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Cuba. La emulación, otra falacia tronada por conveniencia.

 

El Año de la Emulación Socialista fue 1972. Hoy nadie recuerda la fecha, incluso ya ni se pone nombre a los años.

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Miriam Leiva, La Habana | 15/06/2012

Posiblemente los niños y jóvenes cubanos de hoy aun estén a salvo de la epidemia nacional de Alzhéimer. Antes que reconocer las descabelladas imposiciones a 11 millones de personas y los errores garrafales durante decenios, la pandemia de los bisabuelitos prefiere atacar la memoria histórica.

“Cambios en el método para otorgar la sede del Acto Central por el 26 de julio”, era la gran noticia el 9 de junio en la primera página del periódico Granma y los noticieros de radio y televisión. Pero los cubanos ni comentan un suceso “tan importante”. Desde hace 53 años, las festividades más encumbradas han sido el frustrado asalto al Cuartel Moncada la cálida madrugada carnavalesca del 26 de julio de 1953, y el triunfo de la revolución el 1 de enero de 1959, que sustituyó la fiesta nacional del 20 de mayo, cuando en 1902 se proclamó la República.

Desde comienzos de la década de 1960, la emulación socialista invadía la vida de niños, jóvenes, adultos y ancianos. Los matutinos escolares; los murales de los centros laborales, las actividades de la Central de Trabajadores de Cuba, los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas y todas las demás organizaciones; las vallas con consignas; y los trabajos voluntarios supuestamente para contribuir a lograr las metas productivas y de servicio, se enmarcaban en la conmemoración de esos acontecimientos “heroicos”. Además se intercalaban etapas dedicadas a otros hechos, como la Victoria de Girón y la Jornada Camilo-Che. La perenne presión, las críticas y la autocrítica alternaban con una conguita, la entrega de banderines y medallas, y el brindis por el cumplimiento exitoso.

Los nuevos cubanos pierden las excepcionales vivencias de sus mayores y por mucho que escudriñarán en viejos documentos, nunca sentirán la euforia inicial, ni comprenderán los esfuerzos inútiles en trabajos que no fueron ni productivos ni voluntarios, bajo el sol abrazador, durante meses a cientos de kilómetros del hogar o los fines de semana; las noches de insomnio de guardia en el barrio o el fango pegado al cuerpo al arrastrarse durante la preparación combativa para enfrentar a un enemigo que no llegó. Tampoco padecerán las reuniones durante horas para chequear el cumplimiento de los compromisos, donde se dirimían asuntos de importancia vital, como el derecho a comprar un televisor, un refrigerador, un minúsculo ventilador plástico soviético, y hasta pasar unos días en un hotel. No sentirán la tensión de las asambleas de méritos y deméritos, cuando se bajaba o subía en el escalafón de la microbrigada, después de abandonar la especialidad propia durante más de 6 años para sin oficio construir los apartamentos, porque había que incluir a un compañero imprescindible o un cuadro dirigente, que debían mantenerse en su puesto de trabajo.

1972 fue el Año de la Emulación Socialista. Hoy nadie lo recuerda, incluso ya ni se pone nombre a los años. Desde el 1 de agosto de 2011 comenzó la farsa, al eliminarse uno de los pilares de ese sistema. Un titular del periódico Trabajadores, órgano de la CTC, decía: “Ante un nuevo escenario económico y laboral… Cambios necesarios. Varían concepciones del trabajo voluntario y de movilizaciones a labores productivas”. Se añadía que en febrero, durante el Pleno 87 del Consejo Nacional de la CTC, “se acordó que las movilizaciones para el trabajo productivo se desarrollaran en aquellas zonas que presenten una escasez de fuerza laboral que justifique la convocatoria o por afectaciones originadas por desastres naturales, tecnológicos, sanitarios, fenómenos climatológicos que dañen cosechas u otras producciones o servicios”.

Al parecer la situación en las provincias es tan complicada, que se procura evitar los datos mendaces anteriormente preparados para complacer a los máximos dirigentes, porque no hay pan ni vino para las grandes fiestas de inauguración de obras sin concluir, los logros de la revolución no existen y la propaganda no engaña a nadie.

La explicación publicada sobre el cambio en la determinación del lugar para honrar el 26 de julio constituye un ultraje a la inteligencia de los cubanos. Al cabo de 53 años, el Buró Político del Comité Central del Partido Comunista (único y todopoderoso) descubrió que “las diferentes características económico-sociales de nuestras provincias dificultan la equidad para medir los resultados de la emulación especial a la hora de determinar la condición de ganadora de la sede del acto central por esta efeméride… Acordó que cesara la emulación y a partir de este año se otorgara en forma rotativa” la sede, así como celebrar los aniversarios cerrados cada cinco años en Santiago de Cuba. Sin embargo, no se define en la información sobre qué base se determina la rotación, sino que el 59 aniversario del Día de la Rebeldía Nacional se conmemorará en la provincia de Guantánamo.

Podría concluirse que las ideas de Lenin y Che Guevara sobre la emulación socialista, continuadas por Fidel Castro, como “fenómeno social que es expresión de la energía creadora de las masas trabajadoras y tiende a acrecentar en todo lo posible la producción socialista” (definición en ECURED), no han sido acertadas. Cesará la grandiosa entrega de las banderas a las provincias destacadas y vanguardias por el Presidente, pero podría ser el avance de la verdad, la restitución del valor del trabajo, su adecuada retribución y las oportunidades para todos.

Quizás la priorización de Guantánamo responde a la comprensión, por fin, de que ha sido la provincia más preterida de la paupérrima zona oriental de Cuba y, al otorgarse las festividades, los recursos usualmente destinados a maquillar la sede, se utilizarán en la solución de problemas vitales para la población y la creación de fuentes de trabajo. Resulta un contrasentido que muchos dirigentes de la revolución procedieran de allí, sin que se dedicaran a su desarrollo, sobre todo teniendo en cuenta que la región perdió el estímulo económico de los servicios, el comercio y el empleo generados por la Base Naval norteamericana de Guantánamo, lo que habría sido razón suficiente para procurar su progreso, en el marco de la perenne campaña sobre las bondades del Gobierno revolucionario en contraposición al imperialismo. Incluso sus hermosos cafetales y plantaciones de cacao de gran calidad han estado en peligro de extinción, y a pesar de procurar la recuperación en los últimos años, las cosechas aún distan mucho de la tradición.

Después de que pasen los festejos del 26 de julio al compás del changüí, música original de la provincia de Guantánamo, donde Diego Velázquez fundó la primera villa, Baracoa, en 1511, se constatará si los 511.116 habitantes, el 4,5 % del total del país, en “el bastión de las guerras de independencia” no son nuevamente olvidados.

 

junio 16, 2012 - Posted by | Sin categoría | , , , , , ,

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