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Alfredo Guevara ICAIC: “No creo que mi pueblo valga la pena”

Alfredo Guevara, uno de los más comprometidos con el castrato cubano.

Alfredo Guevara, uno de los más comprometidos con el castrato cubano.

ENTREVISTA CON ALFREDO GUEVARA [COMENTARIOS EN LETRASLIBRES.COM AL FINAL]

“No creo que mi pueblo valga la pena”

Por Abel Sierra Madero y Nora Gámez Torres

Mayo 2014

Alfredo Guevara (1925-2013), una de las figuras más influyentes de la política cultural de la Revolución cubana y amigo personal de Fidel y Raúl Castro, murió el año pasado en La Habana. Desde el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), que fundó y dirigió por varias décadas, se exportaron imágenes épicas que dieron la vuelta al mundo en medio de la Guerra Fría. El ICAIC contribuyó a que la Revolución fuera una representación, una gran película, de la que aún desconocemos el final.

Unos meses antes de morir, y gracias al cineasta Arturo Sotto, sostuvimos un par de entrevistas con Alfredo Guevara. El resultado de esas conversaciones, o más bien confesiones, es una visión inédita y de primera mano de alguien que estuvo en el epicentro mismo del poder. Seguro de su corto tiempo de vida, Guevara habló sin tapujos de los líderes de la Revolución, de las intrigas y luchas intestinas que marcaron las primeras décadas; de su papel como censor, de la viabilidad del socialismo en Cuba y las recientes reformas planteadas por Raúl Castro.

El primer encuentro ocurrió en su casa de El Vedado habanero, en febrero de 2012. La conversación se dio en un ambiente lujoso, adornado con cuadros de famosos pintores cubanos –podían distinguirse al menos, un Servando Cabrera y un Amelia Peláez–. Los bienes de Guevara –considerados “patrimonio cultural de la nación”– se encuentran hoy en el centro de atención de las autoridades cubanas, luego de que un inventario realizado en su casa tras su deceso arrojara la ausencia de tres obras importantes. El segundo y último encuentro fue en su oficina del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, un mes después. Su salud ya estaba deteriorada. “Siento que tengo poco tiempo de vida”, dice apenas comienza a hablar, “por eso me ha entrado en estas últimas semanas un deseo inmenso de apurar la vida que quede. Les estoy dando la entrevista porque no quiero que se queden cosas dentro de mí”.

La obsesión de Guevara por la trascendencia está implícita en el título de su último libro ¿Y si fuera una huella? (Ediciones Autor, 2010), que junto a Tiempo de fundación (2003) y Revolución es lucidez (1998) intenta no solo asentar su legado y biografía sino también reescribir la memoria y la historia de la Revolución cubana. “Yo no sé cómo nos van a juzgar; debía saberlo porque ya empezaron y puedo sentir que van a ser muy agudos y a veces muy crueles, injustos”, comenta a pocos minutos de comenzar el primer encuentro y aclara: “Yo leí el último libro de Fidel [Fidel Castro Ruz: Guerrillero del tiempo, de Katiuska Blanco Castiñeira] y no le voy a mandar una carta diciéndole que las cosas no fueron de la manera en que él las está contando. Pienso que él tiene su versión y yo tengo la mía; pero no quiero ninguna contradicción. Quiero ser muy cuidadoso, yo tengo miedo… No es que esté cambiando la Historia pero es que se pone a hablar y a hablar… como hacen los viejos, que se les olvidan las cosas.”

A Guevara le gustaba pensarse como un romántico: “Yo quería que mi vida pudiera mirarse hacia atrás como una novela, que me pasaran muchas cosas, que viviera muchas cosas, esa era mi imaginación y pensaba que para eso había que ser o millonario o revolucionario. Decidí escoger el camino de la Revolución. Claro, también era más difícil emprender el camino de ser millonario. Lo bueno sería ser millonario y a la vez revolucionario” [ríe]. Su vida fue, efectivamente, agitada y marcada por las luchas dentro del poder. Interpelado sobre el tema, cita a Marguerite Yourcenar y su Memorias de Adriano. El emperador Adriano “era un dios porque podía con su sola voluntad disponer de la vida de los demás. Esa es la clave del poder, y la clave de la educación antipoder es ejercer el poder como una obligación moral. Yo he tenido esa experiencia y es desgarrador pensar que la vida y el destino de otros dependen de ti. Efectivamente, el que tiene el poder es un censor, porque si yo tenía dinero para producir siete películas pero tenía doce guiones, tenía que censurar también al decidir a cuáles de ellas les iba a poner el dinero y a cuáles no. Eso es censura también, eso es gobernar. Cuando Raúl Castro está invirtiendo en el puerto del Mariel y no en el mercado mayorista que hace falta para desarrollar el sector privado y para que los cuentapropistas no tengan que robar, porque todos roban, está censurando y tomando una decisión política, está ejerciendo un poder. ¡Las cosas que me han hecho decir! Ya no me importa”.

Rápidamente su memoria regresa varias décadas y salen a relucir sus desavenencias con el Partido Socialista Popular –antiguo Partido Comunista de Cuba– al que culpa de imponer el estalinismo dentro de la Revolución: “Muchos de los errores que se cometieron a inicios de la Revolución son responsabilidad de los miembros del partido, que no tenían más méritos que el de ser confiables, pero eran unos incapaces y estaban en todas partes. Algunos eran obreros con ninguna formación política, sin la más mínima creatividad, era gente limpia y abnegada pero estaban deformados por el estalinismo, con una interpretación del marxismo que produjo una cosa que se llamó marxismo-leninismo, que no era otra cosa que la doctrina estalinista. Así no se puede dirigir un país”, concluye. Para Guevara, este partido había perdido legitimidad tras haber construido una alianza con la dictadura de Fulgencio Batista: “El Partido Socialista Popular seguía las instrucciones de Stalin de crear un frente único antifascista, y para instaurarlo en Cuba establecieron incluso una alianza con el dictador Fulgencio Batista. El libro Los fundamentos del socialismo en Cuba de Blas Roca, en el que acaba con la historia de Cuba, se había publicado antes de la edición que seguramente ustedes conocen, que es la de 1961. Esa edición de la que hablo, que fue la primera, estaba dedicada a Fulgencio Batista. Eso no era condenable, porque estaba siguiendo la línea de la Internacional Comunista, pero esa alianza los derrotó para siempre políticamente; el partido se manchó.”

Al referirse al impacto nefasto de las fórmulas estalinistas en el diseño y manejo de la cultura en esos primeros años y sus intentos por imponer el llamado “realismo socialista”, Guevara rememora la polémica que estableciera con el secretario del partido, Blas Roca Calderío, quien en 1963 lanzó airadas críticas al ICAIC por proyectar en los cines de La Habana las películas La dolce vita de Federico Fellini, Accattone de Pier Paolo Pasolini, El ángel exterminador de Luis Buñuel y Alias Gardelito de Lautaro Murúa. En una carta que nunca se publicó entonces, sino muchos años después en su libro ¿Y si fuera una huella?, Alfredo Guevara comparaba a Blas Roca con Stalin y Beria: “Yo creo que fui muy duro con él entonces. Él no era una mala persona, pero sí estaba muy aferrado al modelo y a la experiencia soviética que ellos consideraban triunfadora, y al final se demostró que era un fracaso. La Internacional Comunista era el Partido Comunista Internacional, o sea que estaba más allá de las naciones mismas. Es un ideal al igual que el anarquismo, que el cristianismo. La Internacional era un Vaticano. Yo ya no creo en una globalización partidista y en consignas que sirvan a todos por igual.”

