Letras y alternativas

https://napoleon03.wordpress.com/

El auge de la autoedición

escritor
Por Manu de Ordoñana [22-08-2013]

El último informe de la Agencia española del ISBN hizo saber que los títulos presentados por los autores-editores en el año 2012 fue de 6.590, lo que representa un 6,94% sobre el total registrado ─frente al 8’3% del año anterior─, un porcentaje importante que demuestra el auge que la autoedición empieza a tener en España. La crisis que atenaza a la industria editorial ha empujado a los escritores a buscarse la vida, con el sostén de las nuevas tecnologías que les permiten hacer visible su obra a través de las numerosas plataformas que han surgido en Internet para la venta de libros online.

Claro que esta cifra de 6.509 títulos podrían ser bastante más alta, si se añaden los títulos que registraron los nuevos editores ─535 se dieron de alta en 2012─, nacidos para ayudar a los escritores diletantes que, por ver su libro publicado, están dispuestos a pagar un precio que puede alcanzar los 4.000-5.000 euros, en función de la tirada y de los servicios que contraten (diseño de la portada, maquetación, corrección, marketing y distribución). El cliente ya no es el lector sino el autor. El editor no asume riesgos y se limita a cobrar por su trabajo. La impresión bajo demanda es un buen negocio, así lo entiende Bubok que el año pasado solicitó 11.728 nuevos títulos en la agencia del ISBN.

Por fin he publicado

La autoedición de libros ha conseguido una posición importante en Estados Unidos. En el año 2011, más de 235.000 títulos fueron publicados por sus autores, lo que supone un 43% de la producción total, un mercado copado por tan sólo cuatro multinacionales (CreateSpace de Amazon, Smashwords, Author Solutions y Lulu Enterprises) cada vez más apetecido, tanto por el volumen de negocio que genera como por la calidad de algunas de sus producciones, hasta el punto de que siete novelas autopublicadas figuran en la prestigiosa lista de los mejores libros del año que elabora el New York Times.

Un estudio realizado por la sociedad de estudios Bowker ─la agencia que se encarga de atribuir los ISBN en el país norteamericano─ señala además que el libro electrónico gana también terreno en esta parcela, ya que el 33% de los libros autoeditados lo fueron como e-books, con fuerte tendencia a la alza, en un mercado en el que el formato digital representa un 23% de la facturación total y que supera 50% en literatura de ficción.

Este fenómeno no es nuevo. Ya en su momento el diario Le Figaro advertía en 2008 que, por primera vez en la historia, el número de títulos autoeditados en EE.UU. había superado a los publicados por las editoriales clásicas (285.000 frente a 275.000), libros que tratan de temas variopintos, desde novelas rosas, porno suave y fantasía hasta ensayos, estudios científicos o libros de familia, sin desdeñar lo que en el ámbito anglosajón se conoce como Vanity publishing, la satisfacción de haber publicado un libro aunque sólo sea para regalo.

Es grato constatar el número creciente de ciudadanos que ha sido capaz de escribir un libro, aunque luego no sepa qué hacer con él. A través de este blog, recibo buen número de correos electrónicos de personas, unas preguntando cómo publicar la obra que han escrito, otras explicando que tienen una historia para contar y no saben cómo empezar. El mismo artículo de Le Figaro ya revelaba que, según una encuesta realizada en 2009 por la IFOP, el 6% de la población poseía un manuscrito y aspiraba a publicarlo: dos millones y medio de franceses que ansiaban ser escritores, un maná que han aprovechado los nuevos editores para hacerse con un hueco en el mercado.

Dentro de este catálogo de nuevos editores habrá de todo: tiburones que sólo pretenden enriquecerse, románticos que sueñan con llevar la cultura al último rincón, empresarios honestos que aman su oficio, pero conscientes de que, para sobrevivir, hay que ganar dinero. Éste último es el modelo. Pero hay que darse prisa porque los grandes están al acecho, no sólo Amazon, también Apple y Google se están preparando para repartirse el holgado pastel.

