Letras y alternativas

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Cuba, «Lianne», y la hemorragia de espías post ’59.

Sra Raquel Norbert

Sra Raquel Norbert


Atención correo@lanuevacuba.com, Foros Univision.com y http://baracuteycubano.blogspot.com, en relación al tema Raquel Norbert/Sacerdote Manuel Ortega.

Aún no alcanzo a determinar cuándo exactamente se publicó por primera vez este tema; apenas logro entender, por nota/enlace debajo, de “La Nueva Cuba”, que habría sido cercana a la fecha 04.13.06. ¿Por qué se hace ardua la tarea de hallar más datos en google.com y/o youtube.com? Quizás un poco cansado de las noticias sobre espías castro-cubanos en Miami, no le habría prestado atención a este tema cuando se publicitara –la famosa saga de Mario Vallejo sobre “Punto Cero”, donde se estirara por kilómetros un breve video, aburrió hasta el hartazgo–… ¿O el tema del sacerdote no tuvo suficiente cabida desde el principio? ¿Alguien cree que esta historia se está tratando de olvidar? Aunque el nombre del padre Manuel Ortega me resulta muy familiar -ojalá no sea por la coincidencia de apellido con el Cardenal Cubano-, apenas hace unos días me desayuné con los detalles de la historia que refieren los enlaces debajo. ¿Cómo podré hallar otras notas de periódico sobre el asunto?

Parece que sí tuvo relevancia y repercusiones, según nota de LNC: “Los ganadores del concurso Florida Associated Press Broadcasters para este año fueron anunciados el 8 de abril en Orlando, Florida. Noticias Univision 23 recibió el primer puesto en la categoría de Periodismo Invetigativo con la serie Sacerdote Amante y Espía, a cargo de Mario Vallejo y producido por Helga Silva, Directora de Noticias, del Canal 23 de Miami, Florida, E.U.” ¿Cómo es posible que google.com carezca de otras referencias? Saludos.

[Los 3 enlaces adicionados en texto arriba, ofrecen más detalles sobre el tema]


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Testimonio de la ex agente “Lianne”, de la Seguridad del Estado de Cuba.*

París, 18 de julio de 2008.

Mi querida Ofelia, te hago llegar este importante testimonio de como los religiosos cubanos son infiltrados por la Seguridad del Estado de la Isla del Dr. Castro.

Me llamo Raquel Natividad Norbert Téllez terminé la carrera de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en el año 1978, en La Universidad da La Habana. Comencé a trabajar en La Casa Municipal de Cultura de Arroyo Arenas, La Lisa, como Asesora Literaria en el año 1980 y allí trabajé durante 13 años.

En el mes de junio de 1983, una amiga me comentó que un Oficial de la Seguridad del Estado, buscaba a una chica educada, culta, simpática y discreta –militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC)– para realizar un trabajo de mucho interés para la revolución cubana. Ella me había recomendado a mí..

Me presentó a su amigo Jonathan, alias –Wilfredo–. Este me explicó que se trataba de una tarea que ni ella ni nadie podía conocer, que era absolutamente secreta. Me pidió que le entregara una autobiografía, que firmara un Juramento de Silencio y que me buscara un alias. Me puse –Lianne–.

Utilizaría este nombre para llamarle a su teléfono: 32-2337 y para firmar los informes que se me solicitarían cuando comenzara mi trabajo.

El mismo consistía en hacerme amiga de un ciudadano cubano, empleado de la Embajada de Venezuela en Cuba llamado Julio Gómez Hernández. La Seguridad necesitaba conocer su posición política y cuál era su visión sobre La Revolución. Su conducta y aspiraciones resultaban de mucho interés. Todo ello tenía que ser informado por mí, de lograrse el objetivo trazado.

La fecha señalada para conocerle fue el 26 de Julio, fecha de gran significado patriótico, que iba en correspondencia — según, Wilfredo–, con el trabajo que se me había asignado. Me esperaría en el Hotel Habana Libre a las 8 de la tarde. Yo debía ir vestida modernamente, por lo cual, días antes de la cita, me entregó un Jeans, una blusa, un par de sandalias altas y artículos de aseo personal.

Fui puntual y allí se encontraba el Oficial esperándome. Después de realizar una llamada telefónica me dijo que Julio (blanco, alto, apuesto), vestido con pantalón oscuro y guayabera beige, se encontraba sentado en la barra del Bar del Hotel Colina, a dos manzanas exactas de donde nos encontrábamos. Me sugirió que utilizara mis armas de mujer para llamar su atención y me deseó éxito. Hacia allí encaminé mis pasos llena de incertidumbre y con los nervios a flor de piel.

Lo identifiqué enseguida, me senté cerca de donde estaba y pedí un Mojito. Después me dirigí a él, pidiéndole que me prestara su mechero, cosa que hizo con suma amabilidad. Iniciamos una amena conversación y nos trasladamos para una mesa.

