, pero así como ustedes tienen un Jorge Negrete y un Mario Moreno, Cantinflas, nosotros tenemos un chileno que se llama Lucho Gatica. Y ahí se me nublaron los ojos”.
Cuba: recuerdos inolvidables
México, Brasil y Cuba son algunos de los países en los que Gatica tuvo un éxito sin precedentes para un chileno. “Yo tuve tanto éxito en Cuba que antes de que llegara Fidel Castro yo fui el último ídolo de Cuba…, extranjero. Y todavía… Para qué le voy a contar, me han invitado muchas veces, pero yo no puedo ir a Cuba. En primer lugar, porque si los cubanos se enteran de que yo voy a Cuba, en donde quiera que me presente me ponen una bomba en EE.UU., sobre todo los de Miami”, cuenta Gatica.
-No se distingue entre los pueblos y los gobiernos.
“No tiene nada que ver. De todas maneras me encantaría ir a Cuba. Un día el embajador de Cuba en México, Mario Rodríguez me dijo: “Lucho, no te imaginas tú como el pueblo te está esperando”. A mí me encantaría ir a Cuba, volver a ver esas calles que yo recorrí.
-¿Pasear por el Malecón?
“Por El Malecón, por la calle 23, conozco muy bien La Habana. Y nunca salí de La Habana. Siempre iba a Cuba y solamente a La Habana”.
-¿Y dónde actuabas, porque uno tiene en la mente El Tropicana?
“San Soussi, Monmatre y la televisión, y teatro”.
-¿Es también la época de la sonora Matancera, Olga Guillot, Celia Cruz…?
“Celia, que desgraciadamente se murió, ella también cantó boleros, le encantaba cantar boleros, gran amiga mía. Cantamos juntos varias veces”.
-¿La Olga Guilot era la que decía que después de usted venía ella en la jerarquía del bolero?
“No, ella dice que la reina del bolero es ella y el rey es Lucho, pero somos muy amigos”.
-¿Y dejó muchos corazones rotos, allá?
“Tengo un recuerdo muy lindo de Cuba, yo no podía andar por las calles; así fue el éxito que tuve, con un cariño impresionante. El año 57 me dieron una sorpresa muy linda en Cuba. Me llevaron a mi madre y me la presentaron en un estadio de béisbol, ante treinta mil personas. Lloré como un niño, con todo el pueblo de Cuba”.
El bolero o la histeria de amor en la narrativa
El primer bolero fechado -según la mitología bolerística- fue compuesto por Pepe Sánchez en 1885, en Santiago de Cuba, llamado “Tristeza”. Así como a cierta narrativa (y cine norteamericano) le viene de perilla el jazz , a cierta narrativa latinoamericana le correspondería el bolero. Hay un correlato innegable entre novela y bolero en América Latina; lo que no es sólo rastreable en obras narrativas que dan cuenta temática o anecdótica del él, sino también en textos en que el bolero es el eje estructurador. Los más disímiles narradores latinoamericanos han titulado sus obras con alusiones bolerísticas o con la mismísima palabra bolero: Montero, Mastreta, Ampuero y Serrano, hablando de una referencialidad más bien blanda, pero capitalizable estadísticamente. Y en estéticas más potentes, tenemos autores como René Marqués, Luís Rafael Sánchez y Ana Lidia Vega.

En “Tres Tristes Tigres” de Cabrera Infante, por ejemplo, el bolero es una referencia que le da sentido lúdico al relato, con el clásico enunciado capitular “ella cantaba boleros”, a propósito de una intérprete mítica del género. En “La Traición de Rita Hayworth” de Puig, en cambio, el folletín y la entrega de información narrativa a través del sustrato radiofónico, al igual que en “La Tía Julia y El Escribidor” de Vargas Llosa, conforman una especie de voluntad programática que sería reeditada en otros proyectos narrativos; tanto de la vertiente nostálgica, en tanto configurador del espacio amoroso (Bryce Echenique), o como en las propuestas de género, en que la impostura de gesto y del maquillaje arman un tipo de crónica, como es el caso de Lemebel, que sin una explicitación estricta, lo instala como signo de la exacerbación del lugar común amoroso, afectado, que patenta la inversión sexual por el exceso y la sobre carga simbólica. Por otra parte, es clave en su constitución, la poesía modernista rubendariana, que es, de algún modo, el bolero desplazado hacia el canto radiofónico, el cancionero romanticón y la cursilería emotiva. Sin duda el texto bolerístico tiene algo de pastiche al poner en obra los paradigmas del modernismo y sus imágenes degradadas, con los códigos diamantinos y nacarados de la histeria amorosa que lo definen y delimitan.

febrero 24, 2011 - Posted by | Otros autores

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