Toda una amenaza para la industria editorial, pero una oportunidad para el empresario osado e innovador… y también para el escritor diletante, si entiende que para publicar, no basta con escribir, hay que arriesgar un pequeño capital y dedicar un tiempo a la promoción. Algunos autores consagrados que antes iban por el canal tradicional, se han dado cuenta de que ya no necesitan intermediarios. Si antes percibían por derechos de autor no más de un 10% sobre el precio de cada libro vendido, ahora se pueden embolsar hasta un 70 u 80% de los beneficios. Otros no lo ven tan claro: “si tengo que diseñar la portada, ocuparme de las ventas, controlar las existencias y preparar los envíos, ¿cuándo escribo?”. Allá cada cual con sus circunstancias.

LEER ARTICULO AFIN, DEBAJO, EN COMENTARIOS …

agosto 23, 2013 - Posted by | ¿Deseas escribir un libro? | , , , , , , ,

5 comentarios »

  1. Los costes de la autoedición
    Por Manu de Ordoñana el 12-09-2013

    A finales del año pasado, terminé de escribir mi segunda novela y, como no he encontrado un editor que se atreva a publicarla, no he tenido más remedio que hacerlo por mis propios medios: “Vivir de rodillas” se titula. Si quieres ver de qué trata, pincha en: http://serescritor.com/obra-manu-de-ordonana/vivir-de-rodillas/ Ya sé que no va a ser un bestseller ni recibir el Cervantes… aunque nunca se sabe. Por cierto, si la quieres comprar, lo puedes hacer en ese mismo enlace, tanto en papel (sólo para España), como en digital. Pero antes de hacerlo, te sugiero que leas la selección para que te hagas una idea del tipo de novela que es. Pero vayamos al grano, para conocer los costes de la autoedición y ver si los números cambian los conceptos.

    Autoeditor

    La obra tiene 258 páginas en formato DIN A5 (21 x 15 cms) que yo mismo he maquetado y compuesto en Word con un tipo de letra Verdana 14, que se ajusta bastante bien a esas dimensiones. Elegí un título sugestivo ─eso creo─ y encargué a un profesional el diseño de las tapas (blandas con solapa), para lo cual le proporcioné la sinopsis del libro y alguna idea de cómo enfocar la imagen de la portada. Luego entregué el material (el texto en PDF y la portada en JPG) a una imprenta para manufacturar 1.000 ejemplares. El coste total del trabajo fue de 4.000 euros ─sin contar los pequeños gastos que tuve que hacer durante el periodo de redacción─, con el siguiente desglose:

    Corregir el texto 1.200 euros
    Diseño de la portada y contraportada 300 euros
    Imprimir 1.000 ejemplares 2.500 euros

    Mi objetivo no es ganar dinero, pero sí recuperar la inversión realizada, así que lo primero que tuve que hacer fue definir el precio de venta al público (dato obligatorio para solicitar el ISBN). Ya sabes que, en España, ese precio es único para cualquiera de los canales de venta que utilices (sólo se admite un descuento máximo del 5%). Me decidí por los 13 euros (12,50 neto + 4% de IVA), aspirando a obtener un ingreso neto de 9,50 euros ─descontando los gastos de envío y el descuento a la librería (30%) y al distribuidor (40 a 50%)─ por cada libro vendido, con lo cual tendría que colocar 420 unidades para alcanzar el objetivo. Veamos cómo pretendo conseguirlo, en base a la experiencia adquirida con el primer libro, del que vendí 280 ejemplares:

    A través de este blog (120 ejemplares): Si has pinchado en el enlace, verás que el libro se puede adquirir directamente al autor en Internet, rellenando un formulario y luego yo lo envío por correo a portes pagados (por el momento, sólo a España, ya que el envío al extranjero sale muy caro). Además de las 400 visitas que recibe el blog todos los días, durante los últimos 4 años, he coleccionado una importante cantidad de emails a los que mandaré un mensaje anunciando la existencia del libro en la red.

    Librerías de mi entorno (100 ejemplares): He dejado el libro en depósito en las diez librerías (30% de descuento) más importantes de la provincia, a las que puedo llegar con mi coche para hacer el reparto, además de en la mayor distribuidora de libros en el País Vasco y Navarra (40% de descuento), que cuenta con 18 tiendas propias en el territorio.

    Presentación del libro en bibliotecas y centros de cultura (80 ejemplares): Haré al menos tres presentaciones del libro en tres poblaciones diferentes, en las que se desarrolla la novela. Tras el coloquio, el público está más dispuesto a adquirir el libro, sobre todo, si anuncias un descuento (10 euros, en lugar de 13). Basta colocar una mesa en la puerta de salida y contar con la colaboración de tu esposa.