Pero las ambiciones de los líderes del psp iban más allá de imponer criterios estéticos. A inicios de la década de los sesenta coexistían en la cúpula del poder al menos tres grupos bien diferenciados: el Movimiento 26 de Julio, dirigido por Fidel Castro; el Directorio Revolucionario, con una fuerte base estudiantil y de clase media, y el psp. Miembros de este partido, liderados por Aníbal Escalante, intentaron aumentar su control sobre las instituciones –entre ellas el ICAIC– y desplazar del poder a los líderes del 26 de Julio, incluso a Fidel Castro, a quien consideraban un “pequeñoburgués”.*

“Para hablar de la conspiración en el ICAIC tengo que hablar de Edith García Buchaca, quien vive todavía y sigue fastidiando con más de noventa años. Era la directora de la comisión de cultura del psp y, a la vez, secretaria del Consejo Nacional de Cultura. Ella se había planteado tomar el ICAIC con la anuencia de unos cuantos de sus fundadores, que se asombrarían si les dijera quiénes eran. Fue al ICAIC como presidenta de la Comisión Cultural del partido y dijo algo así: ‘Fidel, como ustedes saben, nos está pasando el poder al partido’, lo cual era mentira porque yo estaba al lado de Fidel y de Celia Sánchez y ellos no sabían de esto. Ella siguió hablando y me dijo que yo debía aceptar la presencia de un comisario político. Yo no puedo juzgarme ahora, debo de haber estado muy desconcertado. Le pedí un tiempo para pensar qué decisión tomar, si iba a renunciar o iba a aceptar al comisario político. Del ICAIC salí para la calle 11 en El Vedado, Fidel vivía ahí con Celia Sánchez, y en el momento que llego a la casa Fidel no estaba pero hablo con Celia y le cuento. Ella empezó a gritar y a decir malas palabras porque Celia era fuerte, y me dijo que eso estaba pasando en todo el país. Me dijo que los sacara a todos ‘a patadas por el culo’, ‘¡nos tiene tomados los teléfonos, incluso el de aquí de la casa!’, me dice. En ese momento me di cuenta de que lo que se conoció después como la microfracción estaba andado ya.

”Yo no hice lo que Celia me dijo. Cuando al cabo de los días regresó a una reunión en el ICAIC con Edith García Buchaca, le dije que había decidido renunciar, pero no ante ella, sino ante Fidel, a quien le iba a explicar lo que ella decía acerca del traspaso de poder al partido. En ese momento, ella empezó un recoge velas, que si esto, que si lo otro… Ella se fue y yo regresé a mi despacho y me puse a pensar, y decidí que todos los que [se] me habían colado en el ICAIC se iban de allí. Iba a dejar solo a los que yo consideraba que eran cineastas o tenían potencial para serlo. Por ejemplo, a Santiago Álvarez lo dejé de milagro porque en aquel momento no parecía que iba a ser el cineasta que fue, parecía más un militantón [sic] que otra cosa; pero después fue algo extraordinario.”

El 26 de marzo de 1962, Fidel Castro anunciaba ante las cámaras de televisión la existencia de una corriente sectaria –así se prefirió llamarle a la conspiración– al interior de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ori), que agrupaban a los miembros del Movimiento 26 de Julio, al Partido Socialista Popular y al Directorio Revolucionario. Años más tarde, en 1968, el mismo Aníbal Escalante volvería a estar involucrado en lo que se conoció en Cuba como la “segunda microfracción”.

Al parecer, entre Aníbal Escalante y Alfredo Guevara, quien provenía del 26 de Julio, existían serias contradicciones. “Estoy seguro –señala Guevara– de que si llega a triunfar Aníbal Escalante, que intentó dos veces tomar el poder, yo no estaría vivo. Lo que no hizo la dictadura [de Fulgencio Batista] lo habría hecho el partido, del cual fui militante en mi juventud. Aníbal pretendía acusarme de agente de la inteligencia francesa, y comenzó a hacerme un expediente. Esto se basa en que, en una ocasión, estando yo en París, se me acercó la inteligencia francesa para enviarle una información a Fidel a través de mí. Así se hizo, yo le traje los documentos a Fidel y él me pidió que se los diera al Che, quien estaba manejando el asunto de una conspiración que estaba en curso para frustrar una negociación azucarera cubana; y ello afectaba a Francia, que dependía en ese momento del azúcar cubano. Esa conspiración la estaban llevando a cabo personas que estaban incluso en el Consejo de Ministros y con los que Fidel se reunía frecuentemente, pero Fidel, como buen estratega, sabía quién iba a ir renunciando y abandonando el país. Aníbal guardó toda la información para conformarme un expediente que me desacreditara.”

Pero aunque Guevara insiste en distanciarse del psp, no dudó en utilizarlo para acabar con el proyecto “Lunes de Revolución”, encabezado por Carlos Franqui –también miembro del 26 de Julio– y que agrupaba a varios intelectuales de renombre, entre ellos a Guillermo Cabrera Infante y Virgilio Piñera. En abril de 1961, Guevara aunó esfuerzos con Edith García Buchaca para censurar el documental PM, realizado por Sabá Cabrera Infante, hermano de Guillermo, y Orlando Jiménez Leal. El filme documentaba una parte lúdica y extravagante de la noche habanera, que permanecía desconectada del contexto de plaza sitiada y del discurso revolucionario del momento. La censura de este material desencadenaría acontecimientos cuya repercusión sería muy negativa en la cultura cubana. En la entrevista Guevara confiesa que el asunto fue más lejos de lo que él habría querido o imaginado. “Con la experiencia que tengo hoy digo que no debí haberme prestado para eso, aunque yo no estaba de acuerdo con la distribución de PM porque estábamos en el preludio de Playa Girón; ya estaban las ametralladoras emplazadas en las azoteas y en las calles. Estábamos esperando una invasión a Cuba. El problema es que el viejo partido se metió de cabeza en el asunto y llevó las cosas más lejos de lo que yo quería. Yo no tenía la experiencia que tuve después, pude haber jugado mejor, pero no jugué con toda la inteligencia. Pero aprendí a ser diabólico después. Aunque asumo responsabilidad en el asunto, a lo que me negué fue a distribuir la película en los cines, pero yo les entregué la copia.”

Un mes después de nuestro último encuentro con Guevara, entrevistamos a una nonagenaria pero aún lúcida Edith García Buchaca en su casa, donde se encuentra recluida en prisión domiciliaria desde 1964. De acuerdo con García Buchaca, fue Alfredo Guevara quien se le acercó para manifestarle su preocupación por la exhibición de PM y solicitar su ayuda pues no quería prohibirlo él directamente. Aunque ambos relatos no concuerdan en lo relativo a las cuotas de responsabilidad de cada quien, lo cierto es que García Buchaca, con otros miembros del partido, convocó a una reunión en Casa de las Américas para discutir el material y de esa reunión salió un documento que prohibía oficialmente, con la anuencia del ICAIC, la proyección y circulación del documental.

Sin embargo, la censura al documental PM fue solo el acontecimiento más visible de una lucha que sucedía tras bambalinas por el control de los medios de comunicación. El propio Guevara da las pistas y cuenta también cómo asaltaron una de las televisoras más importantes del país, cuando el proceso de nacionalizaciones aún no había sido planteado en la isla: “Mi problema con Franqui viene dado porque yo vi un interés de él en apoderarse de las televisoras; el Che también se dio cuenta de eso. Carlos Franqui sabía que aquel que dominara los medios podía obtener mucho poder y eso fue lo que trató de hacer, pero gente clave de la Revolución comenzó a conspirar conmigo para adelantarnos a él y así fue. Asaltamos literalmente la televisora de Gaspar Pumarejo, que era el dueño del Canal 12 que estaba en la calle Prado y tenía una salida por la parte de atrás. Ustedes me ven así ahora pero yo era un joven calientico y con muchas posibilidades físicas. Fui acompañado de unos cuantos salvajes con mandarrias. Asaltamos aquello por la noche y en la mañana, cuando entraron las secretarias y el personal que trabajaba allí, se encontraron que yo era el nuevo Pumarejo. Ya teníamos dos televisoras. Esa noche me acompañaron el Che, Ramiro Valdés y el propio Raúl. Esto lo estoy diciendo por primera vez.”

Al final, Alfredo Guevara acudió directamente a Fidel Castro y cuenta: “Entonces yo hablé con él y le planteé mi preocupación con respecto a ‘Lunes de Revolución’. Mi posición era que ellos no podían seguir hablando en nombre de toda la juventud intelectual del 26 de Julio y Fidel hizo lo que le dio la gana y convocó a las reuniones en la Biblioteca Nacional y dio el discurso famoso que se conoce como ‘Palabras a los intelectuales’.” Dicho discurso, cuya sentencia más conocida es “dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada”, estableció públicamente el marco que, hasta la fecha, no solo ha regido el campo de la cultura sino también el de la política más general. Guevara, no obstante, insiste en que Fidel solo buscaba dirimir las diferencias internas de miembros del 26 de Julio que se disputaban el campo cultural y, de paso, menciona que las ideas socialistas en Fidel se remontaban a mucho antes de 1959: “Para mí ‘Palabras a los intelectuales’ es una acción de Fidel para tratar de mantener la unidad de la Revolución a un nivel superior; pero desde luego que ese es mi punto de vista. Todo esto es un enredo, no vayan a creer que esto fue fácil. Fidel no aceptaba ni acepta que dentro del movimiento 26 de Julio hubo divisiones internas. Y sí las había, porque no todos en el 26 de Julio aceptaban las ideas socialistas. Fidel tenía las ideas socialistas incluso antes de embarcarse en el yate Granma, pero no las transmitía. Fidel era el cemento de todos nosotros, y tenía una idea clara de lo que debía ser la unidad, por eso las divisiones en el 26 de Julio nunca afloraron, nunca se supieron.”

Durante las primeras décadas de la Revolución, Alfredo Guevara supo navegar con acierto en las turbulentas aguas del poder. Al parecer, su cercanía a Fidel Castro lo mantuvo a flote ante las embestidas de algunos miembros del Partido Comunista en los años sucesivos. Sin embargo, en 1981, un altercado con Antonio Pérez Herrero, quien supervisaba el campo de la cultura desde el buró político del Comité Central del partido, lo hace salir del ICAIC. Cuenta Guevara que el pretexto del altercado fue una polémica que se dio a partir de Cecilia, una coproducción cubano-española que demandó grandes sumas de dinero: “Se decía que yo había dilapidado el presupuesto del ICAIC para producir esa película y eso era mentira, porque esa película recuperó la inversión incluso antes de terminarse. Todo fue un montaje. En ese montaje estaba metido Antonio Pérez Herrero; habíamos tenido broncas tremendas que el propio Fidel conocía. Yo me reuní en un momento dado con Pérez Herrero y le dije que no aceptaba los métodos que estaba utilizando en el área de la cultura y le dije que si continuaba haciendo eso iba a provocar un problema para la Revolución. ‘Voy a tener que matarte’, le dije en una ocasión y saqué mi pistola. Antonio Pérez Herrero le llevó calumnias a Raúl de mí, y Raúl me llamó la atención y me dijo que Pérez Herrero tenía unas grabaciones que me perjudicaban. En ese momento le dije a Raúl que exigiera la grabación completa del material que él había recibido. Esa fue una de las causas que me llevaron a París… Fidel me pidió que saliera del ICAIC y que no hiciera comentarios, que se supiera inmediatamente que me iba para la unesco.”

Luego de una década en París, Fidel Castro le pide a Alfredo Guevara que regrese a dirigir el ICAIC, pero Guevara encuentra un nuevo escenario. Había ya caído el Muro de Berlín y, con él, el gobierno cubano había perdido sus principales socios económicos, comerciales y políticos. En ese nuevo panorama de los años noventa, aquel viejo marco binario –que redujo la cubanidad a estar dentro o fuera de la Revolución– comenzó a fracturarse. Una vez de regreso, Fidel Castro le pide que trabaje junto a él en una nueva política dirigida a los emigrados cubanos en Miami para tratar de incentivar el consumo de estos en la isla.

Casi al finalizar la segunda entrevista, Guevara se veía ya un tanto fatigado. Convino que tocaría un tema más, las reformas de Raúl Castro, y luego haría una pausa hasta un próximo contacto, que nunca llegó a ocurrir. Se mostró optimista ante las reformas, aunque realizó una extensa crítica al papel del Estado en Cuba: “Yo creía, incluso mucho antes de estos cambios que se están dando y de la convocatoria al Congreso del Partido, que si se empezaba el desmantelamiento de un Estado que usurpa a la sociedad –porque el Estado que ha sido creado en Cuba es usurpador de la sociedad, y la desburocratización es un modo de desmantelarlo de modo realista– resurgirá entonces una sociedad civil que ya existe pero que está aletargada. Con eso se puede crear una sociedad civil que presione al Estado.”

Desde su posición muy cercana a Fidel y Raúl Castro, Guevara confirma las versiones de quienes creen que las reformas no se han acelerado debido a la cautela que ha mostrado el general presidente, no solo para no cometer errores estratégicos, sino para no incomodar a su hermano Fidel. Sobre esto dice: “Yo soy muy optimista, sigo creyendo a veces que de verdad vamos a cambiar. Y Raúl es amigo mío personal y conoce a mi familia también, venían aquí a cenar y a estar con nosotros. Mi hijo siempre me interpela diciéndome que lo que yo le digo se lo he repetido muchas veces y que nada cambia, y tiene razón; pero yo sigo optimista, porque conozco muy bien a Fidel y a Raúl. Creo que con Raúl llegó el momento en que se pudiera transformar esta sociedad. Pero es que Fidel le tiene tanto miedo al capitalismo, a que toda su obra se desmorone, que Raúl no quiere contradecirlo. Raúl tiene que ir arrancando los cambios. Yo creo que ya él arrancó tanto, tanto de lo que parecía más difícil, que tal vez, si logra dar algunos pasos más, ya los cambios que se necesitan puedan venir más rápido. Yo se lo he dicho muchas veces a la cúpula del gobierno, a la dirección, ya no movilizamos a nadie porque la gente no se siente protagonista.”

También se refiere a la inmovilidad de las estructuras del Partido Comunista, al que compara con la Iglesia: “Yo no veo diferencia alguna entre un cristiano y un socialista aquí en la Tierra; en el cielo, veremos […] ¿Cuál es la diferencia entre la organización estructural de la Iglesia y la del partido? La pregunta me hace pensar en las cruzadas y en la Revolución también, porque la Revolución es el proyecto de imponer o propagar una idea en la conciencia de un individuo o de una colectividad. Ahí está la clave de que el proyecto socialista no haya funcionado, porque una cosa es proponer una idea al otro y otra cosa es imponerse al otro.”

Pero, aunque Guevara intenta presentarse como un miembro más crítico y lúcido de la élite en el poder, su distanciamiento de la realidad de la isla se hace evidente y lo lleva a negar y relativizar el empobrecimiento que han sufrido grandes sectores de la población como consecuencia de la crisis de las últimas dos décadas: “Algunas veces, personas cercanas a mí me reclaman que nosotros no vemos la miseria, y no se dan cuenta que antes de la Revolución sí había miseria. Me viene a la mente ahora un restaurante que estaba al costado del Capitolio, en esa cuadra que está entre el Gran Teatro de La Habana y las ruinas del Campoamor, donde les vendían a los niños abandonados los cartuchos de las sobras de los platos en cinco centavos. Eso sí es miseria y entonces ahora le llaman miseria a la gente que vive en edificios de microbrigada con las tendederas en la calle y la gente medio en cueros. A mí no me pueden decir que esa miseria existe.”

Mucho más sorprendente, por su descarnada franqueza, es su visión del “pueblo”, aquel en nombre del cual dirigió instituciones, escribió borradores de las primeras leyes revolucionarias y obtuvo una silla en el parlamento. Guevara, como Raúl Castro en su discurso del 8 de julio en la Asamblea Nacional, sentía una gran decepción del pueblo cubano y sus cualidades: “De todas maneras, y me lo creo, soy portador de una visión casi mística de mi país y de mi pueblo, pueblo en el que no creo, no creo que mi pueblo valga la pena. Creo en sus potencialidades pero no en su calidad. A nosotros siempre nos han querido meter en el molde de la Unión Soviética. Conversando con un intelectual francés sobre las particularidades de Cuba en una ocasión, yo lo quería convencer de que éramos muy diferentes y ese día lo convencí, porque le dije: ‘Sal a la calle. ¿Tú crees que con esos culos y con esas licras alguien puede entender Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana? ¿Tú crees que es posible eso?’ Acto seguido se rio y me entendió. Hay que tomar en cuenta el trópico, dios mío. En el trópico no se pueden aplicar ni siquiera las fórmulas más puras de Carlos Marx.”

Sin embargo, a pesar de sus críticas y dudas, el anciano Guevara se resiste a hablar del fracaso del socialismo en Cuba. Puesto a juzgar, en definitiva, su propia vida, Alfredo Guevara prefiere creer que la Revolución y con ella algo de su propio legado tendrá cabida en la Cuba del futuro: “Nunca ha existido el socialismo, tampoco en Cuba. En Cuba lo que hay es una sociedad más solidaria, más preocupada por lo social. Nuestro proyecto original ha sido deformado y la única esperanza que nos queda es que tengamos la fuerza para cambiar, no la imagen sino la esencia estructural del proyecto. Si me equivoco, entonces habré perdido toda mi vida y será una novela como la he soñado, pero trágica. Porque lo único que merecería mi vida es que me suicidara.” ~

*Véase Raúl Castro, “Informe ante el Comité Central del partido”, en Verde Olivo. Órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, año IX, núm. v, 4 de febrero de 1968, pp. sup. III-XV.

COMENTARIOS:

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Raúl Colón (no verificado) – Febrero 20, 2015.

Lamento llegar tarde a este debate, fue hoy, cuando publicaron esta entrevista en Academia.edu que pude leerla. En cuanto al tema del stalinismo en Cuba (ortografía navarriana, es decir de Desiderio Navarro), deberían leerse el prólogo a su antología del pensamiento cultural ruso, que publicó en Cuba, en 2009. Allí este sui-generis traductor y editor cubano ha caracterizado bastante en detalle el término en el contexto cubano. También vale la pena leer su texto “¿Cuántos años, de qué color? Para una introducción al ciclo”, publicado en: “La política cultural del período revolucionario: memoria y reflexión”, donde detalla los cuatro modelos de sociedad en lucha en la Cuba actual, siendo como es la del “comunismo de cuartel” neostalinista, pero sobre todo con los “colores” castristas, la que predomina.

No es que sea imperativo estar de acuerdo con Navarro, ni en todo, ni en parte, pero sí que merece ser tenido en cuenta. El stalinismo en la Cuba de los Castros no fue un fenómeno exclusivo del PSP. Las FAR y su ministro hoy presidente han sido tan stalinistas o más que ese partido oportunista que llegó al poder “sin tirar un tiro”, como solían decir los hoscos veteranos del “26”. Fidel Castro, por su parte mostró su oreja peluda stalinista cuando rechazó cabalmente la Perestroika gorbachoviana y quién sabe si estuvo tras el golpe de estado contra ese último presidente de la URSS, como se comienza a insinuar. La historia en todo caso, no lo absolverá.

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Masda (no verificado) – Diciembre 18, 2014.

Nice! Sólo quería responder . Me encantó a fondo su blog. Sigan con el buen trabajo en http://www.letraslibres.com .

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Seinats (no verificado) – Diciembre 14, 2014.

Gran sitio , fuera de mi apretada agenda todavía encontrar tiempo para responder a los comentarios en su sitio.

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CALOS CADAL (no verificado) – Junio 21, 2014.

Alfredo Guevara fue un intelectual y un revolucionario no solo culto y complejo, sino también atrevido y  leal a sus convicciones. Que haya creído en Fidel Castro tampoco es un pecado, porque medio mundo lo hizo entonces y millones lo hacen aun.

Lo enormemente valioso de Alfredo Guevara, es que se haya mantenido fiel a sus amigos, Fidel y Raúl, en los momentos duros, cuando la revolución se tambaleaba después del 91 y tal parecía que se venía abajo. La canción “El Necio” de Silvio Rodríguez expresa la soledad colectiva que enfrentaron en aquellos momentos tantos revolucionarios cubanos ante la opción de abjurar o resistir. Y gloriosamente, no para el abyecto poder temporal de los hermanos Castro, sino para la dignidad personal de los que resistieron y la colectiva de la nacionalidad cubana, hubo integridad.

Soy un crítico de la realidad actual cubana y de su gobierno, pero la infamia no solo descansa allí.

La algarabía formada por la frase simple de un hombre en las proximidades de su muerte es como todas las algarabías, superficial. “No creo en mi pueblo” dice la entrevista que dijo Guevara. Haber dicho que no creía en la Virgen no hubiera creado tanto lelilí.

El contexto que la envuelve disminuye la “crudeza” de la frase, pero de todas formas eso no es lo importante. Yo hubiera preferido alabar la honestidad de un hombre que puso su valor donde puso su vida y que dijo lo que otros no se atrevieron a decir, fuera realidad o no. Porque lo que yo me imagino que quiso decir Guevara en esa frase no tiene que ver con el amor y la complacencia que el sintió por ser cubano, sino con la doblez aquellos tantos que desfilaban hoy en la Plaza de la Revolución y mañana aparecían en Miami enarbolando una persecución de que eran víctimas, o sabe dios.

Mencionan a un autor llamado Armengol, que no me queda muy claro si escribió sobre esto del pueblo y Guevara o y si no no se por qué entonces lo mencionan. Creo que lo de Armengol es un problema personal que tuvo con Guevara; o que tuvo alguien de su familia, su esposa o algo así, que estaba casada con otro que tuvo un problema con Guevara, algo así, que tenía que ver con Cabrera Infante, que odiaba a Guevara, o la bobería del documental PM Sabá Cabrera del que no se cansan de hablar desde hace 50 años y es en definitiva una pieza totalmente intrascendente. Si Guevara no hubiera decidido censurarlo entonces nadie lo habría recordado hoy. Así que Sabá Cabrera le debe sus momentos de fama nada y nada menos que a Guevara. Mira tú qué cosa.

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Abel Sierra Madero (no verificado) – Junio 17, 2014.

Carlos, intentaremos responder del modo más breve a sus extensos comentarios. Desde el primer momento sabíamos que la entrevista generaría polémicas y debates, algo que nos produce mucha satisfacción. Desglosaremos nuestra respuesta por puntos.

–        En primer lugar, lo animamos a escuchar el audio que acompaña el texto. Lamentamos su falta de conectividad y de tiempo; pero eso aclararía algunas de sus dudas acerca del material.

–        En los últimos años de su vida Alfredo Guevara dio muchas entrevistas y escribió varios libros que tenían que ver con su vida. No es entonces “raro” que nos haya concedido la entrevista. Y se publica de modo póstumo para cumplir con su voluntad, aunque el texto demoró en publicarse más de lo que hubiéramos querido.

–        El titular de la entrevista es nuestra responsabilidad, no de la revista Letras Libres. Los titulares, como se sabe, son frases escogidas para captar la atención de los lectores. Nadie puede hacerse una idea de Alfredo Guevara o de ninguna otra persona a partir de una frase o de un titular. Para eso está el cuerpo de la entrevista, para dar cuenta de esa complejidad. Si otros citan la frase sin contextualizarla, es obvio que la  responsabilidad es de ellos y no nuestra. De hecho, lamentamos la simplificación de los argumentos expuestos en la entrevista, y del debate en general, por quienes se centran en el título o una frase particular. Creemos que eso empobrece y desvía la discusión de los temas importantes que expone Guevara.

–        En cuanto al tema del estalinismo, nosotros referimos la versión de los hechos que hace Guevara, quien culpa al Partido Socialista Popular de imponer esta tendencia. No es “una hipótesis que damos por sentada”, es la versión de Guevara. Pero si usted considera esto una hipótesis, no lo es menos que afirmar que “La lucha contra el sectarismo fue una lucha victoriosa contra tendencias estalinistas en el Partido”. Asimismo, muchos historiadores y otras personas que fueron impactadas de modo negativo por esas políticas estarán en desacuerdo con la siguiente afirmación que usted hace: “Yo no creo que en Cuba se manifestó el estalinismo que es la variante del “comunismo” que se caracterizó por campos de concentración y el asesinato de los oponentes de Stalin en el plano político”. Pero es su opinión, y no lo “acusamos” o “condenamos” por ella. De igual modo, lo instamos a usted y a quienes están en desacuerdo con algún elemento del texto a evitar frases acusatorias.

–        Por otra parte, entendemos que sea más fácil alegar que Alfredo Guevara fue víctima de un “corte y edición” de los autores, que aceptar la franqueza con que el entrevistado discute muchos temas que usualmente no se airean públicamente en Cuba. En esto estriba, a nuestro juicio, el mayor aporte que puede hacer el texto. Este tipo de argumento, ya lo esperábamos. También sabemos que todo texto está abierto a las interpretaciones de sus múltiples lectores. Los lectores tienen la libertad de “leer” un texto a su antojo, incluso si no se comparte ningún código con él. Hay lecturas más o menos inteligentes, más o menos “aberrantes” pero todas son posibles. Las reacciones a la entrevista son un claro ejemplo.

–  Por último, como toda entrevista periodística hubo edición de un material extenso, resultante de varias horas de conversación. Sin embargo, solo porque no se comparten las ideas expresadas, no es ético sugerir que los entrevistadores no fueron profesionales. En ningún momento se tergiversaron las palabras o motivaciones de Alfredo Guevara, quien además consintió a ser grabado, algo que usted puede comprobar si escucha el audio. Guevara quería hablar y dijo mucho más. Debido al interés que ha provocado la entrevista, continuaremos trabajando en el futuro con este material. Aprovechamos para responder a todos los que airadamente o por genuino interés han indagado sobre la transcripción completa: debido a consideraciones éticas no publicaremos la transcripción de todas las horas de entrevista en un futuro próximo. En ellas, hay información que puede dañar a terceras personas. Trabajaremos para continuar publicando aquello que sea de interés público y no contenga información privada. Llegado el momento, es muy probable que la transcripción forme parte de los archivos de alguna institución académica interesada.

Abel Sierra MAdero y Nora Gámez Torres.

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Héctor Larios (no verificado) – Junio 16, 2014.

Que facil es jusgar, cuando no se a vivido lo suficiente, ningun regimen politico, ha servido al ser humano.

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CARLOS CADAL – Junio 23, 2014.

Hector, nada hay de progreso pues en la Humanidad? No existe humanidad sin organizacion politica. Recuerde amigo que el la palabra viene del griego Polis, que quiere decir “ciudad”.

Carlos Alzugaray Treto – Junio 8, 2014.

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Nora y Abel, sin duda esta es una entrevista importante y controversial. He leído lo publicado en Letras Libres dos veces. No he podido, por falta de tiempo y razones de conectividad, escuchar los videos que ustedes pusieron en la web. Por tanto mi comentario está basado en lo que ustedes publicaron. Quisiera comenzar por reconocer la muestra de confianza que Alfredo tuvo en ustedes al darles una entrevista que él autorizó a publicar póstumamente. Esto es algo sumamente raro en un dirigente político no sólo cubano. Entrevistas como ésta son raras en Estados Unidos, en Francia o donde quiera. Sobre todo porque al darles una entrevista de forma póstuma, Alfredo perdió todo el control con lo que ustedes en definitiva publicarían, un riesgo que pocos líderes políticos están dispuestos a correr, sobre todo ante dos jóvenes inquisitivos como son ustedes. En segundo lugar los felicito por lograr la entrevista y publicarla. Dicho esto, quisiera referirme a dos pasajes de la entrevista, el que se refiere al estalinismo y el que se refiere a su concepción del pueblo cubano que sirvió como titular: “No creo que mi pueblo valga la pena”. En este último caso, esa frase fue seguida por una explicación que la contextualiza y condiciona o modifica sustancialmente. Lamentablemente es la frase más citada en la mayor parte de los comentarios que he leído de autores como Alejandro Armengol y Haroldo Dilla, quienes la citan sin contextualizarla. Esa frase fue infeliz e injusta a la luz de lo que Alfredo dice, y darle ese titular a la entrevista daña su imagen. Así que me pregunto si fue una decisión editorial de la dirección de Letras Libres o de ustedes. Respecto al tema del estalinismo, ustedes afirman: “Rápidamente su memoria regresa varias décadas y salen a relucir sus desavenencias con el Partido Socialista Popular –antiguo Partido Comunista de Cuba– al que culpa de imponer el estalinismo dentro de la Revolución”. Es decir, ustedes dan por sentada esa hipótesis, muy manida por analistas que tienen una opinión sesgada y una posición “frontal” frente al gobierno cubano, perspectiva que Abel dice defender en un comentario que hizo en Facebook. Lo que Alfredo dice en la entrevista lo pone francamente en las filas de los oponentes del estalinismo y posible víctima de los estalinistas dentro del Partido Socialista Popular en el breve período que en que ese sector logró hegemonizar el proceso dentro del nuevo Partido que se formaba. La lucha contra el sectarismo fue una lucha victoriosa contra tendencias estalinistas en el Partido. Para mí, ese análisis de Alfredo es esencialmente correcto y su comportamiento político en esa etapa fue francamente anti estalinista. Yo no creo que en Cuba se manifestó el estalinismo que es la variante del “comunismo” que se caracterizó por campos de concentración y el asesinato de los oponentes de Stalin en el plano político. Aprovecho aquí para señalar que, a mi criterio, esa posición de “enfrentamiento frontal”, de la que Abel dice ser partidario, conduce a los que la sostienen, de uno y otro lado, consciente o inconscientemente, a no dejar espacio a las visiones moderadas que son vistas siempre como partes del “enemigo”. Para mi esa tendencia, venga de la posición ideológica que venga, causa mucho daño por lo que Guanche y Arturo Lopez Levy argumentan en sus respectivas participaciones en este debate reproducido a raíz de la publicación en Facebook del ensayo “El drama del analista” originalmente en Havana Times. En todo caso, me sumo a los comentarios de dos intelectuales tan serios como Oscar Zanetti y Jorge I. Domínguez en la página web de Letras Libres. Ambos reclaman la publicación íntegra del texto completo de la entrevista. Me sumo a esa demanda.

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Haroldo Dilla (no verificado) – Junio 15, 2014.

El señor Alzugaray ha desplegado una pasión en la defensa de Alfredo Guevara digno de un cruzado. No ha perdido espacio para enaltecer su figura y vida, lo que es comprensible viniendo de un amigo personal. Pero creo oportuno dejarles el link de mi respuesta al articulo de Guanche donde fijo mi posicion sobre Guevara

http://www.havanatimes.org/sp/?p=96476

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Abel Sierra Madero (no verificado) – Junio 9, 2014.

Carlos, con sorpresa veo que usted ha reproducido de modo parcial y

descontextualizado parte de un largo debate que sucedió en Facebook

con otros colegas. Su comentario ya fue respondido por mí y reproduzco

parte de mi respuesta aquí:

“La Historia tal y como yo la entiendo, no es ni lineal ni

continua…Alfredo Guevara era un personaje, complejo, polémico, y no

predecible de antemano como muchos suponen y esta entrevista, ni

ninguna otra pude dar cuenta de ello. Con respecto a la frontalidad,

me refería al ejercicio del criterio como siempre lo he hecho, apegado

a la más estricta ética profesional y atendiendo a la complejidad de

las disciplinas en las que suelo moverme. No creo en dogmas ni en

ecuaciones ideológicas binarias que dejan poco espacio al debate y al

reconocimiento del otro. Rehúyo de la sinuosidad, de los malabares,

siempre creído en la fluidez y no en las barricadas. Todo mi trabajo

ha estado encaminado a desterrar binarismos que sólo benefician a los

más reaccionarios, de uno y otro lado. En su momento, el material irá,

efectivamente, a algún centro de investigación o al archivo de alguna

universidad para que pueda ser consultado.”

En lo adelante, le animo a respetar los contextos y los espacios de deb

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Carlos Alzugaray Treto – Junio 11, 2014.

Abel, agradezco su comentario pero no lo comparto. No sé por qué le causa sorpresa e intenta censurar que yo reproduzca en la página web de Letras Libres lo que escribí en Facebook. No es parcial ni descontextualizado. Reproduje mi comentario para lo cual tengo derecho, me referí al debate en Facebook, di referencias a los materiales que dieron origen a estos comentarios y referí algunos de los comentarios que se hicieron. Cualquiera que sea miembro de Facebook lo puede verificar. No tengo derecho a reproducir el suyo por un problema de respeto. Usted, sin embargo, hizo exactamente lo contrario cuando en Facebook calificó de “un airado comentario, que no parece haber sido emitido por un historiador” lo que escribió Zanetti aquí a sabiendas de que no es miembro de esa red social y no puede ver lo que se dijo de él allí. Aprovecho para hacer dos nuevos comentarios que no había podido hacer por falta de tiempo. Primero, verifiqué las identidades de las personas que aparecen comentando aquí bajo los nombres de Oscar Zanetti y Jorge I. Domínguez. El resultado es que efectivamente el participante en este debate es el Profesor Oscar Zanetti, laureado y reconocido historiador cubano. Jorge I. Domínguez, sin embargo, no es el Profesor cubano-americano de la Universidad de Harvard que yo suponía. Segundo, y este es un problema de apreciación, creo que hay una contradicción evidente entre el Alfredo Guevara que Ud. describe ahora, “un personaje, complejo, polémico, y no predecible de antemano como muchos suponen” y el que Nora y Ud. proyectan en los pasajes de la entrevista que publican en Letras Libres, con las acotaciones que son insinuantes en muchos casos. Si Ud. hubiera hecho lo que dice practicar, “apegado a la más estricta ética profesional y atendiendo a la complejidad de las disciplinas en las que suelo moverme” hubiera hecho referencia a los elementos de la personalidad de Alfredo Guevara que algunos comentaristas en esta página y Julio César Guanche han señalado, que son bastante conocidos. En definitiva, considero que Zanetti tiene razón cuando alerta que Nora y Ud. pueden haber incurrido en cambiar la imagen de Alfredo Guevara con un “corte y edición” de una entrevista a alguien que puso toda su confianza en ustedes. Finalmente, no le voy a recomendar nada. Usted saque las conclusiones que desee de mis comentarios, que son mis comentarios y nada más. No soy quién para recomendarle ni animarle nada a nadie a no ser que me lo pida.

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YO (no verificado) – Junio 7, 2014.

He leido las diversas opiniones, y me gustaria tambien, dar la mia.Realmente han leido y analizado las palabras de Guevara?Realmente han entendido su contenido?

Alguien desde New York, defendiendo el sistema y sus gobernantes, otros desde un odio profundo al mismo sitema, otros que opinan sobre su sexualidad sin haberlo conocido.Nada tiene que ver su titulo con la escencia, esto es mas alla de ser socialista o no, homsexual o hetero,es una verdad que los jovenes y menos jovenes hemos tenido la oprtunidad de conocer, una verdad que nuca se hubiera escrito en la historia, que nunca hubieran enseñado en las escuelas.Es la verdad que alguien bueno, malo o regular, vivio, conocio,y que tuvo el valor de compartir.Es mas profunda que toda banalidad.

Hemos sido victima de ese titulo, porque el que se documenta o conoce acerca del trabajo de Guevara, debe saber que confiaba en los jovenes, los apoyaba, enseñaba,compartia su sabiduria y cultura,ellos son su pueblo.El que conocio del trabajo de Guevara, sabia como luchaba porque cada diciembre la Habana se convirtiera en una gran fiesta,llevaba cultura y alegria a su pueblo.Entonces, por eso y mucho mas, para Guevara”SU PUEBLO, SI VALIA LA PENA”

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Humberto Paredes (no verificado) – Junio 4, 2014.

Siempre me ha impresionado el joven Abel Sierra Madero, me encanta esta entrevista. Otro Alfredo Guevara de lo que yo pensé. Lamento no haberme comprado en La Habana los extensos tomos de sus memorias.

Esta entrevista será una fuente importante para mi tésis de maestría sobre Cuba…

Gracias

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Erch (no verificado) – Junio 2, 2014.

Nada de víctima, Alfredo Guevara disfrutó de los privilegios derivados de su condición de funcionario del estado cubano y amigo personal de Fidel Castro.

Era homosexual pero no fue perseguido, ni internado en la UMAP como muchos homosexuales.

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Michel (no verificado) – Junio 2, 2014.

Interesante entrevista. Yo cubano emigrado en Mexico algo garantizo:Estuvistes errado en un punto importante el pueblo cubano SI VALE LA PENA, somos alrededor de 13 millones regados por medio mundo, con solo alrededor de 2 millones en USA y el saldo son 3 senadores(dos presidenciables), 4 representantes a la camara(no simples marionetas sino de gran influencia), lo mismo hubieramos hecho en otros paises pero la gran xenofobia que los caracteriza( su propia historia quizas los justifique) al menos en Latinoamerica no nos lo ha permitido. En cuanto a comunismo Cuba es un pequeño pais que aunque perdio su principal aliado (la Ex URSS)  se mantuvo con su sistema y quien sabe por cuanto tiempo mas( con una nueva URSS con otro nombre en camino), en contra de todas las probabilidades incluyendo la mia y posiblemente ahi estara por muchos años mas. Yo creo los cubanos hemos demostrado en ambos sistemas que si se puede ( y no solo como una vacia consigna de Televisa). Seremos pesados a veces (a mi mismo me sacan de mis casillas a veces algunos, especialmente de Miami) pero hay algo seguro SOMOS DISTINTOS y los hechos lo comprueban.

Saludos Guevara donde quiera estes

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Anónimo (no verificado) – Junio 2, 2014.

Creo en todo lo dicho por Guevara. El, mas que un privilegiado, fue una victima de aquel sistema que lo manipulo a su antojo y conveniencia. Como el hay un sinnumero de intelectuales cubanos, dentro y fuera de la isla, cargando sus frustraciones y sus desencantos. Señores, cincuenta y cinco años de dictadura es demasiado tiempo, no creen?

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Oscar Zanetti (no verificado) – Junio 1, 2014.

Comprendo la preocupación de Guillermo Torres. Abel Sierra, que tiene formación de historiador, sabe cuanto puede hacerse con fragmentos presentados fuera de contexto. Todavía más si los contextos son ofrecidos al lector por los entrevistadores, en términos que el entrevistado en varios pasajes no suscribiría. Solo cabe esperar que los entrevistadores nos brinden el texto íntegro y en su secuencia original de esta entrevista. Sería muy triste que un hombre que amó tanto al cine como Alfredo Guevara termine, casi en sus últimas palabras, siendo víctima de “corte y ed”

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Abel Sierra Madero (no verificado) – Junio 2, 2014.

Estimado Oscar Zanetti. Debo decirle primeramente que este material fue cuidadosamente preparado y ningún fragmento fue tomado al azar o sacado de contexto de modo tendencioso o irresponsable. Esta entrevista se realizó de manera consensuada con Alfredo y  lo animo, como le sugerí a otro de los comentaristas que escuche el audio que aparece al final de la entrevista. Al contrario de lo que usted piensa, Alfredo Guevara no fue una víctima de “corte y edición” ni una persona predecible de antemano como usted supone. No era tan ingenuo, créame, y esta entrevista se publica de modo póstumo, porque él así lo pidió. Su complejidad era tal que ninguna entrevista puede “reflejar” todo su pensamiento. Su comentario demuestra cierto desconocimiento del Guevara humano, muy distante del Guevara ideal al que usted prefiere apegarse. Como le dije al principio, oiga el audio que está al final de la entrevista, después saque sus conclusiones. Saludos.

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Victor J (no verificado) – Junio 5, 2014.

Yo no entiendo ese pedido de AG, para que se publicara de modo postumo esta entrevista. El fue de los que pudo expresar y expreso sus puntos de vista con total libertad. Sabia que le quedaba poco de vida ? A que le temia entonces ? Si tenia obsecion por trascender, que sentido tienen estas declaraciones ? Y por que a uds ? En los dias de hoy se puede desconfiar de audio, y hasta de imagenes. Me disculpan, pero yo no le doy credito a esto que publican: no consigo encajarlo ni con el pensamiento, ni con la vida de Alfredo Guevara (ni el humano, ni el ideal). Saludos, Victor J

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Ricardo (no verificado) – Mayo 30, 2014.

El trabajo, en sentido general, está bien. Sin embago, es penoso quedurante la redaccion final no se haya guardado respeto alguno por un Guevara que, anciano o como quiera, se dignó a dar una entrevista y confesar todas esas cosas. Es un problema de tono, que revela toda esa apatía que llevan dentro quienes ya no creen en nada. Es una pena, porque lejos de parecer optimistas, perdieron la oportunidad de ser objetivos, y hasta decentes. El título es un simple gancho para que esos mismos apáticos se despachen a su gusto, pero no le hace honor a la entrevista y tal pareciera que busca confundir, enseñar a un Guevara que ya no confia en nadie ni en nada, algo que es muy difícil de creer. Aunque fuera por mero orgullo, él nunca desprestigiaría una cosa de la que fue parte. Además, el título es una manipulación por cuanto lo que dice Guevara es lo que han dicho muchos antes que él, que en el trópico las ideas no valen nada, que todo es gozadera… Eso no quiere decir que el rechace a su pueblo. Pero bueno, como nadie saldrá a contrastar nada, qué remedio queda… Hay que conformarse con lo que aparece aquí en blanco y negro.

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Jorge I. Domínguez (no verificado) – Mayo 29, 2014.

He leído con interés y sorpresa esta entrevista. Creo que publicar la grabación es esencial. Al menos los fragmentos más inusitados de la misma como, por ejemplo, cuando Alfredo Guevara dice que Fidel Castro ha contado una versión falseada de lo que sucedió en el mundo cultural cubano a principios de la revolución, cuando confiesa tener miedo o cuando afirma no creer en su pueblo. Esas afirmaciones, que se publican póstumamente, contradicen directamente lo que Guevara afirmó durante más de medio siglo: su alegría de vivir en Cuba y ser uno de los gestores de la revolución, su amistad, admiración y fidelidad a Fidel Castro, y su amor por el pueblo cubano. Me sorprende que ni los autores ni la revista se den cuenta del posible impacto y de la importancia de poner a disposición del público esas grabaciones. ¿Tienen planes de publicarlas? Muchas gracias,

Jorge I Domínguez

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Abel Sierra Madero (no verificado) – Junio 2, 2014.

Estimado Jorge I Domíngues, creo que usted ha dejado su comentario sin darse cuenta de que al final de la entrevista hay fragmentos de la grabación, precisamente esos a los que usted alude. Lo animo a que los escuche. Ya usted dirá. Gracias por su interés

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Jorge I. Domínguez (no verificado) – Junio 5, 2014.

Estimado Abel Sierra Madero:

Gracias por la respuesta. Tiene razón: no había notado que al final de la entrevista estaba el audio de una de las afirmaciones más inusitadas o sorprendentes de Guevara durante la entrevista. Esa, por cierto, me parece la más sorprendente de todas. Por eso creo importante haberla publicado. Gracias.

Habrá visto Ud. que en La Joven Cuba afirman ahora que la entrevista es falsa. No me sorprende. El debate probablemente continuará. Por eso es que pensaba que hubiese sido más eficaz, desde el punto de vista periodístico, haber puesto todas las grabaciones a disposición de los lectores. Un cordial saludo,

Jorge I. Domínguez

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Rosa Ileana Boudet – Mayo 28, 2014.

Quiero preguntarles si la decisión de no tocar la etapa de París y su regreso a Cuba fue de los entrevistadores o del entrevistado. Es comprensible que al disponer de un tiempo limitado por sus condiciones de salud y otras, ustedes se vieran obligados a elegir ciertas etapas o que él las eludiera. Si no hay más (me temo que no), se ha perdido una ocasión única pues recuerdo muchísimos contactos de Guevara con nosotros –los jóvenes de entonces– algunos de los cuales fueron con él a París, así como cuando le correspondió, así decía, «atender» y ocuparse de los norteamericanos interesados en Cuba. Creo que no hay casi nada de eso en sus muchos libros.

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Abel Sierra Madero – Mayo 28, 2014.

EstimadoGuillermo Torres, le escribe Abel Sierra Madero, uno de los entrevistadores. El proceso de armar este material fue muy engorroso debido a la cantidad de horas de grabaciones y a la complejidad misma del entrevistado. Con respecto al formato debo decirle que en modo alguno puede confundirse este texto con una reseña. Es sólo una entrevista que aparece en un formato diferente al tradicional de preguntas y respuestas. Eso no es nuevo, existen numerosos ejemplos de este tipo de trabajo, los de Oriana Fallaci, por ejemplo, es uno de los que pudieran citarse. Por otra parte, en la versión para Ipad de “Letras Libres” existe un track de  una de las grabaciones de la entrevista. Seguramente los editores de esta prestigiosa publicación podrían, tal vez, adecuar ese track para que acompañe la entrevista en esta página. Muchas gracias por su interés y por escribir.

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CARLOS CADAL – Junio 22, 2014.

Llego un poco tarde al intercambio.  Es cierto que el formato ha sido utilizado antes y es totalmente valido. Sin embargo, como es un tema tan sensible, es oportuno que se de a conocer la entrevista completa y la correspondiente grabacion. El formato tiene licencia periodistica, la transcripcion completa y la garbacion confieren la licencia historica.

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Abel Sierra Madero (no verificado) – Mayo 28, 2014.

Estimado Guiilermo Torres, soy Abel Sierra Madero, uno de los entrevistadores. El proceso de armar este material fue muy engorroso debido a la cantidad de horas de grabaciones y a la complejidad misma del entrevistado. Con respecto al formato debo decirle que en modo alguno puede confundirse este texto con una reseña. Es sólo una entrevista que aparece en un formato diferente al tradicional de preguntas y respuestas. Eso no es nuevo, existen numerosos ejemplos de este tipo de trabajo, los de Oriana Fallaci, por ejemplo, es uno de los que pudieran citarse. Por otra parte, en la versión para Ipad de “Letras Libres” existe un track de  una de las grabaciones de la entrevista. Seguramente los editores de esta prestigiosa publicación podrían, tal vez, adecuar ese track para que acompañe la entrevista en esta página. Muchas gracias por su interés y por escribir.

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Jorge Sotolongo – Junio 3, 2014.

Muchas gracias por vuestro trabajo.

Perteneci al ICAIC de 1975 al 85 y , por supuesto, conoci a Alfredo todo lo que el se dejaba conocer por un cineasta comun y corriente. La entrevista me resulta muy interesante ya que imagino como se puede sentir una persona como el ante el descalabro obvio que ha vivido, vive y vivira por varias generaciones el pais que lo vio nacer y morir.

Conoci sus virtudes y sus defectos. Pesan mas sus defectos por pertenecer a un sistema que le dio rienda suelta al personalismo y a la omnipotencia. Pecados en los que el cayo.Tal vez en un sistema balanceado, su amor por la cultura lo hubiera llevado a actuar de otra manera… pero eso no fue lo que sucedio. Alfredo Guevara pertenecio  a una generacion que heredo de la Republica el uso de las armas en la lucha politica. Lo que es lo mismo saltar las reglas de la democracia desenfundando la pistola o fusilando. Pobre pais!!. No es la primera vez que le escucho a Guevara hablar del suicidio. Desgraciadamente, si Cuba fuera Japon, unos cuantos deberian hacerse el harakiri en la Plaza.

Me gustaria mucho que transcribieran la entrevista sij agregarle ni quitarle una coma. Eliminaria muchas suspicacias.

Mil gracias.

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CARLOS CADAL – Junio 21, 2014.

SEPPUKU, ESTIMADO CINEASTA SOTOLONGO, EL TERMINO HARAKIRI ES DEMASIADO OCCIDENTAL Y GASTADO PARA UTILIZARLO EN NOTA TAN LAPIDARIA SOBRE EL HONOR DEL CUBANO.

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Guillermo Torres (no verificado) – Mayo 28, 2014.

Buenas tardes (desde esta parte del mundo, Barcelona). Me resulta interesante lo publicado por ustedes. Pregunto, fueron los entrevistadores?, está completa la entrevista?, existen grabaciones de la entrevista? De esto contesten lo que tengan a bien contestar, es que conversando con una amiga al respecto esta mañana, nos surgieron estas dudas a modo de curiosidad.

En principio entiendo que la entrevista es vuestra, pero se me confunde con una reseña. En todo caso es una suerte poder haberla hecho. En mis tiempos en cuba sólo logré dos conversaciones medianamente relevantes con personajes públicos: Retamar y la Loynaz. He de señalar que no hicieron grandes confesiones (risas).

Me alegra haber encontrado esta publicación. Gracias.

julio 14, 2015 - Posted by | Sin categoría

1 comentario »

  1. Las impúdicas confesiones de Alfredo Guevara
    Por Haroldo Dilla Alfonso

    HAVANA TIMES — Hace unos días la revista mexicana Letras Libres publicó una entrevista al recientemente fallecido dirigente cultural cubano Alfredo Guevara. En ella Guevara narra sus andanzas revolucionarias pistola en cinto, valora al marxismo y confiesa sus convicciones peyorativas acerca de la sociedad cubana. “No creo que mi pueblo valga la pena” afirmó, y como ubicado en una poltrona superior, le lanza un reto de futuro: “Creo en su potencialidad, pero no en su calidad”.

    Para quienes no conocen a Alfredo Guevara, habría que explicar que se trató de un funcionario letrado –no puede catalogarse propiamente de intelectual en el sentido clásico del término- que aprovechó sus relaciones de poder y en particular su amistad con Fidel Castro, para preservar algunos espacios culturales. En ellos creó auténticas cortes de elegidos en la que dio refugio a unos puñados de intelectuales reprimidos por la intolerancia oficial y a otros tantos homosexuales marginados por la homofobia prevaleciente, siempre para sus usos y egolatrías. Su sobrevivencia como mandarín y gay oficial fue una suerte de florero en la ventana que indicaba al mundo que había normalidad intramuros.

    La entrevista pudo haber sido intrascendente si la hubiéramos visto simplemente como el exabrupto desfachatado de un diletante. Pero no lo es, pues revela un drama ideológico de aquel sector de la intelectualidad cubana que pretende ocupar un lugar difuso entre el apoyo al sistema y al gobierno cubano y su crítica.

    En un interesante libro uno de estos intelectuales, Julio César Guanche, se quejaba de que la izquierda crítica local no tiene una edad de oro a la que referir su utopía. Es así, pero esa no es su principal carencia. El dilema estriba en que para estos “acompañantes críticos” del sistema el viejo panteón revolucionario repleto de mártires y guerrilleros es poco aceptable. De sus figuras históricas el intelectual más prominente fue Ernesto Guevara. Pero para los fines de la nueva construcción ideológica el Che resulta muy bélico, ríspido, nada democrático, excesivamente argentino, y sobre todo manoseado por la propaganda oficial y por los escolares que cada mañana juran que quieren ser como él.

    El mismo Guanche, en su libro, hace un esfuerzo descomunal por elevar a Raúl Roa a una estatura ideológica de procerato, como una clave, dice, para entender la relación entre socialismo y democracia en el siglo XXI. Y es visible la intención de los católicos izquierdistas por rescatar la figura del sacerdote Carlos Manuel de Céspedes, un curo girondino que llenó toda una etapa en los procesos de reconciliación de la jerarquía católica con el gobierno cubano, y terminó sus días elogiando con ahínco al llamado “socialismo cubano”.

    Todo un esfuerzo, creo, que vale la pena en la configuración de este campo político crítico y reformista, que merece un lugar en la política y la cultura cubanas. Pero un esfuerzo cuesta arriba, pues la larga etapa postrevolucionaria exigió a sus “intelectuales orgánicos” niveles devastadores de lealtad. Y sus rescates implican dar muchas explicaciones si queremos que sirvan para este asunto crucial de la democracia.

    Por el momento, lo que nos muestran las impúdicas confesiones de Alfredo Guevara, es que el panteón sigue vacío.

    http://www.havanatimes.org/sp/?p=96261

    Comentario por napoleon03 | julio 16, 2015


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