Letras y alternativas

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Apostasía e industria (3)

Miami: hoy como ayer

Miguel Fernández Díaz|Miami| 29-03-2011 – 6:47 am.

Muchas veces las ‘voces alternativas’ del exilio esconden tráfico de diversos géneros y expolio a los exiliados.

Tras leer su panfleto de cinco cuartillas “¿Catarsis o debate?” en la Universidad Internacional de la Florida el 22 de octubre de 2009, el director de la revista habanera Temas, Rafael Hernández, respondió preguntas del auditorio y buscó impacto mediático al considerar que “hay mucho de ciberchancleteo” en internet.

Luego, el 5 de febrero de 2011, Hernández esgrimiría el término para designar a “lo que algunos ilustres intelectuales del exilio dijeron sobre mí en esos blogs que atesoran la libertad de expresión y la cultura cubana en el exterior”.

Un día antes de esas declaraciones, en Miami se había desatado una suerte de ciberchancleteo que Hernández soslayó, pero que seguramente concitó situation room en la Dirección de Asuntos Consulares y Cubanos Residentes en el Exterior de la cancillería habanera.

Ese ciberchancleteo se dio dentro de las llamadas voces alternativas del exilio, voces que acostumbran a afinarse en las conferencias sobre “Nación y Emigración” celebradas en La Habana y que acostumbran a salir por la radio de Miami. El jefe de la Dirección de Asuntos Consulares y Cubanos Residentes en el Exterior y organizador de las conferencias de “Nación e Emigración”, Carlos El Gallo Zamora, debió exigir ese día cuentas a quienes le habían propuesto al caricaturista y bloguero José Varela como “el cibernauta más efectivo contra la mafia miamense”.

En contra de las recomendaciones hechas a El Gallo, Varela terminó revirándose contra el empresario John Cabañas (C&T Charters), acusándolo de traficar drogas, obras de arte y tabaco a través de la industria de viajes a Cuba. Varela reveló también que otra figura del mismo sector, Francisco Aruca (Marazul), quien maneja la revista digital Progreso Semanal y comparte con Edmundo García el espacio radial “La tarde se mueve” (WNMA, 1210 AM), había confesado en el restaurante Captain Tavern que hacía mera propaganda y no periodismo.

La otredad que se repite

Estas acusaciones no son las primeras que mezclan drogas, tráfico de obras de arte y viajes a Cuba. En tiempos pretéritos, sin internet, otra de las “voces alternativas” de Miami, Max Lesnik, endilgó al reverendo Manuel Espinosa “una sobredosis de cocaína que le provocó la muerte”, a pesar de que los padecimientos cardíacos de éste eran bien conocidos y de que su muerte se produjo en casa, de madrugada, junto a su esposa e hijo (The Miami Herald, agosto 6, 1987).

Y ahora Varela ha cargado a Edmundo García de igual proclividad a la cocaína, además de vincularlo al contrabando de arte.

El reverendo Espinosa había zarpado hacia Cuba el 23 de marzo de 1975 en la embarcación El Guajiro y había conseguido entrar con bandera blanca izada hasta el muelle habanero frente al edificio de La Marina. Luego de enseñar a los oficiales de Villa Marista una lista de más de 48.000 cubanos que pedían reunificarse con sus familiares en EE UU, fue conducido al hotel Habana Riviera y habló unos 15 minutos con Castro, quien a su vez tenía una lista de casi 45.000 exiliados que solicitaban viajar a la Isla.

El 6 de septiembre de 1978 Castro anunció que se abría el diálogo con la “comunidad cubana en el exterior” y se refirió al reverendo Espinosa como “persona seria”, influyente en tal decisión. Así mismo escogió a sus interlocutores para formar el Comité de los 75 y llevar adelante el diálogo con el exilio. Según Espinosa, en ese diálogo no sólo participaron colaboradores y agentes de Castro, sino también personas honestas que se creyeron el cuento, así como turistas de ocasión que fueron a pasear a Cuba. Y enseguida echó a andar la industria de expolio a los exiliados con precios monopólicos de viajes y envío de paquetes y remesas.

El reverendo Espinosa empezó por ganarse la confianza de Castro y terminó por declararle, el 31 de enero de 1980, la guerra radial. Pero antes de que soltara la primera andanada de esa guerra, recibió este consejo de Max Lesnik: “Oye, no vayas a desatar una vendetta personal”.

Lesnik publicaba entonces la revista Réplica, cargada de anuncios publicitarios de Havanatur, empresa de Castro registrada en Panamá y administrada por el chileno Max El Guatón Marambio (disfrazado de Carlos Alfonso) junto a otro oficial de la inteligencia castrista: Jorge Debassa.

Espinosa desoyó a Lesnik y compareció 11 veces por radio, entre el 31 de enero y el 3 de septiembre de 1980, para denunciar a 92 personas involucradas en los planes de Castro de colonizar el sur de La Florida.

Se armó el corre-corre y los contrabandistas más enredados, como Hildo Romeo y Fernando Fuentes Cobas, espantaron la mula. Pero los demás capearon el temporal en medio de una situación operativa que Arthur Nehrbass, director de la oficina del FBI en Miami, describió así: “el FBI no va a estar en condiciones de esclarecer la verdad públicamente” (The Miami Herald, 29 de febrero, 1980).

Muchos se explayaron entonces contra el reverendo, pero los agentes especiales de la policía de Miami Sergio Piñón y Daniel Benítez atestiguaron  el 4 de marzo de 1982 ante el Senado de EE UU que “Espinosa’s revelations have for the most part been proven and stood the test of time“. Piñón y Benítez pusieron también sobre el tapete senatorial la conexión de militares castristas con narcotraficantes en Cayo Paredón Grande. Noticias que indignaron a muchos que, al darse el escándalo Ochoa-La Guardia en 1989, embarajaron con amnesia.

Desde entonces, una y otra bandería del problema cubano vienen usando las mismas tachas y dando vueltas en el mismo redil. Las “voces alternativas” del exilio tiran la estocada del macartismo y el “exilio vertical” riposta con el mandoble de “agentes castristas”. O al revés. Pero tanto en las guerritas gacetilleras y radiales del pasado como en las blogueras del presente, la otredad pro castrista del exilio ha tenido que lidiar con el volte face de tal o cual lansquenete que pone al desnudo las entrañas del monstruo: contrabando de diversos géneros y expolio a los exiliados por medio de “la industria”.

Ahora Varela ha soltado que “esto acá que se llama ‘prensa alternativa’ como Progreso Semanal y La tarde se huele (o se mueve, lo mismo da) es para venderte una isla idílica adonde puede viajar hasta el más estresao (…) Y con esto de Cuba quienes se hacen millonarios son cuatro usureros en Miami (los charteadores), dos rémoras que viven de migajas de esos cuatro usureros (Edmundo y Álvaro Fernández) y otras rémoras en Cuba: Ernesto Milanés Ruiz, Silvio Rodríguez, Chucho Valdés…”

Coda

Ya el comisario Abel Prieto acusó a Washington y Miami de estar armando “un proyecto tan siniestro y tan ajeno a un auténtico intercambio cultural”. Al parecer, trata de poner en sordina el escándalo del “intercambio cultural” promovido desde La Habana y asociado a ventas ilegales de arte y otras cositas, además de contrataciones leoninas de artistas de la Isla para presentarlos en EE UU. Así que es de suponer que, dentro de poco, El Gallo cantará.

marzo 30, 2011 - Posted by | Apostasía e industria (3)

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