    Venta directa en kioscos de barrio (120 ejemplares): He previsto montar una mesa a la entrada de esos kioscos de barrio que venden un poco de todo, además de periódicos, con un cartel anunciando la venta del libro a un precio rebajado de 12 euros y de 20, si se llevan los dos (éste y el primer que escribí hace 3 años, del que me quedan 120 ejemplares). Los domingos por la mañana, los vecinos no tienen prisa y quizá se dejen “engañar”, si soy un poco locuaz y les firmo una dedicatoria.

    Éstos son los canales de distribución más próximos en los que confío para alcanzar esa meta de cubrir los gastos, sin despreciar otras fórmulas que trataré de poner poco a poco en marcha, para entrar ya en beneficios. La primera será situar el libro en los portales más conocidos de venta de libros por Internet, empezando por Amazon y siguiendo con Bubok, Lulu, Books.Google, el iTunes de Apple y una larga colección de plataformas que ofrecen gratis ese servicio. El problema es que la incorporación de una obra nueva a cada librería no siempre es fácil, exige tener cuidado y estudiar los compromisos que adquieres. Por eso lo haré poco a poco y, si merece la pena, expondré aquí los resultados obtenidos dentro de algunos meses.

    Y no he hablado todavía del ebook, porque no tengo ninguna experiencia, es la gran incógnita. Ofrezco en el blog las dos novelas en cinco formatos diferentes, para dar respuesta a los diferentes dispositivos de lectura que hay en el mercado. El precio de venta es de 2,42 euros, con un margen de 1,90 euros (0,42 para pagar el IVA y 0,10 que se queda el intermediario financieros que se encarga del cobro). Este canal tiene la gran ventaja de que no tiene gastos y tampoco exige trabajo, el proceso es automático y te ingresan en la cuenta el importe neto de las ventas. No entiendo por qué los precios de los ebooks están tan altos.

    Ahora tendría que explicar también las medidas que he tomado para dar a conocer el libro, difundirlo en la red y hacerlo visible en los medios de comunicación, para que al público le suene el título y se sienta estimulado cuando lo encuentre en Internet o en el punto de venta. Pero el tiempo se ha acabado, mejor si lo dejo para un próximo artículo.

    Tomado de: http://serescritor.com/los-costes-de-la-autoedicion/?utm_campaign=articulo-255&utm_medium=email&utm_source=acumbamail

    Comentario por napoleon03 | septiembre 13, 2013

  2. Promocionar un libro
    Por Manu de Ordoñana el 20-10-2013

    Escribir, corregir, maquetar, componer, autoeditar… todo eso lo sabemos hacer, o lo podemos obtener gastando un poco de dinero. ¿Y ahora qué? La imprenta te ha enviado 500 ejemplares de la novela que terminaste de escribir hace tres meses. Ya tienes el producto, has establecido un precio (cuidado, no te pases). Pero un plan de marketing eficaz te obliga a actuar en 4 direcciones y te faltan dos: la promoción y el canal de distribución. Si te has decidido por la autoedición y quieres cosechar un cierto éxito, tienes que cerrar el ciclo y ocuparte de estos dos capítulos. En este artículo, analizaremos el primero.

    Promocionar un libro

    Antes, si un escritor conseguía publicar su libro, él se desentendía de la tarea promocional, de eso se encargaba su agente o la propia editorial. Ahora, con la autoedición, ese rol lo ha de asumir el propio autor. Él tendrá que dedicar un tiempo para dar a conocer su obra, mermando así su capacidad para abordar un nuevo proyecto. Es una trabajo que muchos escritores se niegan a realizar, por considerarlo indigno a su condición, una actitud que yo no voy a discutir. El problema es que si nadie realiza esa labor, lo probable es que no venda más de 50 ejemplares, lo que a muchos les importa un bledo, si escriben por diversión.

    Pero si el escritor quiere ganar dinero con su libro ─o lo necesita porque vive de ello─, no tendrá más remedio que aplicarse en la promoción. El comprador de un libro adopta una actitud vehemente de adquirirlo en el momento que lo asocia con un escritor del que posee una opinión favorable. Pero si nunca ha oído hablar de él, le provoca una sensación de rechazo difícil de superar.