Me invitó a cenar en el restaurante del hotel. En la medida que la noche avanzaba, me cautivaba más aquel –objetivo– de la Seguridad, que podía ser hasta un agente de la CIA, como me había dicho –Wilfredo–. En mi mente surgía, con una certeza que nunca más he vuelto a tener, el pensamiento de que aquel hombre era el hombre que yo había buscado durante toda mi vida. Hubo un momento en que nos quedamos mirándonos fija y largamente… fue entonces cuando me dijo: “Hace mucho tiempo que te buscaba”. A partir de ese preciso momento, desde ese mismo instante, no sólo surgió una amistad, sino también, una HISTORIA DE AMOR colmada de dicha, ternura, complicidad, alegría, felicidad, preocupación, pecado, arrepentimiento, silencio, sufrimiento, tristeza, fidelidad, promesa, miedo.

Al siguiente día, –Lianne– redactó su primer informe… pero Raquel Norbert sentía una profunda preocupación. “Lianne” no había informado a pie juntillas, textualmente –como era de esperar de una revolucionaria militante–, todo lo que Julio había conversado con ella. Y esa fue la tónica de todos los informes que redactó. Tenía muy presente matizar inteligentemente, para no llamar la atención de los Oficiales, cuanto Julio expresaba. Jamás contar nada que pudiera perjudicar a quien se iba convirtiendo en una de las personas más importantes de su vida.

Transcurrieron unos cinco meses de amorincrescendo, de dudas y de incertidumbre. Observaba a Julio con sumo interés en todos los aspectos y algunas cosas llamaron mi atención… un día le dije que yo no creía la historia que me contaba de su trabajo en la Embajada de Venezuela; que por sus gestos, expresiones religiosas y cuidados que tomaba para que no nos vieran abrazados, ni expresándonos nuestro amor en lugares públicos, pensaba que era un Cura. De lo contrario, era un hombre casado. Le exigí que me dijera la verdad. Me confesó que era sacerdote.

De –Wilfredo–, pasó a atenderme el Oficial “Marcos” (teléfono 29-1634), y más tarde el Oficial “Fermín” (teléfono 3-7691), ya fallecido. A este Oficial le comuniqué todas las preocupaciones que tenía en cuanto a Julio. Le pedí que se me hablara claro, ya que no creía en lo que se me había dicho inicialmente y que sospechaba que estaba saliendo con un cura (nunca le dije que ya Julio me lo había confirmado). Me dijo que trasladaría mi petición a la Jefatura y que me daría respuesta.

Y mientras esperaba por ella, Julio aprovechó para darme, silenciosamente, un indicio de vínculo con los Oficiales que me habían atendido. Sólo me dijo al oído las siguientes letras: “W”, “M” y “F”. Recordé, entonces, que un día le había visto unos moretones en un hombro y que al preguntarle por la causa, me dijo que había estado de cacería. Se me unió el cielo con la tierra y lloré desconsoladamente.

Cuando fui citada para darme la respuesta prometida, no me resultó demasiado sorpresivo lo que allí me comunicaron. El lugar de reunión fue en un edificio de la calle 0 del Vedado, (Edificio Someillán), muy cerca del Hotel Nacional, en el piso de una señora que le decían “La China”. Me llevó en su coche “Fermín” y allí se encontraban “Wilfredo” (debo decir que este hombre tenía un hermano Pastor), y dos Oficiales más que yo no conocía. Si no recuerdo mal uno se nombraba “Hiram” y el otro, de más alto rango, “Máximo”. La China nos abrió la puerta y desapareció.

Al cabo de unos 15 minutos llegó Julio. Entonces, el tal “Máximo” me dijo: “Te presento al Padre Manuel Antonio de Jesús Ortega Hernández y al, también, Teniente “Ramiro” del Departamento de la Seguridad del Estado. Y fueron muchas las palabras elogiosas hacia el compañero “Ramiro”, hacia la Revolución y hacia mi persona. Me felicitó por mi inteligencia al darme cuenta de cuál era le verdadera profesión de Julio y por haber cumplido con el trabajo que se me había asignado, instándome a llorar de emoción y orgullo revolucionario, pero yo ya había llorado desconsoladamente y no por orgullo precisamente.

También “Máximo” me comunicó que, como ya conocía toda la verdad, yo pasaba a ser P.C. (Persona de Confianza) de la Revolución Cubana. Debía tener presente que había firmado un Juramento de Silencio y que si no cumplía con él, se consideraba Traición a la Patria, ya que el tema era considerado un Secreto de Estado. Estaba seguro de que, si era descubierto, Cuba se vería envuelta en un escándalo internacional, donde intervendría directamente el Vaticano.

