Letras y alternativas

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¿En el 2011 sabemos lo que es una crisis económica?

VIÑAS DE IRA – FORD, JOHN –
Homero Alsina Thevenet

En 1929 la caída de la Bolsa en Wall Street desató una crisis económica que durante una década afectó a Estados Unidos y al resto del mundo. En 1933 otros desastres empeoraron la situación, en particular para el campo

En la historia del cine norteamericano, Viñas de ira (The Grapes of Wrath), constituyó en 1940 una notable paradoja. Un tema de ambiente proletario y campesino, con una fuerte crítica a los bancos y a la sociedad capitalista, fue filmado por una poderosa empresa de Hollywood, con respaldo del Chase Manhattan Bank, y se impuso poco después como una de las películas más importantes de la industria, comenzando por sus premios en la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood.

Habría sido fácil entender en ella un mensaje revolucionario y comunista, con una carga de protesta social muy superior a lo que el propio cine soviético filmaba en la época, pero ese mensaje era sin embargo muy ajeno a la ideología personal de sus autores. El productor Darryl F. Zanuck, el adaptador Nunnally Johnson, el director John Ford, eran hombres de inclinación política conservadora, que no incurrieron ni antes ni después en otra obra de intención socio-política similar.

Una década más tarde, cuando el senador McCarthy y los suyos comenzaron a pedir cuentas sobre el comunismo pasado o presente de muchas personalidades de la política, de la literatura, del teatro y del cine, Viñas de ira no apareció siquiera mencionado en discursos o interrogatorios. Ninguno de sus autores o intérpretes fue sugerido siquiera para integrar las Listas negras del cine durante 1947-1960. Una primera explicación de esa paradoja es que pese a su carga de crítica social, novela y película evitan presentar a los comunistas como defensores de un campesinado perseguido por la injusticia y la desocupación. Otra explicación aún mejor es que novela y película trasladan una realidad histórica innegable, pero lo hacen con el énfasis en la peripecia individual y familiar, moderando el posible enfoque social y político.

Los hechos

En 1929 la caída de la Bolsa en Wall Street desató una crisis económica que durante una década afectó a Estados Unidos y al resto del mundo. En 1933 otros desastres empeoraron la situación, en particular para el campo en el centro del país. Las prolongadas sequías, las tormentas de polvo, el fracaso de las cosechas, la creciente mecanización de las tareas agrícolas, provocaron la pobreza y la desocupación para miles de campesinos, que se vieron impedidos de pagar sus alquileres o hipotecas. Los bancos y las compañías propietarias comenzaron a expulsar a los deudores, en algunos casos destruyendo sus camiones y tractores y sus viviendas precarias. Después se calculó que entre doscientos y trescientos mil habitantes de Oklahoma, Texas, Arkansas, South Dakota, North Dakota, New México y Missouri (genéricamente llamados “los Okies”) emprendieron la marcha hacia California, en busca de una Tierra Prometida que ofrecía nuevos trabajos, en especial la recolección de uvas y naranjas.

Contra ese y otros fenómenos de la crisis debió luchar desde 1933 el nuevo gobierno de Roosevelt. La situación atrajo el interés del escritor John Steinbeck, que entonces residía en California y cuyos cuentos y novelas habían enfocado ya el mundo proletario. En 1936 había publicado su novela En lucha incierta (In Dubious Battle) que cuenta la organización y el fracaso de una huelga colosal en una plantación de manzanas, con la declarada intervención de agitadores comunistas pero también con su derrota. De inmediato se dedicó a la migración campesina. Viajó a Oklahoma, hizo junto a otros el penoso taryecto hacia el Oeste, habitó las villas de emergencia diseñadas antes bajo el gobierno Hoover (por lo cual se las llamaba Hoovervilles) y colaboró con el fotógrafo Horace Bristol en una extensa nota que terminaría por aparecer en la revista Life (junio 1939).

Tras un primer intento que desechó, Steinbeck se dedicó a escribir su novela Viñas de ira, que concentraba el drama colectivo en el peregrinaje de la familia Joad. El título alude a que California simbolizaba al principio las viñas prometidas en esa nueva conquista del Oeste, pero los percances del camino transfromaban esa promesa en una serie de conflictos, reconstruidos con pausa y sin prisa en una nutrida novela que en su edición original tuvo 582 páginas.

Novela con fondo

Steinbeck no hizo de los Joad una familia de héroes ni construyó en su derredor un ensayo sicológico. Con un estilo realista que comienza por el peculiar lenguaje de los diálogos, el autor apuntó la nobleza esencial de aquellos emigrantes, pero también los extremos de ignorancia, la torpeza y hasta el delito. En las primeras escenas su protagonista Tom Joad vuelve de cumplir cuatro años de cárcel, para descubrir que su casa ha sido destruida y que la partida a California será inevitable. La familia atraviesa después las muchas penurias del camino, y a sus costados aparecen también el campesino terco (Muley) que se niega a partir porque ha echado raíces en su tierra, y el predicador (Casey) que ha perdido la fe en los valores religiosos y que llega sin embargo al sacrificio personal.

Los conflictos están en el camino. Son las aldeas precarias, el costo del viaje, la explotación a manos de comerciantes y terratenientes, los fanáticos religiosos y puritanos, los agresivos vigilantes de la propiedad ajena. Los más nítidos villanos de la trama son quienes reparten volantes que ofrecen lejanos trabajos y que así consiguen mano de obra barata en el camino de los necesitados. A pesar de este cuadro amargo, Steinbeck apunta también la protección que le gobierno Roosevelt procuró dar a los emigrantes, instalando otras aldeas modernas, con electricidad y servicios sanitarios. Y al final del proceso, el autor dedica todo el capítulo XXV a describir cómo en California los grandes colonos sacrifican animales y dejan pudrir las frutas porque no les conviene pagar los salarios de la recolección.