    Mas ¿cómo un autor desconocido puede llegar a la fama? ¿por qué un escritor mediocre arrasa con un bestseller de escaso mérito y otro más exquisito no acierta a salir de la penumbra? Le falló la promoción, la publicidad, seguro. El problema es que todo eso cuesta dinero y un escritor diletante que acaba de escribir su primera novela no lo tiene. Vayamos por partes:

    Primera fase. El mercado local

    Primero acometer el ámbito local, limitado a la ciudad en que vives y quizá sus alrededores. Es importante obtener un cierto éxito allí donde la gente te conoce, al menos, para saber si la novela tiene algún mérito. Aunque los comentarios que vas a recibir de viva voz sean elogiosos, tú tienes criterio suficiente para juzgar los matices, la forma en que se dicen, para concluir si vale la pena continuar.

    ¿En qué consiste ese trabajo? En un cúmulo de pequeñas actuaciones que empiezan por darte a conocer a la prensa, tanto la escrita como la radio, contactar con los responsables de la sección de cultura, normalmente, atienden a los autores de la cantera. Un consejo: dáselo todo hecho (la foto y la biografía del autor, la imagen de la portada, sinopsis, comentarios de los colegas, reseñas de los eventos, incluso la entrevista ya escrita con la sarta de preguntas y respuestas), que no tengan que inventar nada nuevo.

    Pero antes, habrás tenido que distribuir ─sí, tú mismo, con tu coche─ los libros en las librerías de la ciudad para que los lectores interesados lo puedan comprar, tras haber escuchado un elogio en los medios, sin olvidar a esas librerías de barrio que venden periódicos y un poco de todo, sus propietarios suelen ser buenos prescriptores, incluso te dejarán un rincón de su establecimiento, un domingo por la mañana, para que vendas tu libro (con un porcentaje para ellos) y lo dediques a quien lo solicite (yo lo he hecho tres veces en mi barrio, y he colocado 68 ejemplares). Y si tienes que exponer en un mercadillo local en el que haya libros viejos, no te amilanes. Hazlo, disfrutarás de lo lindo, aunque alguno te pueda acusar de desprestigiar la profesión.

    Resulta también eficaz hacer la presentación del libro en bibliotecas y casas de cultura. Si haces propaganda del evento (carteles colocados en sitios estratégicos, prensa y radio), y cuentas con la colaboración de un presentador de prestigio, puedes conseguir hasta 50 asistentes y, a su término, vender 20 ejemplares firmados, si pones la guinda de un precio rebajado.

    Al final, se trata de armar ruido, cuanto más, mejor. El objetivo es que, a nivel local, consigas unos ingresos suficientes para recuperar la inversión, eso se consigue con 300-400 ejemplares vendidos. En esta primera parte, dedícate nada más a eso, a la promoción, es un trabajo arduo pero produce satisfacción. Y cuando lo hayas conseguido, tienes recursos económicos para pasar a la siguiente.

    Segunda fase. El mercado global

    Es el momento de dar el salto a lo global. Y aquí no hay ninguna duda, lo global es Internet. Si las nuevas tecnologías amenazan a la industria editorial, para el escritor diletante representan una oportunidad. El año pasado, los títulos autoeditados fueron más que los que publicaron las editoriales tradicionales. Y la Feria del Libro de Fráncfort, que cerró el domingo pasado dedicó por vez primera un espacio específico a este subsector, agrupado con un prometedor (o inquietante) título: la próxima generación. La conjunción entre Internet, la edición digital y la impresión bajo demanda ha empezado a dar sus frutos y los escritores han empezado a comprender que ya no necesitan a los editores, lo cual no quiere decir que éstos vayan a desaparecer, se especializarán en nichos o se centrarán en los autores consagrados.

    Hace unos meses, leí el caso de Eloy Moreno, un joven castellonense de 37 años que decidió emprender su propio proyecto editorial con su primera novela, “El bolígrafo de gel verde”. Primero, tienda por tienda, y luego a través de Internet, llegó a vender más de 3.000 ejemplares. Este éxito hizo que la editorial Espasa decidiera reeditarla en 2011 y ya se han realizado trece ediciones, con más de 100.000 ejemplares vendidos. La novela ha sido traducida al catalán, el italiano y el holandés y, recientemente, al taiwanés. Todo un ejemplo.