Ya no tendría que redactar más informes. Sí seguiría identificándome como “Lianne”, si llamaba, por alguna cuestión importante, al Oficial que me estuviera atendiendo ya como la mujer de “Ramiro”.

Nos fuimos de aquel lugar Julio, es decir, Manuel Ortega, alias “Ramiro” y yo juntos, rumbo a las playas del Este de La Habana, buscando hablar al aire libre. Desde aquel momento se nos acrecentó el miedo de hablar en lugares cerrados por el temor de que se nos estuviera grabando. Digo acrecentó, porque instintivamente siempre habíamos tenido ese temor. Nos hicimos más cómplices, nuestro Amor se hizo más inmenso y también el miedo de que trataran de separarnos. Sabíamos que nuestra aspiración de unión nunca sería aceptada porque significaba el fin del trabajo que la Seguridad le había encomendado a él.

Teníamos claro que, pese a su sincera y ferviente fe religiosa, el sacerdote Manolo podía “colgar los hábitos”. Pero al Teniente “Ramiro”, quien recibía entrenamiento militar en Barbosa, cerca de La Playa Santa María del Mar (por eso sus moretones en un hombro), no se le permitiría jamás que renunciara por ninguna causa –menos por amor– , a su condición de agente de la Seguridad del Estado. Y días más tarde, pudimos comprobar que estábamos en lo cierto…

Nos reunimos con “Máximo”, en un plano mucho más familiar, en una casa del Casino Deportivo. Allí me enteré que su verdadero nombre era Miguel Sautié. Estuvo hablando a solas con nosotros. Nos dijo que nuestra relación de amor tenía que ser muy bien llevada, que teníamos que mantener una discreción absoluta, debido a que Manolo era un sacerdote “episcopable”, por lo que la Seguridad aspiraba a que llegara a ser Obispo, Cardenal y hasta Papa. Que nunca se nos perdonaría si ese trabajo se echaba a perder por causa de nuestra relación, o por cualquier otra causa. Lo primero para un revolucionario tenía que ser la Revolución.

Seguimos el transcurso de nuestras vidas y nuestro inmenso amor, lo más prudentemente posible (más por parte mía que por parte de Manolo), pues sus escrúpulos de conciencia se iban haciendo mayores y, por tanto, su rechazo hacia aquel trabajo. Cada día nos amábamos más y él confiaba más en mí. Creo que influyó en esto, el hecho de haber podido leer, en sus reuniones como Agente (en una casa situada en Altahabana), los informes que entregaba “Lianne”. Se había dado cuenta de que en ellos nunca aparecían los comentarios que me hacía sobre cosas que podían ser comprometedoras y perjudiciales para él. Lo tomó como una prueba de amor y fidelidad de parte mía.

Así me contó toda su historia, la que trataré de resumir aquí en pocos renglones:

Procedía de la provincia de Las Villas, exactamente de la calle Conyedo, 60 entre Luis Estévez y Maceo, Santa Clara. Hijo de padre español y madre cubana profundamente religiosa. Su núcleo familiar era muy pequeño: un solo hermano, casado, con dos hijos, su abuela y su tía (maternas), casada ésta última, nadie más.

Entró al Seminario para hacer la carrera Eclesiástica desde muy pequeño. Fue alumno brillante y ejemplar. Como muchos seminaristas, experimentó las crisis de índole vocacional, características de este tipo de estudiante. Abandonó el Seminario en dos ocasiones por diferentes causas, una de ellas, su vocación por la carrera de Medicina, la otra, sus dudas ante el Celibato.

Era un jovencito de ideas progresistas, de alma noble y solidaria y una personalidad sumamente dinámica, entusiasta y alegre. Asistía con sus compañeros a los cortes de caña programados por el Seminario. Allí fue donde conoció a Miguel Sautié y éste, percatándose de las cualidades que adornaban a aquel adolescente, le siguió los pasos, se ganó su confianza y se hizo su amigo y protector.

Asistió al Encuentro Cristianos por el Socialismo, realizado en Chile en el mes de abril de 1972. A su regreso ya tenía programadas reuniones con su “padrino” Miguel Sautíé y Felipe Carneado, Jefe de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central, teléfono 79-6511, pero no sospechaba aún que era “objetivo” de la Seguridad del Estado.

En una de las ocasiones en que Manolo dejó el Seminario, Miguel Sautié le ayudó a entrar en la Facultad Obrero Campesina “Julio Antonio Mella”, situada en la Calle L, entre 23 y 25, en el Vedado, ya que los estudios realizados en el Seminario no le servían para entrar en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana. Estudiaba en dicha Facultad por las noches y trabajaba por el día en el Policlínico de Coco y Rabí, en la barriada de Lawton. Miguel Sautié le resolvió ese trabajo para que estuviera vinculado al Ministerio de Salud Pública, condición que le daría el derecho de hacer la carrera deseada sin cuestionamiento alguno. También tendría la ayuda del entonces Decano de la Facultad de Medicina, un tal Vila, conocido o amigo suyo. Eso le decía…

Los padres de Manolo veían a Sautié como el hombre que quería y cuidaba de su hijo por las excelentes cualidades humanas e intelectuales que poseía. Lo veían como el Padrino que velaba por el bienestar y el futuro de Manolito.

Viviendo en la Iglesia de la Caridad, muy unido al Padre Benigno, hizo amistad con unas ancianitas que vivían en: Calle 39 #4212 entre 42 y 44, Marianao. Para allí se trasladó a vivir y las ancianas le hicieron un testamento, dejándole el apartamento.

Pasó el tiempo y la ayuda de Miguel para que Manolo comenzara sus estudios de Medicina nunca se materializó. Así retorna nuevamente aquel joven soñador a su Seminario. Con la alegría que produce el regreso de un hijo querido a su hogar, fue recibido por sus maestros, compañeros y amigos del Seminario de San Carlos. Miguel le animó para que siguiera su carrera Eclesiástica.

Y seguramente fue un día feliz para él. Manolo retomaba el rumbo adecuado a sus intereses. Dada la certeza y cercanía de la Ordenación de Sacerdote de su “querido” Manolito, podría darle a conocer el verdadero objetivo que lo había motivado a prodigarle tanto cariño, desvelo y promesas durante no pocos años. Estaba por terminar una larga y paciente labor que le reportaría muchos méritos en su trabajo.

Cuando ya era inminente la Ordenación, citó a Manolo para hablar sobre un asunto muy serio. Comenzó diciéndole que Curas con las condiciones de él no había. Se refería a la inclinación de Manolito hacia la izquierda, por su participación en el ya mencionado Evento realizado en Chile. Elogió su inteligencia, su vocación, su gran amor hacia sus padres y sus aspiraciones de tenerlos bien, de traerlos para La Habana, y un largo etcétera.

Le prometió darle una casa en el Casino Deportivo bajo la fachada de una permuta de dos por una: la casa paterna de Santa Clara y la que le habían dejado las ancianitas, para que trajera a toda su familia. Se incluía ayuda discreta en la reubicación laboral de su hermano y cuñada. También se le asignaría un salario de 650.00 pesos y 600 litros de gasolina mensuales para sus desplazamientos. Le dijo que, como lo del celibato era uno de los aspectos que más le habían hecho dudar al tomar la decisión de hacerse Sacerdote, tendría las mujeres que deseara (presentadas por él), con habitaciones en hoteles, en casas del Reparto Hatabey, La Veneciana, en Centros turísticos de las Playas del Este, etc., reservadas para sus encuentros. Le pagarían todos los gastos y le garantizarían absoluta discreción.

Todo esto y más se le daría si él aceptaba trabajar, dentro de la Iglesia, para la Seguridad cubana –que lo pensara, y que pensara también, en las consecuencias que podía traerle, dada su condición de creyente, negarse a cumplir con una Misión asignada por la revolución cubana.

Manolo no lo pensó mucho. Era cierto que siempre había sentido inclinación hacia la izquierda y que sentía simpatía por la Revolución, ya que admiraba los logros alcanzados por ella. Todo lo prometido representaba ver cumplidas sus más caras aspiraciones en cuanto a bienestar de su familia se refería. Además, sintió miedo por las consecuencias que podía traerle el negarse a realizar la “sugerente” misión revolucionaria.

Aceptó cuanto le había propuesto su “bueno y preocupado amigo”. Manolo, ya bautizado como “Ramiro” (segundo nombre de su único hermano), en presencia de la Seguridad Cubana –que tomó todas las fotos de la Ceremonia–, se Ordenó de Sacerdote, el día 12 de diciembre de 1976, en la Catedral de La Habana, junto a Ramón Suárez Polcari, René Ruiz Reyes y Norberto A. López Rey.

Comenzó su “doble vida” el ingenuo y por qué no, cobarde joven cubano, de corazón noble y carácter entusiasta y alegre. Fue situado en la Parroquia de San José, en el pueblo de Güira de Melena, en la Provincia Habana. Oficiando también su Ministerio en La Salud y El Gabriel, alternativamente. La feligresía de esos pueblos le adoraba.

Muy pronto comenzó a sentir ciertos escrúpulos de conciencia, pero que aliviaba pensando que el Socialismo era el sistema que posibilitaba la igualdad del ser humano. El acceso a la educación, la salud y la cultura era un derecho de cada ciudadano; todo lo contrario de lo que había visto en su visita a Chile. Representaba el bienestar y el progreso de todos los hijos de Dios. Sin embargo, no tardó en descubrir que todo lo que le animaba y le hacía sentir menos “sucio”, se lograba a cambio del derecho más esencial del hombre: su libertad. Se arrepentía desde lo más profundo de su corazón del paso que había dado, pero sabía que no había marcha atrás. Siguió su camino de pecador, sonriendo públicamente y llorando lágrimas de sangre en la soledad de su Casa Parroquial. Y cuando llegué yo a su vida, sobre mi regazo, mi pecho, mis hombros… ¡¡¡cuánto sufrimiento en aquel hombre!!! ¡Qué pena tan profunda le embargaba!

Con el transcurso del tiempo, conocí a otros oficiales: “Roberto” (teléfono 32-2337 y 30-0455) y “Dámaso”, con alto rango militar en Villa Marista (teléfono 32-2285 y los de LaGuardia: 7-1774, 32-8844 y 32-3986). Aquí cabe decir, que cuando se le dio la casa del Casino Deportivo a Manolo y su familia, le fue entregado el apartamento heredado por Manolo en Marianao al Oficial “Dámaso”. Se acercaban a mí para saber cómo marchaba nuestra relación y para que yo aconsejara a Manolo para que no cometiera imprudencias que pudieran afectarle en el buen ejercicio de su “trabajo”, como Sacerdote y como Agente de su Departamento.

Seguimos nuestras vidas lo más inteligentemente posible: nos cuidábamos de la Iglesia y de la Seguridad. El Amor nos brotaba por cada poro … nos sentíamos felices de que Dios, pese a lo pecadores que éramos, nos hubiera dado la oportunidad de conocernos y amarnos. Cada martes (su día de asueto como solía decir él), de todas las semanas, de todos los meses, de todos los años que estuvimos unidos, nos íbamos para los lugares que la Seguridad nos seleccionaba para nuestros encuentros. Pero, después, todo el tiempo libre de que disponíamos, también lo pasábamos juntos. Lo mismo estábamos en mi apartamento de Playa, que en su casa del Casino Deportivo, que en la Casa Parroquial de Güira de Melena. Siempre pensamos que la Seguridad no conocía de esto, pues nunca nos llamaron la atención, cosa que era de esperar, porque podía traerle problemas a Manolo en la Iglesia.

Mientras, Manolo hacía la carrera de Teología a distancia. Desde Madrid le llegaban, a través de la Iglesia, las carpetas con las materias que debía estudiar, desarrollar y examinar. Yo hacía de alumna y profesora a la vez, según lo requiriera él. Sus notas fueron sobresalientes. Siempre admiré la capacidad que tenía para asimilar los estudios, pese a las circunstancias que marcaban su vida. La propuesta de venirse a España a estudiar no se hizo esperar y con ella llegó la única oportunidad que tenía para desertar de las filas de la Seguridad, de escapar de aquel “cerco maldito”, que le hacía sentir repugnancia de sí mismo.

Lo primero que hizo Manolo fue plantearle a la Seguridad que quería que yo me viniera a España con él. Que se inventara cualquier pretexto que justificara mi viaje. Era nuestro sueño. Manolo estaba dispuesto a “colgar los hábitos” para casarnos y dar a conocer públicamente los vínculos que lo habían unido a la Seguridad cubana.

No fue aceptada su petición, pero sí se le prometió que me mandarían a España para verle. Ante esta posibilidad, acordamos que iría haciendo la carrera de Derecho Canónico propuesta, mientras esperaba que yo me uniera a él. Si no sucedía, al terminarla, él se iría a Miami y nunca hablaría del tema en cuestión, para que no me prohibieran salir de Cuba cuando se me diera la oportunidad. Claro que yo tendría que mantener la más absoluta discreción antes y después de su deserción. Era muy importante lograr que la Seguridad siguiera confiando en que esa historia jamás saldría de mi boca. Seguiría su vida de Sacerdote y trataría de convivir con el sufrimiento que le provocaría el no tenerme y el miedo a las represalias que pudieran tomar por su actitud. Pensaba que podían llegar a asesinarlo y me hizo prometerle que haría pública nuestra HISTORIA si esto pasaba, o si la muerte le llegaba por designio de Dios. Tendría que hacer todo lo posible por llevar al Vaticano, ante el Papa, los Hábitos que usó el día de su Ordenación y pedirle que perdonara sus pecados. Quería que le pidiera al Santo Padre que bendijera esos Hábitos y que siempre los tuviera conmigo… ellos representarían su Amor a Dios y a mí, aún después de muerto.

Para lograr todo esto, me dijo que buscara siempre a una persona que merecía toda su confianza, un amigo de Seminario que residía en Madrid al cual busqué en el mes de junio de 2003, me reuní con él y le conté la historia. Me llevó ante un compañero de Partido y me indicaron que escribiera todo y que buscara testigos. (Cumplí con lo indicado, pero cuando le volví a llamar me dijo que ya no le interesaba porque consideraba que hacer pública toda esta historia dañaría la imagen de su amigo sacerdote, que defraudaría a muchos feligreses que creyeron en Manolo…él es un feligrés activo. Nunca más le volví a llamar, y es por esa razón que estoy buscando nuevas vías… ).

Manolo y yo inventamos el lenguaje que utilizaríamos en nuestras conversaciones telefónicas y en nuestra correspondencia para referirnos a la Seguridad y a los Oficiales. Le pusimos nombres de personas a diferentes partes de nuestros cuerpos. Pertenecían a personajes de una novela brasileña que era transmitida en la TV cubana en esa época…buscábamos decirnos las cosas más íntimas lo más disimuladamente posible. Quedamos en que yo debía insistirle en que fuera a Cuba a verme en cuanto pudiera y que al terminar la carrera regresara de inmediato. El también debía de comentar su ansiedad por el regreso y lo que padecía estando lejos de su Cuba y de mí. Insistiría, sobre todo, en la falta que yo le hacía en Madrid. Sabíamos que la correspondencia y las llamadas iban a estar controladas por la Seguridad y no podíamos despertar ningún tipo de sospechas. Y como siempre dudamos de que la Seguridad me mandara a España, dábamos casi por hecho que él, finalmente, se iría para Miami. Ya allí, sólo nos mantendríamos en contacto a través de personas de mi confianza que viajaran allá. Eliminaríamos las llamadas y la correspondencia… yo, viviendo en Cuba, tenía la obligación de apartarme del DESERTOR.

Siempre se preocupó en grado sumo por mi bienestar y el de mi familia, principalmente de mi hija y mis padres. Cuando nos conocimos yo vivía en un apartamento pequeño, que un hermano mío (miembro de las F.A.R.), nos había conseguido en Calle 21 #5211, Apto-1, entre 52 y 52, Municipio Playa. El quería dejarme, en mejores condiciones de vida… Por esta causa habló con su hermano y su cuñada para permutar la casa del Casino Deportivo por dos: una para ellos y la otra para mí.

Su hermano, profundamente disgustado, buscó las dos casas y le ofreció a Manolo la peor. Manolo no la aceptó y seleccionó la mejor para mí. Esto trajo como consecuencia la ruptura de su relación con nosotros, hasta tal punto, que tuvo que salir de Cuba sin despedirse de su corta y querida familia. Más sufrimiento para su pobre corazón. Y para mí, la pérdida de la parte, que de Manolo, quedaba en Cuba, menos consuelo para el dolor que su partida provocaría en mí.

Un mes antes de la fecha señalada para su partida, Manolo trasladó todas sus pertenencias para nuestra casa, que también era en el Casino Deportivo. Lo hizo imprudentemente, pues se valió de la ayuda de algunos feligreses de Güira de Melena. Incluso le pidió a la señora que cuidaba de él en la Casa Parroquial que se quedara cuidando de mí. Ella ya me conocía, aceptó y vivió en mi casa durante varios años. Alguien que participó en la mudanza lo comentó en el Obispado. La Seguridad nos llamó la atención por tal osadía.

Tuvo una reunión el día antes de su salida, si mal no recuerdo, con el Oficial “Marcos” o “Roberto”. No me enteré de lo que hablaron. Sólo sé que el Oficial abrió, leyó y volvió a cerrar, una carta que un Dentista de apellido Marrero –que le había arreglado la boca a Manolo–, mandaba para España. Y que en una agenda y en la memoria de Manolo, quedaba escrito y grabado el nombre de Anabel Rodríguez –hija de Carlos Rafael Rodríguez– y su número de teléfono en Madrid.

El Oficial “Dámaso” me haría llegar el salario mensual de “Ramiro”. También podía recoger en la gasolinera, sita en Santa Catalina y Mayía Rodríguez, los bonos de la cuota de gasolina que le tenían asignada, ya que él también me dejaba una moto para mi uso personal.

Manolo salió rumbo a Madrid el día 13 de septiembre de 1986. Llorando todos, los despedimos mi hija, mi padre (fallecido el año 2001) y yo, ¡¡¡cuánta tristeza invadió mi vida!!!

Los años que pasó en Madrid fueron muy duros, me comentaba que no sabía como era capaz de sacar sus exámenes. Se sentía muy solo y no se adaptaba a estar sin mí. Dudaba si lograría cumplir con lo que habíamos acordado; quiso ir a Cuba, pero ni la Seguridad ni la Iglesia dieron su visto bueno… en fin, las llamadas eran diarias entre nosotros y nuestro sufrimiento era espantoso. Yo estaba en manos de Psiquiatras y él me comentaba que se sentía algo raro en el corazón. En la medida que pasaba el tiempo nos íbamos convenciendo de que nuestra separación era para siempre. Nuestras vidas, lejos el uno del otro, eran un verdadero calvario…

El estado anímico de Manolo había empeorado debido a lo mal que lo había pasado por causa de una deuda grandísima que había adquirido con Telefónica por las llamadas que me hacía y porque el Cura Pedro González Capdevila había descubierto nuestra relación y se lo había comunicado al Obispo de La Habana, Jaime Ortega Alamino. No obstante, cuando terminó sus estudios, tal y como lo habíamos acordado, Manolo se fue a Miami…

Fue a verme “Dámaso” para pedirme que utilizara toda la influencia que mi Amor podía ejercer sobre él, para hacerlo volver a Cuba aunque fuera por unos pocos días. Que le dijera que ellos necesitaban reunirse con él y que se valoraría la posibilidad de mi salida de Cuba para que me tuviera cerca…

Yo le prometí que lo haría y lo hice a través de una llamada telefónica, pero le mandé a decir con alguien que fue a Miami que no volviera ni loco.

Durante un tiempo, no muy largo, siguió haciéndome llegar el salario de Manolo y siempre me insistía en que no estaba obrando bien y que le pidiera que viniera a Cuba, a lo que yo le decía que ellos sabían que ya casi no teníamos comunicación para cuidar su imagen de Sacerdote que se había visto seriamente dañada por haberse descubierto nuestra relación…

Un día “Dámaso” quedó en recogerme en la esquina de mi casa para hablar conmigo. En su propio coche me comunicó que “Ramiro” había desertado de las filas de la Seguridad cubana, que era un TRAIDOR. Había traicionado la confianza que la Patria y la Revolución habían depositado en él. Yo le dije que no creía lo que me estaba diciendo, que Manolo era incapaz de hacer tal cosa; que yo consideraba que lo estaban apartando de mí por sus propios intereses y que le iba a escribir a Abelardo Colomé Ibarra para contarle que no habían cumplido con la promesa que nos habían hecho de llevarme a España a verlo… Y de verdad le hice una carta al Ministro pidiéndole una entrevista… pero nunca me respondió. No sé no porqué dije todo aquello; creo que fue buscando proteger a Manolo.

Tenía mucho miedo a las represalias… No volví a ver a “Dámaso”.

Con la misma persona que le mandé mi primer mensaje, Manolo me mandó su dirección para que se la entregara a su hermano, diciéndole que allí estaba para lo que le hiciera falta. Habían pasado cuatro años durante los cuales no habían tenido relación alguna. Me pedía que aprovechara la ocasión para restablecer mi relación con su familia. Visité a Pepe, le entregué la dirección enviada y le dije lo que Manolo quería. Me atendió educadamente y sostuvimos una larga conversación sobre todo lo acontecido entre nosotros, pero nunca más nos volvimos a ver. Pasado un tiempo, me enteré que había ido con su mujer de visita a Miami y se habían quedado, reclamando a sus dos hijos con posterioridad.

Yo no lograba aceptar la ausencia de Manolo. Con él se había ido la parte derecha de mi cuerpo, la más importante porque soy diestra. Me encontraba con tratamiento psiquiátrico permanente debido a mis estados depresivos y de ansiedad. Hice muchas cosas a sus espaldas para irme a Miami: contraté una salida clandestina, invirtiendo una gran cantidad de dinero que perdí sin enterarme nunca si me habían estafado o qué había pasado… mi mente no me daba para averiguarlo, me contentaba con la suerte de no ser descubierta por la Seguridad. Aunque ya no tenía contacto con Oficial alguno, siempre me sentía vigilada. También le pedí a una buena amiga que residía en Miami, después de contarle mi historia de amor con el sacerdote, que me mandara una carta de invitación para viajar allá. Así lo hizo, pero la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, me negó la visa. Para estos gastos compré cierta cantidad de dólares a una persona de Miami.

Un compañero de trabajo y gran amigo mío, que iba a salir de Cuba como refugiado político, se casó conmigo para ayudarme a lograr mi objetivo. Conocía perfectamente en qué estado me encontraba desde la partida de Manolo. Los funcionarios norteamericanos argumentaron que no había hablado de la relación que mantenía conmigo en su primera entrevista y que me reclamara al año de encontrarse en territorio de Estados Unidos. Lo hizo y nuevamente me negaron la visa. Tal parece que Dios, no permitía que nos volviéramos a encontrar.

Cuando este amigo y “esposo” mío llegó a Miami, enseguida se puso en contacto con Manolo. Ellos eran amigos y Manolo le contó la parte que no conocía de nuestra relación y le pidió que mantuvieran una discreta amistad (por su propio bien), debido a la circunstancia en que se encontraba. Por esa época, Manolo estaba escribiendo un libro sobre nuestro amor. Mi amigo tuvo la suerte de ver el manuscrito. Se veían esporádicamente y siempre le notaba muy nervioso. Nuestro Gran Amigo se llama Roberto Uría Hernández.

Conocí a un español, que me propuso matrimonio. Había llegado mi oportunidad de salir de Cuba. Era la más idónea porque no abandonaba el país por problemas políticos. Desconfiando en que me autorizaran la salida, localicé al Oficial “Wilfredo” a través de la misma amiga que nos había presentado. Le planteé el asunto y me felicitó por haber “olvidado” al TRAIDOR. Me dijo que él creía que no tendría dificultad, que seguramente el Ministerio del Interior me investigaría como a cualquier ciudadano cubano que abandona el país temporalmente, pues yo solicitaba permiso de residencia en el exterior por matrimonio.

Me divorcié de Roberto, utilizando unas cuartillas en blanco que me dejó firmadas antes de abandonar el país, por si se me presentaba una oportunidad como ésa. Me casé con José López Gil, no sin antes haberle contado mi Historia de Amor solamente. No le oculté mi situación sentimental porque no quería engañarle.

Llegué a España el 27 de octubre de 1997. Roberto Uría se lo dijo y Manolo le entregó cierta cantidad de dinero para mí, que en muy pocas ocasiones, he utilizado. En enero hará dos años que abandoné a José. Por más que lo intenté, no pude rehacer mi vida… Manolo siempre ha estado en mi corazón y en mi mente…

A principios del mes de agosto de 1999, recibo una llamada de mi hija dándome la noticia de su fallecimiento. No tengo palabras para expresar lo que sentí…La noticia había llegado a Güira de Melena y la señora que él había dejado haciéndome compañía en nuestra casa, la llamó para decírselo…

Ha sido la única ocasión en que mi hija me ha llamado desde que vivo en España, pues siempre ha esperado a que sea yo la que le llame. Ya había verificado la noticia con Alfredo Petit, sacerdote de la Iglesia de Paula, en la Víbora, muy cercana a mi casa y adonde acudía mi nieto Manolito todos los domingos. Mi gran amor había muerto el día 25 de julio en Miami, víctima de un infarto.

Unos días después mi hija me hizo llegar la dirección de Pepe. Le escribí, pero nunca respondió mi carta.

Roberto hacía un tiempo que no se encontraba con Manolo y se enteró de su muerte por una llamada mía.

En cuanto me otorgaron la nacionalidad española viajé a Miami. Fue Roberto quien llamó a Pepe para decirle que yo me encontraba allí y que me interesaba hablar con él. Hablamos por teléfono. Me contó que Manolo había comenzado a sentirse mal y que había ido al médico. Este le había descubierto que tenía en muy mal estado el corazón y le mandó a realizar un cateterismo. Manolo no quiso hacérselo y se negó a recibir cualquier tipo de tratamiento hasta que falleció. Al preguntarle yo cómo él le había permitido que hiciera eso, me dijo que no lo podía obligar y que la relación entre ellos jamás volvió a ser igual. Pepe había recibido mi carta, pero me comentó que no se había sentido en condiciones de contestarme. Me dio los datos del Cementerio. Roberto me llevó al otro día a ponerle un ramo de rosas amarillas… fue cuando tuve realmente consciencia de que Manolo había muerto. Se hizo más fuerte y permanente mi necesidad de cumplir con su deseo para que descanse en Paz, la Paz que perdió desde que se convirtió en el Agente “Ramiro”.

El Sistema cubano arruinó nuestras vidas…

Quiero, además, hacer pública esta HISTORIA, en memoria de todos los cubanos que han encontrado la muerte, ya atravesando, en precarias embarcaciones, las 90 millas que separan a Cuba de las costas de la Florida, ya fusilados por Fidel Castro, por buscar una solución para sus vidas… y porque creo, firmemente, en que será el grano de arena que, Manolo y yo, podemos aportar en beneficio de los cubanos que se encuentran encarcelados por su lucha en pos de la instauración de la Democracia en Cuba, y en el de los millones que tienen irremediablemente arruinados sus espíritus y sus vidas…

En septiembre pasado volví a Miami para hablar con Roberto y otro amigo nuestro que también conoce la historia … fui a rogarle sus testimonios para lograr mis propósitos. Roberto me lo ha enviado y está dispuesto a caminar, codo con codo, conmigo hasta donde haga falta. Mi otro amigo parece que se ha arrepentido, tiene hijos y pienso que quizás por ellos haya cogido miedo. Le respeto su decisión, por supuesto.

Yo siempre he tenido miedo de hacerlo, pero el transcurso de los años me ha convencido de que no puedo tener ni presente, ni futuro, si no cierro totalmente mi pasado. Siento que ha llegado el momento. Busco, con este acto de “exorcismo”, poder encontrarle un sentido útil a mi vida…

Raquel Norbert”.

Un abrazo,
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octubre 9, 2013 - Posted by | Cubanología y ESPIONAJE | , , , , , , , ,

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