Letras y alternativas

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Sátira a los hippies, según los nietos generacionales

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Interesantes confesiones, que provocarían jolgorio y elevación de codos, por horas; sí, se equivocaron tantas veces como abrieron sus bocas para condenar a unos y aupar a otros. Las riendas sueltas de aquel libertinaje, hoy provocarían la risa a que invita el artículo de Itxu Díaz -publicado debajo-, si no nos vendiera un #CheGuevara asesino “por culpa de los libros”. El autor pasa por alto los testimonios fílmicos, las declaraciones de las víctimas de aquel, los cientos de legajos probatorios de todos los horrores concernientes. Mis abuelos y tíos, no tuvieron intenciones ni oportunidades de jugar al «hippismo», después de aquella revolución ’59 que nos dejó el Guevara en el laboratorio eslavo-cubano; las represiones y atropellos estatuidos en la prédica del Che, nunca fueron “culpa de libros posteriores”, señor Itxu Díaz. Son magistrales sus declaraciones -lo intuí desde niño-, que para aquellos abuelos, “el imperialismo sonaba muy poco francés y demasiado norteamericano”, sin preguntarse el por qué la izquierda francesa no defendiera el prestigio de quienes los liberaron en época reciente, del fascismo alemán; la otra, esa fascinación por la “apropiación de lo ajeno”, que le insufla a los abuelos rebeldes, aún en el supuesto de la primera persona en que se habría redactado el artículo, o la insinuación de mea-culpas redentores. Ja, eso sí me hizo reir, aunque los nietos de hoy sigan confusos, respecto de algunos detalles de la historia.

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LA GENERACION CONFUSA [POR ITXU DÍAZ PERIODISTA Y ESCRITOR SATÍRICO/03.20.14/ 17:47]

Ahora el Che aparece en los libros como un asesino y nuestros ídolos visten de militares, ostentan cargos, y obligan a la gente a formar en fila bajo el sol. [@itxudiaz] 

Era perfecto. Teníamos una VW Vanagon azul con margaritas blancas, unas novias con el pelo muy largo, muy enredado, y muy rubio, y una densa nube de marihuana encima. Rasgábamos la guitarra insistentemente cantando cosas de Lennon, y en general, nos daba todo igual siempre y cuando hubiera cerca algo que se pudiera abrazar. Teníamos cerveza y estábamos tan a favor de la paz que nos pasábamos el día bebiendo para celebrarlo. Resolvimos todos los males del mundocon un poco de hierba, tabaco de liar, y un par de pintadas. 

Habíamos elaborado un discurso político infalible: “Déjame en paz”, y estábamos seguros de que las guerras son malas porque allí la gente se muere, y que supiéramos, la gente muerta no puede fumar flores, ni bailar canciones de Bob Marley. He conocido a algún muerto capaz de bailar Bob Marley pero no recuerdo si fue antes o después de aquella fiesta con la que reeditamos el verano del amor en casa de una pariente lejana de Goa Gil.

Paz. Prosperidad. Igualdad. Libertad. Todo imperialismo nos parecía horrible: no en vano, habíamos leído mucho sobre la caída de Roma. De hecho, lo sabíamos todo sobre aquel equipo en el que Capello era centrocampista. Y en general el imperialismo sonaba muy poco francés y demasiado norteamericano, y eso era lo contrario de lo que queríamos. Eso, y que alguien ahorcara al idiota de las rastas que, sentado en un árbol, recitaba sin descanso versos de Allen Ginsberg. 

Nos acusaban de carecer de cultura y era falso. Nadie había cuidado la agricultura como nosotros, al menos en lo que se refiere a los cultivos individuales iluminados con luz roja. En cuanto a nuestra frivolidad, recuerdo que una vez leímos algo y no era el manual de uso de la Volkswagen. Nos fuimos a París sólo para enviar un tuit diciendo que estábamos buscando la playa bajo los adoquines. El golpe al llegar fue terrible: nadie había inventado Twitter en 1969. Eso demuestra que Dorsey era un maldito fascista. 

No sé qué ha pasado. Después de años hipnotizados por el comunismo de grafiti y peace-and-love nos hemos despertado en un Lincoln Continental Convertible junto a un hotel de lujo. No hay alternativa. O nuestros traseros reposan sobre cualquier escaño, o nos dedicamos a hacer pulseras para ricos en Ibiza, Cancún, o en cualquier lugar donde ser hippy sea lo suficientemente chic como para que el negocio de las malditas pulseritas de conchas resulte rentable.

Hasta hemos aprendido a usar el champú. Se ha perdido todo. Ahora el Che aparece en los libros como un asesino y nuestros ídolos visten de militares, ostentan cargos, y obligan a la gente a formar en fila bajo el sol. Quizá nos hayan traicionado. Luego se lo confirmo. Que ahora llego tarde a la fiesta de Asley en Beverly Hills y he de ponerme esa túnica blanca y el colgante de oro con forma de hoja de marihuana que tanto me favorece. No he preguntado al anfitrión si vendrán los Castro, Morales, Kim, Kirchner, y toda la banda. Seguro que acabamos borrachos y expropiando algo al azar como en los viejos tiempos.

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marzo 26, 2014 - Posted by | Archivo/ARTICULOS | , , , , , , , , ,

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