    Pues bien, si has superado la primera fase, se trata ahora de situar tu novela en las tiendas de venta de libros online. ¿En cuáles? En todas las que puedas. Te sugiero Amazon, Barnes & Noble, Google Play, iBookstore, Kobo, Lulu, y Bubok para los lectores de habla hispánica. ¿ Y cómo se hace eso? Los que saben dicen que es fácil, pero a mí no me lo parece, hay que tener algún conocimiento informático, si no te vuelves loco. Lo mejor, es contratar el servicio de un experto. Por menos de 100 euros y quizá un pequeño porcentaje sobre los ingresos obtenidos, lo puedes conseguir, para el amntenimiento. Pero si lo quieres hacer tú mismo, en este enlace encontrarás una buena ayuda.

    Ya tienes tu libro colgado en los portales más importantes del mundo al que acceden millones de compradores, pero oculto en un bosque de también millones de libros. ¿Crees que alguien se va a fijar en el tuyo? No. Tienes que hacer algo más. Igual te conviene hacer algo de publicidad. Creo que no es una mala idea. Existen varias formas de hacerlo sin gastar mucho dinero ─para eso tienes ese remanente que has obtenido en la primera fase─, pero explicarlo igual exige un artículo nuevo más adelante. Mientras tanto, te sugiero que leas la anécdota que nos cuenta José Antonio Espinosa en su blog.

    http://serescritor.com/promocionar-un-libro/?utm_campaign=articulo-258&utm_medium=email&utm_source=acumbamail

    Comentario por napoleon03 | octubre 22, 2013

  3. La ciudad sin librerías
    Por Manu de Ordoñana el 09-11-2013

    ¿Es cierto que el número de librerías disminuye todos los años? Eso parece, aunque no tanto. Muchas aguantan como pueden, reducen los gastos, contraen la plantilla. Otras agonizan a la espera de que se jubile el propietario. Pero la situación es grave y lo será más en el futuro, varias son las razones:

    * La crisis económica.
    * La pérdida de lectores en la juventud.
    * El cambio de modelo hacia el libro electrónico.
    * La fuerte competencia de las cadenas de venta online.
    * Y también, la piratería de libros.

    Librería Crisis

    Son motivos suficientes para que los libreros estén inquietos. Algunos, además, alegan el crecimiento de los precios de los alquileres, otros se quejan de que las ventas a universidades y bibliotecas públicas se han reducido y algunas instituciones les deben dinero. Pero todos coinciden en que el mayor peligro es el libro electrónico y la competencia de las tiendas online. Y eso que todavía el consumo de ebooks es muy pequeño ─al menos, las ventas declaradas─, aunque eso quizá sea debido a que los índices de piratería que se dan en España son inadmisibles, con cifras que multiplican por siete a las de Francia.

    Se podría pensar en algún tipo de subsidio público para aliviar los problemas de tesorería de un sector tan castigado por amenazas de tal calibre. Francia ya lo ha hecho, para evitar que sus librerías corran la misma suerte que en Estados Unidos. La ministra de Cultura y Comunicación, Aurélie Filippetti, cree que, si este canal se debilita, toda la industria editorial se resentirá, con sus efectos negativos, no sólo sobre la cultura en general, sino también sobre la economía. Y para refrendar su opinión, ha tomado una serie de medidas encaminadas a subvenir a las librerías con la creación de un fondo de ayudas por valor de nueve millones de euros.

    La prensa gala ha aplaudido la medida, pero el norteamericano Bill McCoy, director ejecutivo del International Digital Publishing Forum ─un consorcio mundial dedicado a la reflexión y al desarrollo del libro digital─ cree que la batalla está perdida para siempre. De aquí a diez años, entre el 70 y el 90 por ciento del espacio ocupado por las librerías habrá desaparecido en Estados Unidos. Y en Europa, tarde o temprano, ocurrirá lo mismo: “La librería es el eslabón más débil de la cadena y no sobrevivirá a una revolución que no ha hecho más que empezar”.

    Para iluminar el espectáculo, basta analizar el caso de Barnes and Noble. La mayor cadena de librerías del mundo anunció a primeros de este año que cerraba un tercio de sus establecimientos, manteniendo 450 de las 690 tiendas que posee en Estados Unidos, debido a la creciente caída de las ventas (en 2012, un 11% respecto al año anterior). Su intención es fortalecer la venta a través de Internet y consolidar su mercado en dispositivos digitales y tabletas a través de catálogos.