El dato histórico fue que le gobierno pudo aliviar parcialmente la penuria de los emigrantes, dándoles algunas viviendas provisorias y confortables, pero no podía instalar muchos campamentos ni dar trabajo inmediato a miles de personas ni aportar soluciones de fondo para un amplio problema social. La depresión económica se mantuvo hasta 1939.

Retrato de vida

Como lo señalara el crítico Edmund Wilson en 1941, el texto de Steinbeck se apoya con frecuencia en datos de la biología, comparando una y otra vez a los emigrantes con muy diversos animales. En el texto del narrador impersonal, pero también en los abundantes diálogos, aparecen así la tortuga que resite la embestida de un camión (Cap. III) o la fila de hormigas que supone una metáfora del peregrinaje, o la familia que estrecha filas ante el peligro, como lo hacen las vacas frente a los lobos hambrientos. Por encima de ello, y en el plan mismo de la novela, los ciclos naturales de la existencia quedan ejemplificados en la familia Joad y en los otros personajes cercanos: el embarazo, el nacimiento, la niñez, la ancianidad y la muerte. En un vasto panorama, y sin reforzar sus símbolos con explicación alguna, el autor dibuja datos básicos de la vida humana.

Estos acentos son en Steinbeck más importantes que los obvios datos sociales. Acá hay una clase proletaria hostilizada por un sistema capitalista que da el mando a los bancos y a las grandes compañías, con el agravante de que esos villanos son impersonales y remotos, como llega a saber el campesino Muley cuando busca inútilmente contra quién vengarse.

El tema era propicio para un alegato comunista, sobre todo en la década del treinta, cuando el comunismo solía presentarse como la única salvación de un mundo en crisis. Pero Steinbeck no quiso verlo así. Los muchos diálogos de su anterior novela En lucha incierta documentan que el autor sabía muy bien las argumentaciones del comunismo en cuanto a la defensa de las clases pobres, pero también sabía de sus conductas oportunistas e hipócritas.

En Viñas de ira el autor dispone que los “rojos” sean unos pocos agitadores que terminan siendo rechazados por los campesinos. Publicada en marzo de 1939, la novela ascendió de inmediato a la lista privilegiada de los bestsellers y se mantuvo allí hasta fines de 1940, ganando además el codiciado premio Pulitzer. Esto no impidió que simultáneamente la obra fuera denunciada como “obscena” y “subersiva”, en especial por cámaras de comercio y asociaciones agrícolas.

La película

En 1939, poco después de publicada la novela, el libretista y productor Nunnally Johnson se interesó por sus posibilidades cinematográficas, que eran considerables, no sólo por la actualidad del tema sino por la riqueza de sus personajes y por la continua acción que Steinbeck sugería. La propuesta parecía absurda para la 20th Century Fox, empresa donde Johnson era uno de los escritores mejor pagados y donde la producción de los últimos cuatro años participaba del escapismo general de Hollywood frente a los problemas sociales. Hasta ese momento, el cine norteamericano había ignorado al fascismo italiano, al nazismo alemán, al comunismo soviético, a la guerra civil española.

Pero el amo supremo de la Fox era Darryl F. Zanuck, que en una etapa anterior de su carrera, como escritor y como jefe de producción en Warner Brothers, había procurado innovar en las rutinas del cine, atendiendo a los temas de interés público que surgían en la prensa: El pequeño César, Enemigo público, Soy un fugitivo, Contra el imperio del crimen (1930 a 1935).

Pese a la opinión de socios y colegas, Zanuck compró los derechos de Viñas de ira en setenta mil dólares y encargó a Johnson la adaptación. A esa altura circuló en algunas revistas el dato de que Zanuck había comprado los derechos de la novela solamente para esconderla y evitar que otros la filmaran, en una mniobra capitalista que habría sido costosa pero eficaz. Enterado del rumor, Johnson se apresuró a desmentirlo. En un artículo para la revista Pothoplay, atribuyó a Zanuck una reacción orgullosa: “Muéstrame a un hombre que pueda demostrar que gasté setenta mil dólares para archivar la novela, y haré una película sobre ese hombre”.

Zanuck tomó además perecauciones. Contrató a una agencia privada para investigar la correción de los datos que Steinbeck aportaba en la novela, con lo que descubrió que el drama real era más amplio que el de la ficción. Envió al director Otto Brower y al fotógrafo Charles G. Clarke a registrar las caravanas de los emigrantes, un fenómeno que todavía continuaba en 1939, pero sabiendo que el título de Steinbeck despertaba resistencias, ordenó que ese rodaje de exteriores figurara como parte de un proyecto titulado Highway 66 (Ruta 66).

Al designar el equipo, el productor insistió en contar con personalidades de prestigio. El director John Ford tenía detrás una sólida carrera y un Oscar de la Academia (en 1935), el fotógrafo Gregg Toland había hecho para Zanuck un notable trabajo en el clima dramático de Les Miserables (dir. Richard Boleslawski, 1935). Para el reparto, Zanuck sabía que Henry Fonda codiciaba el papel de Tom Joad, que estaba en la línea de otros personajes suyos anteriores (en Solo vivimos una vez, en Jesse James), pero Zanuck condicionó la oferta a que Fonda aceptara un contrato de siete años con la empresa. El actor firmó y luego lamentó otros papeles asignados por Zanuck.

*Publicado originalmente en la Revista M Cine Nº 1

junio 9, 2011 - Posted by | Otros autores

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