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Stalin + Hitler= Castro

UMAP: Castro se desencadena

Manuel Zayas|Barcelona 03-02-2012 – 6:40 pm.

Un discurso de 1966 prueba su responsabilidad por esos campos de concentración.

Fidel Castro en sus primeros años de mandato. (COVADONGANOTICIAS)

¿Recuerdan aquellas declaraciones de Fidel Castro al periódico mexicano La Jornada donde decía que él había sido responsable de la persecución homófoba de los años 60 en Cuba? ¿Se acuerdan de que asumió esa responsabilidad precisamente por no prestarle atención a la persecución homófoba, por estar ocupado de cosas más importantes, como los atentados contra su vida y los planes de invasión?

Bien. Pues en uno de esos momentos en que el Máximo Líder no temía mucho por su vida ni esperaba una invasión inminente, se explayó anunciando detenciones por todo el país. Habló hasta de eliminar el pecado y el vicio dentro de la revolución. Y amenazó con la necesidad de ser sanguinarios.

El discurso es del 13 de marzo de 1966 y fue efectuado en la escalinata de la Universidad de La Habana ante un público de seguidores que aplaudía y voceaba frenéticamente.

Los campos de concentración estaban en pleno apogeo entonces: habían sido abiertos el 19 de noviembre de 1965 bajo el nombre de Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).

¿De quién había sido la idea de esos campos?

“Fidel les dio el nombre”, escribió Gerardo Rodríguez Morejón, periodista oficial y el primer biógrafo del líder cubano, en un artículo publicado el 14 de abril de 1966 en el diario habanero El Mundo: “UMAP: forja de ciudadanos útiles a la sociedad“.

¿Cuánta crueldad se administraría en esos campos de concentración cubanos? Bueno, dejemos que sea el propio Fidel Castro quien lo diga. Lo citaré in extenso, porque creo que sus palabras no tienen desperdicio. El enfásis en las frases es mío, y el discurso está (todavía) accesible en el portal gubernamental que contiene sus discursos:

“Lógicamente, si la Revolución, abandonando su carácter paciente, hubiese querido un día arreglar cuentas con unas pocas decenas de sujetos, todos los cuales sabemos en qué esquina se paran, qué hacen, qué hablan, con quiénes se juntan, a qué bar van a tomar —porque son unas pocas decenas—, y los conocemos a ellos y a todos sus amigos, en dondequiera que están; si la Revolución, abandonando sus métodos de paciencia, hubiese querido un día arreglar cuentas con todo ese lumpen si queremos llamarlo ‘lumpen revolucionario…’ ¿y por qué llamarlo ‘lumpen revolucionario’?  Porque se hacen pasar por revolucionarios, pero criticando todo el día a la Revolución; se hacen pasar por gentes que no están del lado de allá, sino del lado de acá.  Y, claro, del lado de allá posiblemente no iban a vivir mejor de lo que han vivido, como parásitos, sin hacer nada.” [El énfasis en esta y otras frases es del autor del artículo.]

“¿Cuántos son?  Pues les puedo asegurar que no pasan de 50, exagerando mucho, exagerando mucho.  Esos elementos del amiguismo, de la piña, de las fiestas, de las juergas, del vicio, del parasitismo, que han querido estarle cobrando el precio a la Revolución, en estos siete años, de lo que hicieron.  Y mientras muchos murieron, y otros muchos después del triunfo de la Revolución se han acabado la vida trabajando, hay unas pocas decenas de gentes que se han pasado el tiempo cobrándole a la Revolución el precio, de lo poquito que hicieron, en algunos casos más, en algunos casos bastante, y en algunos casos nada —y, por cierto, esos que han hecho un poco más que lo que los demás son muy pocos. Por sus nombres los podríamos enumerar a todos.  Pero, ¿para qué? No hace falta.”

“En este caso —como decíamos nosotros— lo que hay que liquidar no es el pecador sino el pecado. Y sencillamente a ese elemento parásito de la Revolución, ¡con ese elemento vamos a ajustar cuentas, y estamos ajustando cuentas! (Aplausos.)”

[…]

“Y nuestro problema con estos señores tenemos que resolverlos sencillamente. Son unas pocas decenas. De esas pocas decenas, unos tendrán que ir a la cárcel por delito de tipo común, sencillamente por desfalco, uso indebido de fondos; otros tendrán que ir al Servicio Militar; otros tendrán que ir a la UMAP, Unidades Militares de Ayuda a la Producción; y otros tendrán que ir a centros de rehabilitación de acuerdo con las disposiciones del Código de Defensa Social. (Aplausos.)”

Ha sido necesaria esta amarga experiencia, esta dolorosa experiencia.

“Y como yo decía, lo importante no es fusilar a tres o cuatro, y que unas cuantas gentes más siguieran en la ‘dulce vita’. Y además, creando las condiciones que viabilizan estos pecados.

[…]

“Y nosotros, partiendo de este amargo ejemplo, sin matar un mosquito, sin que se derrame la sangre de un mosquito, y siempre que se pueda ganar una batalla sin que se derrame la sangre de un mosquito, ganemos la batalla sin derramar la sangre de un mosquito. (Aplausos)”

“Y cuando no quede más remedio que derramar la sangre de muchos mosquitos, o muchos gusanos, pues entonces derramemos la sangre de los gusanos.  Porque si estamos en defensa de la Revolución dispuestos a que se derrame la sangre de los revolucionarios, no vacilaremos en derramar la sangre de nuestros enemigos cuando las circunstancias lo exijan. (Aplausos.)”

“¿Qué ocurre con esa gente que hacen tales cosas? Desalientan al trabajador, desmoralizan al trabajador.”

[…]

No vamos a fusilar a esa gente, no; en otros sitios los han fusilado, pero de verdad que lo que debemos es fusilar el vicio, porque en eso hay muchas responsabilidades.  Todos tenemos responsabilidades, ¡todos!  Tomar conciencia de esos vicios y erradicarlos es lo que corresponde hacer, y algunos pepillitos de estos mandarlos al Servicio Militar Obligatorio (aplausos), o mandarlos a la agricultura, sean quienes sean y llámense como se llamen. (Aplausos.)  ¿Privilegios en el seno de la Revolución? (Exclamaciones de: ‘¡No!’); ¿derechos feudales en el seno de esta Revolución? (Exclamaciones de: ‘¡No!’); ¿apellidos en el seno de esta Revolución? (Exclamaciones de: ‘¡No!’) Pues bien, luchemos contra eso y habremos sacado el más saludable fruto de esta experiencia amarga.”

Tenemos a unos cuantos señores arrestados. No les va a pasar nada, nadie se asuste; simplemente estamos investigando algunas irregularidades, algunas inmoralidades, algunas faltas que están sancionadas por el Código Penal. ¿Viciosos en el seno de la Revolución? ¡No!  Porque, en todo caso, lo mandamos a un hospital para que lo curen; si está loco, a un manicomio, pero que no estorben. Hay mucho que hacer, hay mucho que trabajar.”

“¿Guapos por la calle? ¡No! Si son guapos haremos boxeadores con ellos, o algo por el estilo, a ver si, no sé.”

“Y les advierto que esta es la atmósfera capitalina, estos vicios son capitalinos. Una ciudad grande tiene las características de una ciudad grande.Estos vicios no son propios de las capitales de provincias, son propios de nuestra capital. ¿Qué lo ha alentado? Cierta impunidad, cierto historial de quienes han sido genuinos representantes de esos vicios.”

“Y ha llegado la hora —como decía—, sin matar un mosquito, de ponerle fin a todo esto. Y, desde luego, le pondremos fin sin violencia.  Habrá que, desde luego, en algunos casos interrogarlos, hacer investigaciones, hacer ciertas inquisiciones, y las estamos haciendo.”

Castro contra Castro

Las decenas de arrestos anunciados por Fidel Castro se convirtieron en decenas de miles. Alrededor de 25.000 hombres en edad del servicio militar acabaron en los campos de concentración de las UMAP: hippies, homosexuales y religiosos.

Ficha delictiva de Emilio Izquierdo, recluido en la UMAP. (BLOG TOTALITARIAN IMAGES)

La crueldad admistrada implicaba la tortura física, el trabajo forzado y hasta el fusilamiento. Fidel Castro había pedido sangre de ser necesario. Todas estas medidas él las definió así: “Ha sido necesaria esta amarga experiencia”. Él, el Gran Inquisidor.

Pese a sus lapsus mentis reconociendo una responsabilidad indirecta con las UMAP, Fidel Castro nunca ha pedido perdón por sus crímenes. Hasta su sobrina tuvo que salirle al paso y decir que no, que él no era responsable de nada.

“Pedir perdón sería una gran hipocresía. (…) Me alegro que aquí no se pida perdón, sino que se traten de establecer reglas y leyes para que nunca más ocurra”, dijo Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

Poco tiempo después, Mariela Castro pidió investigar qué sucedió en las UMAP, cerradas en 1968. Pero, ¿se imaginan a un familiar de Adolf Hitler dirigiendo el Tribunal de Nüremberg? ¿A un pariente de Iósif Stalin ordenando investigar los crímenes perpetrados en los gulags soviéticos? ¿A la viuda de Augusto Pinochet condenando los crímenes de su marido? ¿Se imaginan?

febrero 6, 2012 - Posted by | Archivo/ARTICULOS

1 comentario »

  1. El último párrafo del documento-formato, es suficiente prueba sobre el holocausto castro cubano. Léalo dos veces si necesita recapacitar. [@napoleonlizardo]

    Comentario por napoleon03 | febrero 6, 2012


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