    Pero es que, además, hay otro peligro en ciernes. Los editores se han dado cuenta de que alguien sobra en la cadena de distribución y ese alguien es el librero. Por eso se han lanzado a la carrera de distribuir su producción directamente al lector, bien sea a través de la venta directa, de la creación de comunidades de lectores o de la búsqueda de nuevos canales de venta. Los libreros independientes que han dado de comer a la industria editorial lo tienen hoy muy crudo para sobrevivir. Triste paradoja.

    Todo eso para defenderse de la competencia que reciben de Amazon y Apple. Por ahora, los dos gigantes americanos se contentan con vender libros ─en papel y en digital─, pero no van a tardar mucho en convertirse en editores. De hecho ya han empezado a ofrecer el servicio “imprimir bajo demanda”, una fórmula que los escritores diletantes han acogido con esperanza. Y si eso es así, ¿no sería más lógico que esas posibles ayudas se crearan para salvar a los editores?

    Porque esa presunta ayuda a las librerías quizá no va a servir de mucho, a no ser que se reconviertan, se adapten a los nuevos tiempos. Pero, ¿qué tipo de reconversión? ¿vender también e-books, además de libros impresos? ¿Podemos imaginar una librería que venda libros digitales? ¿Por qué no? Una compañía canadiense ha desarrollado un método para transformar un libro digital en un producto tangible con el fin de que la gente lo pueda ver, tocar y comprar en la librería, pasar páginas en pantalla como si fuera un libro físico. Sería el primer paso, un signo de que el librero ha cambiado de mentalidad y se prepara para afrontar el futuro.

    Claro que esto no será suficiente para recuperar el esplendor perdido, pero podría servir como cebo para atraer a compradores curiosos, si se les ofrece un espacio social en el que compartir experiencias, conversar con el librero ─que volvería a recuperar su función prescriptora─ y salir de la tienda tras haber descargado dos ebooks en su dispositivo de lectura. De ahí a montar su propia tienda online, no hay más que un paso, dicen que no es tan difícil, solo es cuestión de actitud.

    Si esa presunta ayuda del gobierno es para ganar tiempo y conseguir que las librerías se adapten al nuevo modelo, merecería la pena hacer la prueba. Los recursos necesarios para poner en marcha un proyecto de tal naturaleza no tienen por qué ser altos. Cualquier cosa antes que someterse a la inacción. Porque la perspectiva espanta al ciudadano: ¿Puede uno imaginar lo que sería una ciudad sin librerías? Boticas entrañables en las que nos hemos sumergido durante horas para hojear las últimas novedades, para descubrir algún libro olvidado, para recuperar recuerdos de la juventud… No podemos dejarlas caer, forman parte de nuestro acervo espiritual. Mientras tanto, te sugiero que leas la entrevista que la “Universitat Oberta de Catalunya” hace en su blog a Marià Marín y Teresa Iribarren. Lo que cuentan las dos expertas abre el camino a la esperanza.

    Comentario por napoleon03 | noviembre 21, 2013

  4. Hola Manu, desde mundopalabras te felicitamos por ese segundo libro, nos gustaría compartir con todos tus segudiores el book trailer de “Vivir de rodillas”, que pueden ver en YouTube y así descubrir más sobre tu novela: https://www.youtube.com/watch?v=KWFhZaKI4NE&list=UUIugk-KJBHXSluan1NlzOow. Esperamos que os guste y os anime a leerla. Saludos afectuosos.

    Comentario por comunicacion mundopalabras | marzo 25, 2014

  5. Derecho de autor frente a dominio público
    Categoría (Derechos de autor, General) por Manu de Ordoñana el 22-05-2014

