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Acerca del filme “El asesinato de Trotsky”.

El asesinato de Trotsky
TÍTULO ORIGINAL The Assassination of Trotsky
AÑO 1972
DURACIÓN

103 min.

PAÍS
DIRECTOR Joseph Losey
GUIÓN Nicholas Mosley & Masolino D’Amico
MÚSICA Egisto Macchi
FOTOGRAFÍA Pasqualino De Santis
REPARTO Richard Burton, Alain Delon, Romy Schneider, Valentina Cortese, Giorgio Albertazzi, Duilio Del Prete, Jean Desailly
PRODUCTORA Coproducción GB-Francia-Italia
GÉNERO Thriller
SINOPSIS Tras haber tenido que abandonar la Unión Soviética en 1929, Leon Trotsky acaba exiliado en México. Un agente de Stalin, Frank Jacson, es enviado al país centroamericano con la misión de acabar con él. (FILMAFFINITY)

TU CRÍTICA
19 de Junio de 2012
Crítica sin validar
El pavoneo de Alain Delon, su modo de caminar en casi todos sus interpretaciones, no encuadra con el “atormentado personaje”.
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spoiler:

Agregaré algo después.

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Críticas de “El asesinato de Trotsky”
El asesinato de Trotsky
Interesante
Joseph Losey
(1972)
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El Asesinato de Trotsky El Asesinato de Trotsky
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16 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil.
vircenguetorix   Córdoba (Argentina)
Su valoración: Pasable 29 de Agosto de 2006
Es difícil abordar un tema en el cine tan apasionante como es el asesinato de Trotsky y que el resultado fuera tan pobre como lo es esta película.
Es cierto que el Joseph Losey de los setenta, después de la Palma de Oro en Cannes, es un director en clara decadencia donde apenas podemos rescatar nada decente si acaso un biopic de Galileo del que llevaba décadas trabajando incluso en su época teatral con Bertolt Brecht.
El gran problema de la película es que parece que todo está rodado para que lleguen los últimos diez minutos, únicos realmente interesantes del film que tiene una gran fuerza dramática y mayor calidad interpretativa. La escena del asesinato tiene una gran tensión y es sin lugar a dudas lo mejor de la película pero eso no justifica que el metraje sea aburrido e intrascendente en muchos momentos y eso es imperdonable, mucho más teniendo en cuenta las posibilidades que ofrecía la historia.Aunque la película tiene una reconstrucción bastante minuciosa y podemos decir que aceptable históricamente es cierto que comete algunos errores bastante graves. Si algunos carecen de importancia como que el piolet que no lo compró sino que lo cogió de allí mismo de la casa y otros por el estilo a los que no me voy a referir si que lo más reprochable es presentar a Frank Jackson (Ramón Mercader) como un hombre atormentado que tiene muchas dudas y que tiene presiones para realizar el magnicidio, como es la presunta detención de su madre Caridad Mercader, esta mujer ni estaba presa ni amenazada por supuesto, es más, es ella quién le espera fuera de la casa con un coche con agentes de la KGB para salir de allí después de la operación.
La película viene a exculpar en cierta forma a Mercader (imperdonable que en ningún momento de la película se diga su identidad, aunque fuera al final a modo de epílogo).

¿El por qué de todo esto? Bueno todos sabemos que Losey era comunista y algunos le acusaron que esta versión era más antitroskista que antistalinista. Desde luego que protroskista no es, eso es verdad, ya que nos parece el viejo León como un hombre en cierta medida acabado, que atiende a sus conejos y que está prácticamente retirado de la vida política.

spoiler:

En cuanto a los actores principales, Richard Burton, no me parece la mejor elección, ya que parece excesivamente gris y cansado durante toda la película, aunque la culpa es más del guión que otra osa. En cambio Alain Delon sí me parece una gran elección para hacer de Mercader, ya que ambos eran dos dandys con las mujeres y gente de mucha clase, pero el desarrollo y construcción del personaje me parece lamentable, el personaje debería de haber seguido una línea más política y menos psicoanalítica. No olvidemos que Ramón Mercader era un profesional y un agente soviético que sabía muy bien lo que tenía que hacer: Matar a Trotsky. Presentarle como un hombre con fantasmas antes del crimen es adelantarse a lo que podía pasarle después, como parece ser que le ocurrió, con el famoso grito que siempre permaneció en su memoria.
Desde luego para los que quieran conocer mejor la historia es de obligado visionado la película documental “Asaltar los cielos” de una calidad, interés y objetividad impropios para lo que se hace habitualmente en España.

Para finalizar decir que Trotsky tampoco es santo de mi devoción, su revolución permanente no deja de ser en la práctica una guerra tras otra. Pensar que si hubiese estado Trotsky en vez de Stalin no hubiera habido tantos muertos es ingenuo, es más la Tercera Guerra Mundial es probable que se hubiese producido.
Como todos los idealistas (aunque yo lo sea) siempre son más peligrosos que los hombres pragmáticos como Stalin. Que la historia le haya otorgado la etiqueta de “comunista bueno” en contraposición de Stalin es muy típico del mayo del 68.
Y es que la historia no la escriben los vencedores en contra de lo que se repite una y otra vez sino los románticos y estos tienen cierta inclinación por los perdedores y los mitos. Si no se lo creen acudan mañana a una clase de segundo de ESO en Bilbao o Gerona por ejemplo y verán en que se ha convertido la historia de España

vircenguetorix
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Miquel   Palma de Mallorca (España)
Su valoración: Interesante 12 de Junio de 2006
Película independiente, dirigida por Joseph Losey (“El sirviente”, 1963). Se rodó en Méjico y en los Estudios Dino de Laurentis (Italia). El productor fue Norman Priggen.La acción se desarrolla entre el 1-V-1940 y el 20-VIII-1940, en la ciudad de Méjico, última residencia de Lev Davidovich Bronstein, más conocido como León Trotsky. Narra las últimas semanas de vida del líder soviético, protagonista junto a Lenin de la Revolución Rusa de 1917. Apartado del poder por Joseph Stalin y posteriormente desterrado del país, se asiló en Méjico tras un largo peregrinaje.

La película muestra al protagonista ocupado en tareas ínfimas, como el cuidado de conejos en jaula y de cactus en maceta, que complementa con el dictado a una grabadora o a un escribiente de artículos para la prensa internacional. Vive recluído en una finca con un pequeño jardín, custodiado por vigilantes que velan por su seguridad. Pese a ello, un grupo de oponentes penetra en la casa, la ametralla con furia y se retira sin haber causado heridas ni a él ni a su esposa Natasha. Redobla la guardia, mientras evoca sus días de gloria, las muertes del hijo y la hija y la masacre de sus seguidores en la URSS. Se lamenta de la soledad a la que le someten los suyos, los trotskystas, que quieren trotskysmo sin Trotsky. Le abruma cada vez más la obsesión de la muerte, que ve llegar de la mano de Stalin. Con todo, el asesino no será identificado como comunista, sino como un personaje oscuro, de varias identidades, de origen presuntamente belga, prófugo del Ejército, de pasaporte canadiense, ajeno a la política y que le profesa una inexplicable aversión patológica. La película pone de manifiesto el escaso interés de Losey por Trotsky, la ocultación deliberada del complot urdido por Stalin, la no identificación de Frank Jacson como el español Ramón Mercader, etc. La tensión dramática, inferior a la de otros films del realizador, se basa en la lenta e implacable aproximación de un desconocido Jacson a su víctima, exenta de la fuerza y el carisma que le distinguieron.

La música original, orquestal, es dramática e inquietante. De escasa polifonía, en ocasiones se transforma en un sonido casi monocorde, que evoca un lamento doloroso. Añade música festiva taurina y el canto de “La internacional”. La fotografía, de Pasqualino de Santis, ofrece encuadres excelentes, movimientos de cámara suaves y envolventes, planos picados e imágenes simbólicas (toro herido de muerte). Se recrea en los murales de José Clemente Ortiz y Diego Rivera. El guión centra la historia en el enfrentamiento entre un asesino sagaz y su presa, mientras ésta se protege con vigilancia, muros, alarmas y control de visitas. Las interpetaciones de Burton, Delon y Schneider son adecuadas, pero inferiores a las habituales. La dirección transforma en un juego verdugo/víctima una historia compleja, mucho más brutal.

La película reclama del espectador un esfuerzo personal para compensar las lagunas históricas del relato.

Miquel
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3 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Teddy Roosevelt   la laguna (España)
Su valoración: Floja 29 de Diciembre de 2008
Película muy mala. Joseph Losey sin Harold Pinter era poca cosa. Estrellas justamente famosas están ridículas en este film. Al fin el largo brazo del camarada Stalin alcanzó a su mayor enemigo, que era ya un “dead mad walking” desde hacía décadas. No hay que santificar tampoco la figura de Lev Davidovich Bronstein por su enemistad con Stalin y su gran inteligencia y carisma personal, era un asesino en masa, como todos los máximos líderes del Partido Bolchevique tras la revolución. De haberse convertido en máximo líder soviético, cosa imposible por no ser de la vieja guardia bolchevique de antes de la revolución, y por su origen hebreo, que Rusia tenía y tiene una tradición espantosamente antisemita, roja o blanca, todo indica que no hubiese sido mucho mejor que Stalin. Y es que ya todo Stalin estaba en Lenin.
Teddy Roosevelt

junio 19, 2012 - Posted by | Otros autores

5 comentarios »

  1. INTERESANTEEE:
    «(…) Rusia tenía y tiene una tradición espantosamente antisemita, roja o blanca» [Teddy Roosevelt/Miembro-Seudonimo de filmaffinity.com, en critica sobre el filme «El asesinato de Trotsky»]

    Comentario por napoleon03 | junio 19, 2012

  2. Ramón Mercader

    Para otros usos de este término, véase Mercader (desambiguación).
    Jaime Ramón Mercader del Río
    Coronel de la KGB
    ApodoRamón Ivánovich López
    Lealtad II República española
    Unión Soviética
    Servicio/rama NKVD y KGB
    Condecoraciones
    Orden de Lenin
    Héroe de la Unión Soviética
    Participó enGuerra Civil Española
    Nacimiento7 de febrero de 1913
    Barcelona, España
    Fallecimiento18 de octubre de 1978
    (64 años)
    La Habana, Cuba
    OcupaciónEspía, agente del NKVD y KGB.
    Jaime Ramón Mercader del Río (n. Barcelona; 7 de febrero de 1913 – f. La Habana; 19 de octubre de 1978) fue un militar hispanosoviético, criminal convicto por el homicidio en 1940 de León Trotsky.

    OcultarBiografía

    Ramón Mercader era hijo de María Eustaquia Caridad del Río Hernández[1] , una luchadora de la Guerra Civil Española, activista incansable y espía de origen español que profesaba el comunismo y de Paul Mercader Marina, un cubano. Sería su madre, quien estaba condecorada con la Orden de Lenin por sus servicios, quien le inculcaría el odio a los enemigos del Soviet, en especial por León Trotsky.[2]

    Miembro del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), participó en la Guerra Civil Española, durante la cual ingresó en los Servicios Secretos Soviéticos. Infiltrado en los círculos trotskistas en París, la NKVD le asignó la misión de ejecutar a León Trotsky por medio millón de dólares.

    En septiembre de 1939 Ramón Mercader entró en los Estados Unidos por la ciudad de Nueva York con un pasaporte a nombre de un empresario canadiense, Frank Jacson. En octubre de ese año, Mercader se trasladó a la Ciudad de México, donde vivió con su familia, explicando que era por asuntos relacionados con la presunta empresa (de hecho, una fachada creada ex-profeso por Nahum Eitingon). Trotsky estaba muy custodiado. Sabía que Stalin buscaba su muerte y el 24 de mayo de 1940 había sufrido un ruidoso atentado dirigido por el famoso muralista David Alfaro Siqueiros. Al fracasar este atentado, Mercader entró en acción. Había conquistado a una de las secretarias privadas, Sylvia Agelof, y después de varios meses de relación logró acceder al círculo de confianza de Trotsky, llegando incluso a regalar bombones a la esposa de éste, Natalia Sedova.

    Mercader lentamente se ganó la confianza de Trotsky, hasta que en la mañana del 20 de agosto de 1940 fue recibido a solas por el dirigente comunista. Mercader supuestamente le traía unos escritos. Trotsky se acercó a la ventana con el objeto de leer mejor y en ese instante Mercader le descargó un feroz golpe de piolet en la cabeza (nuca), enterrando profundamente la herramienta en el cráneo de Trotsky. Aun así, Trotsky no pereció instantáneamente y sobrevivió entre espasmos y convulsiones durante unas 12 horas más antes de fallecer. Sylvia Agelof, al conocer la verdadera naturaleza del interés de Ramón por ella, intentó suicidarse. La casa donde esto sucedió está ubicada en el barrio de Coyoacán al sur de la Ciudad de México.

    Detenido por los guardias de Trotsky y las autoridades mexicanas, se identificó como Jacques Monard, fue condenado por asesinato a veinte años de prisión. Stalin en los primeros momentos no fue relacionado con el asesinato y no le importó la suerte corrida por Mercader. En principio, la declaración de Mercader fue que tenía problemas personales con Trotsky.

    En agosto de 1953 se supo su verdadera identidad. Salió de la cárcel en 1960 y fijó su residencia en la URSS. Más tarde, desilusionado de la desestalinización, se radicó en Checoslovaquia y después en Cuba, donde estaba su madre, Caridad, quien también había sido militante de la NKVD. En la estructura de la KGB llegó a coronel, siendo condecorado en secreto como Héroe de la Unión Soviética con la Orden de Lenin y la Medalla de Oro (No. 11089), la más alta distinción soviética, cumpliéndose la promesa que le había hecho N.I. Eitingon; La condecoración la recibió en persona directamente de manos del entonces director de la KGB, Alexander N. Sephelin.

    Pasó sus últimos años viviendo entre Moscú y La Habana, donde murió de cáncer en 1978. Está enterrado en el cementerio moscovita Kúntsevo, reservado a Héroes de la Unión Soviética, bajo un nombre falso Ramón Ivánovich López (Рамон Иванович Лопес), cerca de las cenizas del famoso agente doble Kim Philby. También tiene un lugar de honor en el museo del KGB de Moscú.

    Existe una película-documental sobre Ramón Mercader, Asaltar los cielos, de 1996, dirigida por José Luis López Linares y Javier Rioyo. Antes de tratar la figura de Ramón Mercader, trata la de su madre, Caridad, hija de un rico industrial que tuvo gran influencia en la militancia de izquierdas de Ramón y sus hermanos. Como detalle humano, decía Ramón Mercader a un amigo muchos años después del crimen: “ese grito, ese grito…”, refiriéndose al que profirió Trotsky al hundirle el piolet.[cita requerida]

    Comentario por napoleon03 | junio 19, 2012

  3. La última muerte de Ramón Mercader
    JORGE SEMPRUN 20 OCT 1978

    A comienzos de los años sesenta, los visitantes de la embajada de Cuba en París solían ser atendidos por una señora de cierta edad, de buen porte y pelo blanco, que hacía los menesteres aparentes de recepcionista-telefonista. Pero alguien se percató un buen día de que dicha señora, era Caridad Mercader. O, mejor dicho, Caridad del Río, nacida en Cuba, esposa del catalán Pablo Mercader y madre de Ramón Mercader, el asesino de Trotski. ¿Cómo había obtenido ese puesto?.¿Quién la había colocado allí? Sea como fuere, aquello pareció un tanto insólito, por no decir indecente, a algunos de los representantes oficiales de la revolución cubana en Europa. Así, por ejemplo, Martha Frayde -delegada de Cuba en la UNESCO por aquel entonces, mujer de limpio historial combatiente, hoy monstruosamente acusada de espionaje al servicio del imperialismo- se las arregló para informara Raúl Roa de tan inquietante presencia. Al poco tiempo desapareció la señora Mercader de la embajada de Cuba en París.Todos los testimonios históricos, todos los datos objetivos hasta ahora reunidos permiten afirmar que Caridad del Río Mercader ha desempeñado cierto papel en los servicios especiales de Stalin. Permiten suponer, asimismo, que no fue del todo ajena al reclutamiento de su hijo Ramón por esos mismos servicios. ¿Vive aún Caridad del Río? Sí así fuera, y así es probablemente, ya que su muerte difícilmente habría escapado a la atención de las agencias informativas, ¿qué pasará por su mente, en este día de la muerte de su hijo Ramón, adiestrado como asesino porque fue un fiel y abnegado, y ciegamente incondicional. militante del PSUC. ¿En este día de la muerte de Ramón Mercader, en Cuba, como por casualidad. como si para Ramón Mercader entrar en el sueño de la muerte fuese volver al regazo materno, al tenebroso amparo de una mortífera maternidad sofocante?

    MÁS INFORMACIÓN
    El asesino de León Trotski, Ramón Mercader, muere de cáncer óseo en Cuba
    Hace uno! meses, en un diario barcelonés, Teresa Pamies comentaba la publicación, por la editorial Grijalbo, de Guerra y revolución en España, de Georges Soria, verdadero monumento de falacia histórica, indecente empresa a todo lujo de falsificación de los hechos. (Esto lo digo yo, claro, no lo decía Teresa Pamies.)

    Lo que emocionaba a Teresa Pamies, provocando en ella frases de nostálgica cursilería, es que en una de las incontables fotografías del libro de Soria -autor, en 1937, de un olvidado folleto sobre el POUM, calificado de agencia de espías franquistas había reconocido a Ramón Mercader, compañero suyo de antaño, joven militante comunista de los gloriosos días de la guerra civil. O sea, que Ramón Mercader era uno de los nuestros -lo digo con pavor retrospectivo-, uno de los tantos fieles militantes, feligreses de la iglesia estaliniana, reclutados en aquella época para las más turbias y priminales empresas contrarrevolucionarias.

    Y hoy, en este día de la muerte de Ramón Mercader, después de tantos decenios de terco y torvo silencio, ¿hablarán los companeros de juventud de aquel militante abnegado? ¿Nos dirán, ya sin riesgo, ni pena, ni gloria, las verdades de su vieja memoria, nos explicarán, al fin, lo mucho que saben de aquella época? .

    En cualquier caso, cuando sean sepultados en Cuba los restos mortales de Ramón Mercader es de esperar que alguien, discretarnente, coloque sobre su tumba -la medalla de héroe de la Unión Soviética que le fue otorgada por haber asesinado a Lev Davidovich Trotski. Y es que Mercader ha sido un héroe ejemplar del estalinismo. O sea, exactamente lo que un comunista nunca debe de ser.
    Tomado de elpais.es

    Comentario por napoleon03 | junio 19, 2012

  4. (Casi) todos los secretos del asesino de León Trotsky, revelados en un nuevo libro

    Una biografía de Ramón Mercader recientemente publicada en México relata la vida de este comunista catalán que mató al líder ruso exiliado en México y nunca develó su mayor misterio: quién le dio la orden final.

    Joaquim Ibarz*
    conexiones@claringlobal.com.ar

    Ramon Mercader no pudo cumplir su anhelo de pasar los últimos años de su vida en su Catalunya natal. En 1977 se lo pidió en Moscú a Santiago Carrillo, pero éste le puso como condición que escribiera sus memorias contando quién le encargó el asesinato de Trotsky. Mercader lo rechazó de plano diciendo: “A los míos nunca los voy a traicionar”. Es una de las revelaciones del libro “El grito de Trotsky” (Debate), de José R. Garmabella, considerada la biografía más completa del comunista catalán que mató al líder revolucionario ruso. Según Garmabella, Carrillo pretendía que las memorias de un estalinista como Mercader fueran el “testimonio sobrecogedor” que permitiera la justificación de la ruptura con la URSS.

    Siempre disciplinado, Mercader hizo otro intento con la Pasionaria con el fin de regresar a España con la bendición del Partido Comunista. Escribió una carta a Irene Falcón, secretaria de Dolores Ibarruri, en la que decía: “Dolores llegará a Madrid con todos los camaradas…, pero sin mí. ¿Es posible que ahora, cuando ya estamos tan cerquita, mis huesos se queden en tierras lejanas?”.

    Garmabella revela que aunque hasta 1950 no se supo oficialmente la identidad del asesino de Trotsky, en México eran muchos los que conocían que el enigmático personaje que el 20 de agosto de 1940 clavó el piolet en el cráneo del famoso revolucionario era el catalán Ramon Mercader.

    El editor Bartomeu Costa-Amic, militante del POUM, había conocido a Mercader en Barcelona. Cuando vio su foto en los periódicos al día siguiente de la muerte de Trotsky no tuvo duda de que se trataba del joven comunista catalán. Garmabella cuenta que Costa-Amic le dijo que un día se topó con una manifestación del Partido Comunista Mexicano, en la que participaba Caridad Mercader, madre de Ramon. Al verla, el editor le dijo: “Tú, cabrona, has venido a México a organizar la muerte de Trotsky”. Ella contestó con una carcajada.

    Agustí Puértola, fotógrafo de prensa catalán, también vio en la prensa la imagen del desconocido asesino; lo reconoció de inmediato pese a que las vendas le tapaban la mitad del rostro. Según Garmabella, después de revisar el archivo que pudo sacar de España, Puértola dio con la foto de Ramon Mercader, un militante del PSUC que se distinguió en los combates callejeros al día siguiente de la insurrección franquista en Barcelona. Era la misma cara que salía en los diarios.

    En opinión de Garmabella, un presidente tan bien informado como Lázaro Cárdenas (1934-1940) debía saber bien quién era el autor del atentado que se hacía pasar como un diplomático belga llamado Jacques Mornard. Según Garmabella, hubo un pacto de silencio para no perjudicar a los miles de exiliados españoles. “Los mexicanos no aceptaban a los republicanos por revolucionarios. Mucha gente era pronazi, quizás más por antinorteamericanismo que por simpatía real hacia Alemania. Además, la mayoría de los españoles afincados en México apoyaba a Franco. La gran prensa, Excelsior,El Universal,eran muy de derechas; decían que por influencia de los exiliados Cárdenas conducía a México al comunismo”, señala el biógrafo.

    En opinión de Garmabella, si en 1940 se hubiera sabido que un comunista español era el asesino de Trotsky, habría aumentado el rechazo al exilio, creando una situación muy incómoda a Cárdenas, que seguía reconociendo a la República. Por ello, los catalanes que conocían a Mercader no habrían revelado su identidad.

    Garmabella comenta que le interesó la figura de Mercader por su amistad con Alfonso Quiroz Cuarón, el criminalista que hizo el estudio de la personalidad del asesino y que años después comprobaría su verdadera identidad. “Quiroz fue a Barcelona en 1950 – cuenta Garmabella- para averiguar quién era Mornard. Sospechaba que era un comunista catalán. A todas las preguntas que le hicieron, Mercader contestaba: �No sé, no recuerdo.

    Soy un trotskista desilusionado. Me llamo Jacques Mornard�. No sacaron nada más. Jamás reconoció que era Mercader””.

    Quiroz se entrevistó en Barcelona con el ex comisario Carlos Polo Borreguero, quien por las fotos del autor del atentado que en su momento publicó La Vanguardia intuía que se trataba del hijo de una famosa comunista, Caridad Mercader. “El asesino se llama Ramon Mercader, y en los archivos debe existir su huella porque yo le detuve en 1935″, dijo Polo Borreguero a Quiroz, quien se había traído de México una huella dactilar del falso Mornard.

    Trotsky gritó cuando Mercader le clavó el piolet en la cabeza. Por eso el libro de Garmabella se titula El grito de Trotsky.”Más que grito – dice el autor- fue un alarido de dolor y sorpresa. Trotsky luchó con Mercader, con un mordisco le hizo tirar el piolet. Mercader nunca olvidó el grito de Trotsky. La idea era matar a Trotsky de forma fulminante, sin hacer ruido para facilitar la huida. Se escogió el piolet como arma más efectiva. El propio Mercader le recortó el mango y lo escondió debajo de la gabardina”.

    Mercader estuvo 20 años en la cárcel sin abrir la boca. A los 47 años salió envejecido. Fue fiel a su ideal estalinista hasta el final. Garmabella dice que Mercader estaba convencido de que hizo bien en matar a Trotsky porque estorbaba la política de la URSS en plena guerra mundial. “Fue producto de una época. Se sacrificó por una ideología. Evolucionó hasta el extremo de condenar la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968”. Mercader murió en 1978 en Cuba; sus cenizas fueron depositadas en el cementerio Kuntsevo de Moscú, en el lugar reservado a los héroes de la URSS.

    Fue profundamente catalán, y siempre conservó su lengua natal. Tuvo dos grandes desilusiones: no poder regresar a Barcelona y sentir que muchos amigos rompieron con él. También le amargó asumir todo el peso de la muerte de Trotsky sin que nadie tomara alguna responsabilidad. “Al final – plantea Garmabella- debió de preguntarse si el precio que pagó fue demasiado alto”.

    *Fuente: La Vanguardia

    Comentario por napoleon03 | junio 19, 2012

  5. Una novela cubana
    TROTSKY, SU ASESINO RAMÓN MERCADER Y LOS PERROS Versão para Impressão Enviar por e-mail

    27/11/2007. El escritor cubano Leonardo Padura está finalizando una novela sobre el asesinato de Trotsky en México, el destino del agente de Stalin que lo victimó, Ramón Mercader (quien pasó sus últimos años de vida en La Habana) y el gusto de ambos por los perros. Todo eso con el gran telón de fondo de la frustración de la revolución socialista rusa y mundial.

    LITERATURA-CUBA
    Los perros del asesino de Trotsky
    Por Dalia Acosta

    LA HABANA, nov (IPS) El hombre que mató a León Trotsky por encargo de los servicios secretos soviéticos y pasó 20 años en una prisión mexicana sin hablar se radicó al final de sus días en la capital cubana, donde solía pasear a diario con sus perros por la Quinta Avenida del residencial barrio de Miramar.

    Y fue en esa quinta avenida donde el cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996) vio por primera vez aquellos perros y entendió que eran los ejemplares idóneos para su último filme, en el cual narra la historia de una familia de la alta burguesía cubana que se aísla en su mansión para ignorar los cambios que sucedieron al triunfo de la Revolución en 1959. Los perros del catalán Ramón Mercader del Río (1914-1978), conocido entonces en la isla como Jaime Ramón, han sido vistos por muchas personas en el mundo en las secuencias de “Los sobrevivientes” (1978), una de las obras maestras del director de “Memorias del Subdesarrollo”(1968) y “Fresa y Chocolate” (1993).

    “Nunca hubo perros así en Cuba, ni los ha vuelto a haber”, dijo a IPS el escritor cubano Leonardo Padura, quien trabaja en los últimos detalles de una novela alrededor de las “peripecias, intrigas y persecuciones” que rodearon el exilio y el asesinato en México de Trotsky (1879-1940), uno de los principales líderes de la llamada Revolución de Octubre (Rusia, 1917).

    “Una novela como esa sólo se puede escribir obsesionado con esta historia”, comentó el periodista y narrador, autor de obras literarias que ahondan en la realidad cubana actual como “Vientos de Cuaresma” (1994), “Pasado perfecto” (1995), “Máscaras” (1997), “Paisaje de Otoño” (1998), “La novela de mi vida” (2001) y “La neblina del ayer” (2005).

    “El hombre que amaba los perros”, un título con el que Padura pretende rendir homenaje al escritor estadounidense Raymond Chandler (1888-1959), se cuenta en tres líneas paralelas: el exilio de Trotsky desde 1929 hasta su muerte en 1940, la preparación y ejecución de su asesinato y el destino posterior del asesino o “brazo ejecutor”, en Moscú y luego en Cuba.

    Padura cuenta el recorrido del exiliado Trotsky por Alma-Ata (Kazajstán), Turquía, Francia, Noruega y su estancia definitiva en una “casa-fortaleza” en Coyoacán, ciudad de México. Y, por otro lado, sigue los pasos de Mercader del Río desde sus tiempos como soldado del Ejército Popular español, Moscú, Francia, Nueva York y México. Como en sus libros policíacos, donde la trama es sólo un pretexto para ahondar en la sociedad cubana, el novelista parte de lo que considera uno de los asesinatos más significativos del siglo XX, para ahondar en la lucha por el poder tras la muerte de Vladimir Ilich Lenin (1870-1924) y el ascenso del fascismo.

    “(Joseph) Stalin y Trotsky pensaban de dos modos diversos sobre la revolución. Stalin, para consolidar su poder, se aferrró a su teoría del socialismo en un solo país, y coartó todo atisbo de democracia y pluralidad. Trotsky, con su teoría de la revolución permanente, pensaba que la victoria en Rusia era sólo un paso para luego seguir por Europa”.

    “Pero Stalin prácticamente traicionó a la posible revolución china en 1926-1927, no permitió una alianza entre las fuerzas de izquierda en Alemania que pudieron evitar el ascenso de Adolf Hitler al poder, maniató a la Internacional Comunista y en España, durante la guerra civil (1936-1939), exigió que se luchara por la victoria sin hacer la revolución. Era el menos brillante, pero demostró ser el más astuto y
    sibilino. “Trotsky era brillante, orador, culto, mundano, famoso y mítico. Eliminar a Trotsky se convirtió en una exigencia para que Stalin pudiera conseguir la preeminencia y el poder absoluto, incluso la posibilidad de reescribir la historia y robarse un protagonismo que nunca tuvo”. El final se conoce desde el inicio, lo importante es el cómo. “¿Por qué se frustró la gran utopía del siglo XX?

    Simbólicamente es lo que quiero llevar a la novela. La perversión comenzó en los mismos años 20 y el asesinato de Trotsky puso el punto final a cualquier salvación de esta utopía”, afirmó el autor.

    “Es algo que también tiene que ver con nosotros. El ser humano no puede vivir sin utopía”, añadió. Tres años lleva el novelista cubano trabajando en la obra que espera sea publicada en el otoño de 2008, por la editorial Tusquets, de Barcelona. Durante ese tiempo buscó documentos originales, leyó libros de historia y ficción, consultó mapas urbanos y aprendió casi de memoria los diarios del exilio de Trotsky.

    En todo el proceso previo a la escritura, Padura siempre tropezó con el mismo obstáculo: el silencio de Merceder del Río. “Estuvo 20 años en la cárcel en México y no habló, el tiempo que vivió en Moscú desapareció y en Cuba fue un fantasma. Y pensé que alguna vez debía haber tenido muchos deseos de contar su historia”, explica. En la novela, Jaime Ramón le cuenta todo a un joven cubano estudiante de veterinaria que, a pesar de su promesa de no decirle a nadie, 20 años después le pasa todos los detalles a un amigo escritor. Los perros se convierten en la conexión entre Mercader del Río y el muchacho que, a su vez, marca la distancia necesaria entre la histórica y la ficción.

    “Como Ramón Mercader amaba los perros, también los amaba el hombre que él asesinó. Trotsky tenía cuatro galgos rusos y cuando parte al exilio a Alma-Ata se lleva uno consigo. El mismo amor lo compartía también el joven veterinario cubano. Cualquiera de ellos puede ser el hombre que amaba a los perros”, comenta.

    *****+ León Trotsky – wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Le%C3%B3n_Trotsky) + Leonardo Padura: con la pluma y con la espada (http://www.cubaalamano.net/sitio/client/article.php?id=6383) + CUBA: Crónicas de una pluma célebre y crítica (http://www.cubaalamano.net/sitio/client/report.php?id=541) + LITERATURA-CUBA: La neblina de la crisis (http://www.cubaalamano.net/sitio/client/report.php?id=333) (FIN/IPS/da/dm/cr ae ip/sl la/07)

    Comentario por napoleon03 | junio 19, 2012


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