Letras y alternativas

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No recuerdo si lloré …

Apenas habría sido por los años 1971-72, hacía poco que mi madre me permitía ir solo a los cines de Camaguey, luego de que en nuestra larga estadía en Morón tras la muerte de mi abuelo paterno, yo me habría comportado bien, yendo desde El Chillante a aquel pueblecito, a compartir paseos al cine con mi primo Omarito.

Un día, la isleña de mi madre se me plantó delante y me dijo que a mi padre lo habían arrestado en Ciego de Avila, por trasegar con alimentos de contrabando. Ahhh, fueron más de 500 pesos los que mi madre puso en mi bolsillo, para ir al rescate de aquel héroe greco-romano, quien competía en mis idealidades adolescentes , aún con el más insigne, el más epopéyico de todos los tiempos legendarios -en mi opinión-, el ítaco Ulises. Mi padre superó todas las reglas invivibles que hubiere implantado el castrato cubano; fue el gallero Campeón de todos sus conocidos y según el acervo popular, mi padre fue banquero de bolita y táchiras, y por debajo de todas las camas de mi casa materna, circularon tanquetas llenas de café, frijoles y arroz; no creo que en casa alguna de mi barrio, se comiere mejor que en la mía; mi padre es el inmortal gigante de las jabas cargadas de carne de puerco, vaca, y de cuanto Dios crió, por eso los amiguitos de la cuadra, se quedaban absortos al verme ir y venir con trozos de pan con queso criollo. Mi ídolo cargó conmigo por todas las madrugadas y guardarrayas de la manigua camagueyana, mientras yo usaba sus huellas en el fango, para no caer en cenagales. Con mi padre aprendí a admirar la belleza de las guajiras, las primas bellas de Cañáhonda, que me enamoraban de bohío en bohío; ¿cómo podría sentirme yo al encomendárseme la misión de ir a sacarlo de una de las prisiones preventivas o unidades policiales, sacar al trovador y su guitarra, de entre las pezuñas del castrato? Recuerdo que en un lugar me dijeron que ya lo estaban alistando para el traslado a otro a unas 15 cuadras, y cuando ya llegaba caminando al segundo, una patrulla policíaca me cruzó por el lado y avisté a Orestes Gómez en el asiento de atrás. Corrí con la velocidad de Aquiles y el corazón explotando en mi pecho. A mi padre, el mejor hombre de todos los tiempos, me lo tenían secuestrado las hordas infames. Llegué justo cuando el horrible auto ruso frenaba en su destino, y mi padre salió de aquel engendro, todo barbado. Le dejaron abrazarme,  y yo juré combatir al comunismo, aunque no recuerdo si lloré, no lo recuerdo …

@napoleonlizardo

noviembre 6, 2011 - Posted by | No recuerdo si lloré ...

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