    Derecho de autor y dominio público son dos derechos contrapuestos que a menudo colisionan:
    El autor, a percibir una recompensa por el esfuerzo realizado para producir su obra, el tiempo utilizado, además del reconocimiento moral que le otorga el público que la disfruta.
    La sociedad, para acercar el conocimiento al mayor número posible de personas, fomentar el nacimiento de nuevos creadores y contribuir al desarrollo social de los países.
    Este conflicto de intereses se complica todavía más cuando aparecen los intermediarios entre el escritor y el lector, que acaparan la producción y la comercialización del objeto creado, lo que les arrastra a destinar enormes cantidades de recursos en promoción y publicidad, para recuperar con rapidez la inversión y retribuir a sus propietarios. La lógica del beneficio pervierte el objetivo del saber y se convierte en el verdadero meollo de la cuestión. Antes, las cosas no iban por ahí.
    Dominio público
    En la Edad Media, la mayoría de las creaciones literarias eran anónimas, no sólo por la falta de documentos acreditativos, sino por el papel que se atribuía a los autores, sometidos a la voluntad de las clases privilegiadas que, como financiadores de la obra, preferían silenciar la autoría, por ser información irrelevante. Lo mismo ocurría con la música, por la fidelidad del trovador a su señor feudal y la mala imagen que tenían los juglares.
    El Renacimiento alumbró una clase media que se enriqueció con la industria y el comercio, surgiendo así un consumo de bienes culturales que antes no existía. El mercado del libro adquirió volumen y la figura del autor tomó relieve. Las imprentas empezaron a protegerse de la competencia y la Iglesia ─con la venia de la monarquía de turno─ hizo todo lo posible para controlar la circulación de textos, propiciando la concentración de la producción editorial en torno al poder dominante.
    Ese monopolio provocó la aparición de impresores aforados que se atrevieron a burlar la censura estatal y sufrir la hostilidad de los gremios privilegiados. Ubicaron su actividad en la periferia ─Escocia e Irlanda para el mercado inglés; Holanda y Suiza para el francés─ y, amparados por la lejanía, empezaron a publicar textos censurados y ediciones baratas de los bestsellers del momento.
    Al principio, el Estado fue capaz de controlar esa competencia desleal, pero con el tiempo, las prácticas piratas terminaron por imponerse hasta que no tuvo más remedio que ceder y cambiar la legislación. El estatuto de la Reina Ana en Inglaterra (1710) fue el primer intento de legislar sobre derechos de autor, si bien su intención era proteger al editor más que al autor. A partir de ahí, los países de Occidente siguieron su ejemplo y adoptaron medidas más o menos estrictas para proteger la creación literaria.
    Todos contentos… hasta que irrumpió la tecnología digital. Primero fue la música la que sufrió la dentellada de la piratería con la reproducción de copias ilegales fuera de todo control, luego le llegó el turno al sector audiovisual: películas y series televisivas se bajan de Internet sin obstáculo. Y finalmente es el libro el que ha entrado en ese tráfico clandestino, aunque no a los niveles que nos quieren hacer creer los medios de comunicación.
    Pero las nuevas tecnologías no trajeron sólo la piratería, también impulsaron nuevas recetas de gestión empresarial que primero se aplicaron en la industria manufacturera, luego se extendieron a los servicios, y más tarde alcanzaron al mundo del libro. Así surgieron nuevos editores de ámbito multinacional, que ensayaron con éxito nuevas formas de producción para adecuar las tiradas a la demanda y reducir la cadena de distribución hasta el punto de llegar sin eslabones hasta el cliente final. Eso les ha permitido reducir los precios, ajustar las existencias y ofrecer un catálogo que difícilmente se encuentra en una librería.
    Éste es el verdadero enemigo de la industria tradicional, no la piratería (que, al final, se limita al libro digital cuyas ventas en España son todavía reducidas), una competencia a la que inútilmente se le ponen trabas, con la débil excusa de proteger la producción nacional para salvar unos puestos de trabajo que tarde o temprano terminarán por desparecer, en lugar de encarar el problema y propiciar la modernización de aquellas empresas que tengan alguna viabilidad. Pero no, es más fácil echar la culpa al mercado, al extranjero, o a la madre que lo parió.
    Mientras tanto, el Gobierno Español titubea y no sabe cómo guardar la cara. Ahora que el Consejo de Ministros ha presentado al Congreso el anteproyecto de reforma de la ley de Propiedad Intelectual, las críticas a su contenido han arreciado de todos los agentes implicados. Las entidades de gestión se quejan de que sus opiniones no han sido escuchadas y que el Gobierno sólo aspira a poner un parche para frenar la amenaza estadounidense de incluir a España en la llamada Lista 301, una relación de países acusados de permitir la piratería digital, aunque su lectura apunta a que el objetivo sigue siendo proteger la industria nacional.
    Los partidarios del sistema garantista sostienen que, para estimular la producción literaria, es preciso premiar el esfuerzo creativo. Con ese argumento tan simple, han convencido al poder político para legislar en su beneficio, protegidos como están por contratos leoninos en los que el autor les ha cedido para un largo periodo de tiempo ─si no para siempre─ la exclusividad en la explotación de su obra.
    Ha sido la industria la que se ha apoderado de los derechos de autor, a cambia de alguna migaja. Ella es la que hace el verdadero negocio, al amparo de una normativa que propicia el monopolio. Y al mismo tiempo, ha ido cercenando ese espacio casi olvidado en el que los ciudadanos comparten el conocimiento de manera solidaria, sin pagar royalties y que se llama dominio público. Pero esto no es nuevo… siempre ha sido así. Ya a principios del siglo pasado, Baroja se lamentaba en sus memorias de lo poco que ganaban los escritores y de lo bien que les iba a los artistas, sobre todo a los pintores.
    Es verdad que, en los últimos tiempos, algunas estrellas que iluminan el firmamento literario se han convertido en figuras rutilantes de la vida pública, pero son excepciones. Aunque sea legítimo aspirar a la riqueza, no concibo el imaginario de un poeta viciado con propósitos utilitaristas. El escritor comprometido con la mejora de la condición humana ha de estar vacunado contra la codicia y ordenar su vida en torno a unos ingresos que le proporcionen un clima sosegado para ejercer su profesión, mas no dejarse llevar por el dinero y la gloria. La literatura ha de seguir siendo el adalid de la libertad y luchar contra el avance de un capitalismo contumaz que pretende instalarse en el poder y dominar la sociedad. Malo sería que llegara a contagiarse de esa dictadura del beneficio que pulula alrededor y perdiera su sagrada misión de defender la dignidad humana.
    La legislación que se aplica hoy en Occidente es una aliada del sistema, ya que se asienta en el principio de preservar los intereses de la industria. Con el falso argumento de defender los derechos de autor y combatir la piratería, los grandes sellos editoriales están adquiriendo a un coste muy bajo la propiedad de la cultura, en menoscabo de los contenidos que corresponden al dominio público. Sería bueno que, al menos, el mundo intelectual se percatara de este hecho y dejara de tutelar la reforma de la ley que en este momento se discute en el Congreso.
    No hay que olvidar que el derecho de autor es de carácter temporal y no de propiedad indefinida, ya que su objeto es asegurar el sustento del escritor y, una vez cumplida su función, prescribe, para convertirse en patrimonio cultural de la Humanidad. En la mayoría de los países, la protección se alarga hasta setenta años después de la muerte del creador, plazo que muchos consideran excesivo, habida cuenta de que su talento no es un bien infuso. El artista ha recibido un legado intelectual de sus antepasados que le ha servido para producir su obra. Las creaciones del ser humano no salen de la nada, incorporan, en mayor o menor medida, piezas preexistentes. En ese sentido, el dominio público impone unos límites a los derechos de autor. Éste no es propietario exclusivo de su obra, sólo una parte; la otra pertenece a la sociedad. Pero ¿en qué proporción? La polémica está servida. La respuesta, en torno al baricentro del triángulo formado por los tres vértices:
    El autor, que precisa el derecho a explotar en exclusiva su obra durante un tiempo limitado, el necesario para vivir con holgura y seguir creando.
    El usuario, al que se le reconoce un derecho de acceso al conocimiento a un precio razonable, si no gratuito, para reforzar el patrimonio colectivo y fomentar así el arribo de nuevos creadores.
    El intermediario, para operar en un terreno en el que se reconozca su labor como inversor que asume riesgos, invierte dinero y percibe un rendimiento.
    He aquí lo que dijo Víctor Hugo en su discurso de apertura del Congreso Literario Internacional de 1878: “El libro, como libro, pertenece al autor, pero como pensamiento, pertenece al género humano. Todas las inteligencias tienen su derecho. Si uno de los dos derechos, el derecho del escritor y el derecho del espíritu humano, tendría que ser sacrificado, ciertamente, el derecho del escritor sería el sacrificado, ya que el interés público es nuestra preocupación única, y todos, yo declaro, tienen la prioridad antes que nosotros”.

    – See more at: http://serescritor.com/derecho-de-autor-frente-a-dominio-publico/?utm_campaign=articulo-268&utm_medium=email&utm_source=acumbamail#sthash.H7aOWD7T.dpuf

    Comentario por napoleon03 | mayo 23, 2014


Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: