Ítaca en mis sentidos

«¿El Ex-Presidente Obama, cometió errores con la tiranía castro-cubana? ¿Cuándo nos va a ayudar Trump? 'VAE VICTIS'» Napoleón Lizardo

FIDEL CASTRO, APARTE DE ASESINO Y COBARDE, FUE “UNA MALDITA FÁBRICA DE DECIRLE MARICÓN A TODO EL MUNDO.”

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| El Veraz. | San Juan, Puerto Rico | Domingo, 11 de Febrero

¿Quién es Norberto Fuentes?- Júzguelo usted mismo [La trastienda de Fidel/Por Sonia Lira]

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PRUEBAS: Audio-Video 1: https://youtu.be/bFznKDUnSms Audio-Video 2: https://youtu.be/mNtMIOVOBg0

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Norberto Fuentes nunca escribió un libro sobre el atentado a Pinochet, que Raúl Castro alguna vez le encomendara. En cambio, publicó un ensayo donde revela los secretos y trapos sucios del régimen cubano.

Norberto Fuentes debe ser uno de los escasos escritores que conoce algunos de los secretos mejor guardados de Fidel Castro. De hecho, este cubano sabe más de lo que muchos chilenos quisieran sobre episodios claves de la historia reciente de nuestro país.

Su calidad de testigo privilegiado se la debe en un 50 % a que durante años fue uno de los escritores favoritos de la dirigencia castrista. “Mi biografía Hemingway en Cuba le gustó a Fidel. A partir de entonces, tuve la posibilidad de estar donde siempre había soñado: en el verdadero puesto de mando de la Revolución”, cuenta a Qué Pasa desde Miami.

El otro 50 % se debe, paradojalmente, a su expulsión del corazón del poder. De haber permanecido al alero de Castro, Fuentes seguramente se habría llevado la mayor parte de sus secretos a la tumba. El autor de Condenados de condado fue arrestado durante el proceso judicial que en 1989 condujo al paredón al general Arnaldo Ochoa y al coronel Antonio de la Guardia, entre otros ex héroes de la Sierra Maestra acusados de montar una red de narcotráfico. “Esa causa, llamada causa Nº 1, me salva como escritor, pero me liquida como revolucionario”, dice, al recordar los acontecimientos de ese borrascoso verano boreal que culminaron con su huida de la isla.

Estos hechos son presentados en el ensayo Dulces guerreros cubanos (Seix Barral, 1999). Un libro sobre el recorrido personal del escritor en las sombras del poder castrista, “y de lo que encontré cuando estaba solo y era vulnerable”, como afirma en el primer capítulo. Pero Fuentes también aclara que el texto es la historia del pacto de silencio entre Castro y el coronel De la Guardia y de una decisión posterior que impulsó al autor a “contarlo todo”.

El año en que se destapó el escándalo salieron a relucir las más variadas hipótesis sobre las razones del líder cubano para llevar adelante el juicio. Se especuló que denunció a sus colaboradores para encubrir su propia participación en los hechos. Otros aventuraron que intentó desmantelar un golpe de estado. Según Fuentes, Castro conocía las operaciones de narcotráfico y actuó por cálculo político: “Fidel es un tipo que mide muy bien todo lo que hace y con la causa Nº1 logró resultados inmediatos: perdió algunos hombres importantes, pero ganó en sus relaciones con Estados Unidos y América Latina, entre otras cosas”.

El libro, que debería llegar a Chile a principios del 2000, además de ser un testimonio personal y desgarrador del mayor caso de corrupción desatado en la isla desde que la Revolución derrotó a Fulgencio Batista, contiene datos reveladores sobre personajes chilenos radicados en Cuba tras el golpe militar de Pinochet.

Uno de ellos es el empresario Max Marambio -ex jefe del GAP, guardia personal de Salvador Allende-, a quien Castro le encarga el “primer escalón de vigilancia” del escritor colombiano Gabriel García Márquez.

Según relata en el libro, Marambio o “Guatón” (ahora investido con el grado de mayor del Ministerio del Interior cubano) debía informar “sobre asuntos de implicaciones eróticas” del Premio Nobel de Literatura.

“Yo he estado muchas veces con Fidel y García Márquez y puedo dar fe de que el escritor siente una sincera lealtad por el Comandante. Quizás en un hipotético momento en que desfallezca esa admiración por Castro sean útiles para el régimen ese almacén de fotografías e información de tipo sexual, pero lo fundamental es que se trata de un sentimiento legítimo”, explica Fuentes.

Marambio no sólo debió espiar las conductas íntimas del autor de Cien años de soledad, considerado uno de los grandes amigos del presidente cubano. Según los antecedentes que entrega el libro, el chileno participó junto al coronel De la Guardia en el lavado en Suiza de casi US$ 300 millones, entre los años 1974 y 1975, provenientes de las acciones armadas del grupo extremista argentino Montoneros.

En Dulces guerreros cubanos, los hechos se suceden vertiginosamente desde el prefacio hasta el último capítulo, cuando el general Ochoa debe enfrentar el paredón, tan sólo meses después de ser recibido en La Habana como héroe por su participación en Angola. Ya en sus primeras líneas, Fuentes asegura que en un 80 % el ensayo está construido con información reservada.

Entre estos datos secretos se encuentra la carta que envía, desde prisión, el general Patricio de la Guardia a su sobrino, hijo de su hermano mellizo Antonio. En esa misiva, el oficial -condenado a 30 años de cárcel- revela información altamente sensible sobre lo que el autor considera la “subversión” en expansión en América Latina. En uno de sus párrafos, por ejemplo, relata el viaje que Antonio de la Guardia realizó en 1971 a Chile, como jefe del primer grupo operativo de las llamadas Tropas Especiales. Entre sus misiones se encontraba estudiar las unidades militares chilenas y analizar la manera de introducir clandestinamente armamento al país.

De los archivos personales de Fuentes podría salir una saga completa sobre cómo se desarrolló la Guerra Fría en esta parte del mundo. Tal como afirma en su ensayo, Castro seguramente subestimó sus conocimientos al permitir su salida de la isla. En la actualidad, el escritor se encuentra desarrollando la trama de un nuevo libro, instalado en su casa de Miami, aunque no disimula sus deseos de emigrar a otra ciudad norteamericana:

“Lo más difícil de vivir aquí ha sido mi conocimiento de la imbecilidad humana. El viejo exilio de Miami no calcula que ellos pavimentaron el camino a la dictadura de Fidel. Porque el que abrió el paso a Fidel fue Batista. Es una situación dramática, aunque también he encontrado aquí muchos amigos”.

A pesar de todos los libros que potencialmente puede escribir el autor cubano, hay uno que parece irremediablemente condenado a permanecer en el olvido. Se trata de la historia del atentado del FPMR a Pinochet, que le había encargado el hermano menor del líder cubano y segundo hombre en la isla, Raúl Castro, poco antes de que estallara el caso Ochoa. Según Fuentes, algunos de quienes participaron en la fallida emboscada en 1986, fueron interrogados por la inteligencia cubana.

Todo ese material le fue entregado apenas cinco semanas antes de que se iniciara la causa Nº 1. Sin embargo, le fue diligentemente arrebatada por agentes del Partido Comunista de Cuba luego de que el propio escritor fuera interrogado por sus nexos con los procesados: “El libro se quedó sin hacer, de lo cual me alegro, porque no tenía el menor interés en escribirlo”.

Dulces guerreros cubanos

A principios de los ochenta, Gabriel García Márquez ganó notoriedad extraliteraria en Cuba. Mientras cumplía una misión asignada por el comandante en jefe, había demostrado ser un tipo de coraje. Había reservado su asiento de primera en Iberia y aterrizado en Madrid y se había dirigido a la Moncloa para decirle a Felipe González que era maricón. Ajustemos la frase. Que Fidel mandaba a decirle que él, Felipe, era un maricón. En eso se resumía la experiencia de García Márquez que tanta admiración causaba al más alto nivel de la nomenclatura cubana. En decirle al presidente español: “Oye, Felipe, dice Fidel que tú eres un maricón”. Como quiera que la escasa celebridad que he logrado acumular en mi carrera ha sido siempre extraliteraria, cualquier episodio de esta naturaleza me entusiasma y rápidamente me pongo a observar cómo se las arreglan otros para que el mecanismo extraliterario funcione. Es así como aprendo que el mecanismo de García Márquez como héroe de la nomenclatura cubana comienza a vislumbrarse en la tercera década revolucionaria, y el instrumento de que se sirve para el aumento de su gloria es la transportación de un par de mensajes de idéntica naturaleza ante sendas dignidades extranjeras. En efecto, no sólo a Felipe “lo tocan con limón”, para decirlo en cubano. Omar Torrijos, el venerado general panameño, también tiene su cuota. También es acusado. Y también es el comandante el que manda el recado -el hombre es una maldita fábrica de decirle maricón a todo el mundo, como podemos constatar. Y allá, ufano y directo, García Márquez va disparando a investir del epíteto fidelista al general Torrijos. Se produce un torrencial aguacero a la vera del canal cuando se encuentra con su amigo y le informa: “Oiga, general, dice el Comandante que usted es un maricón”. Una diferencia con el presidente González. Gabo no tuteaba al general. Son cosas que debemos aprender en este territorio de la extraliteralidad.

Llegado al presente punto debo apresurarme en advertir al lector (¡una vez más!) que todo lo que aquí se expone se ajusta estrictamente a la verdad. No hay invento, por insólito que pueda parecerle la historia de un Premio Nobel de Literatura sirviendo como mensajero de un altanero Fidel Castro y prodigando entre jefes de Estado su rabioso insulto. Hay testigos. Excepto Torrijos, está vivo y es localizable el resto del personal involucrado en la historia. El expediente Gabo.

Bien, pues, el caso Felipe González. Muy sencillo. Es la época en que Felipe hace algunas declaraciones en favor de unos prisioneros políticos cubanos que llevan más de 20 años tras las rejas, y hay una campaña internacional por su liberación, y los tipos ya están viejos y no significan un peligro para nadie y la imagen de la Revolución puede mejorarse con su liberación. Se trata de un poeta cubano semiparalítico, Armando Valladares, y de un fracasado guerrillero de origen gallego, Eloy Gutiérrez Menoyo. Pero también se trata de una mala época con Fidel. Está en la onda de las cárceles repletas. Y se indigna con Felipe. Es lo que le explica a Gabo. Está indignado con Felipe porque mira cómo se porta Felipe después de todo lo que he hecho por él. Felipe es un malagradecido. Además, se está metiendo en los asuntos internos de Cuba.

Lo mismo está ocurriendo con Mitterrand y con Régis Debray. Se han sumado a la campañita contra Cuba. Entonces surge la nueva tarea. Gabo, vete a Madrid. Y dile a Felipe que es un maricón.

El propio Gabo me hizo el cuento. En 1983 había dos cubanos en Cartagena de Indias bajo el protectorado de Gabo. La poderosa delegación política cubana constituida por el poeta Eliseo Alberto, alias “Lichi” (que quizá se disponga a servir ahora de testigo en mi cuento), y por mí. El programa era muy sencillo: visita a los padres de Gabo, cena en un restaurante de la plaza vieja donde se encontraba la mujer y el hombre más lindos del mundo y vuelta para Bogotá. Recuerdo aquella casa de los padres de Gabo en Cartagena y las risotadas de Papá García y de Mamá Márquez al saber que yo había contraído matrimonio cinco veces. Ahora la risa sería acumulativa: tengo dos matrimonios más a mi haber. Siete en total. Esa noche nos instalamos en el restaurante italiano del hombre y la mujer más lindos del mundo, que eran a su vez los corresponsales de The New York Times en Cartagena de Indias y éramos (Lichi y yo, al menos) muy pobres y felices y Gabo nos cuidaba como a dos hijos y él tenía las sienes plateadas y sonreía y el vino de ellos era bueno y mi scotch era mejor y la mujer y el hombre más lindos del mundo atendían nuestra mesa y entonces yo le pregunté a Gabo por la historia famosa.

-Y, oiga, Maestro, ¿es verdad que usted le dijo maricón a Felipe González, es decir, que le llevó el recado, es decir, ehhh… que le dijo maricón de parte del comandante?

-Oh, claro. Es verdad. Pero qué pendejada es ésa. ¿Quién te dijo eso?

-Tony Pérez Abrió los brazos para hacer el cuento. Luego entendí que estaba haciendo la mímica del gesto de Felipe cuando recibió el mensaje. Felipe se había asombrado, dijo Gabo. Se había asombrado y había abierto los brazos en señal de interrogación y había palidecido. Gabo había sido textual: “Oye, Felipe, dice Fidel que tú eres un maricón”. En su momento Torrijos también había palidecido. Aunque luego del mensaje lead, venía el cuerpo de demandas. Con Torrijos, relaciones, rápidas y plenas. Con Felipe, déjame a mí con mis presos. Mitterrand y Régis Debray eran otra cosa.

Fidel prefería dejarlos para una nueva ocasión. Además, qué mella les iba a causar a aquellos franceses que les dijeran maricones. Para que el insulto te movilice, se supone, necesitas un mínimo componente español en las venas. Y si es gallego, mucho mejor.

Una conmovedora boutade de Gabriel García Márquez es decir que él nunca olvida un hito de su pasado. Que es el hijo del telegrafista de Aracataca. La afirmación le sirve como carta de ciudadanía. Recuerda un pasado de pobreza. A nivel del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, esto funciona muy bien. Bueno, uno de los principales argumentos de Raúl Castro, el hermano del comandante y jefe del ejército, acerca de las virtudes de Gabriel García Márquez era su antigua pobreza. “Un compañero de origen muy humilde”.

“Sí”, me decía Raúl, “y le dijo maricón a Felipe González y a Omar Torrijos”

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Notas del Editor

¿Es un cerdo? ¿Un perro servil? ¿Un traidor? ¿Un inmoral? ¿Un Chivato, informante? ¿Un insecto? ¿Un oportunista? ¿Un hombre que al igual que Fidel Castro debieron ser abortados al mes de embarazo por sus progenitoras? ¿Existe calificativo que pueda reunir tantos defectos en una sola persona? Difícilmente exista en la lengua española. Tal vez solo busca popularidad y que hablen de el, bien o mal pero que hablen. Quizás algún día lo encontremos en una Parada Gay, quizás se convierta en transexual. Esta será la primera y última vez que lo complaceremos.

Publicaremos un artículo que quizás se acerque a definirlo aunque sea un poco. Creo que lo mejor que haríamos es, no dejar que se cebe como quiere, no comprando los libros que escribe, que no dicen nada que no conozcamos. A juzgar por lo que dice en sus entrevistas, lo que escribe, le revolverían el estomzago al propio Hitler. Creo que sigue amando a Fidel castro y que lo único que le reprocha es que ya no le alcanzaba el dinero en Cuba para comprarse una pizza de 8 pesos.

NORBERTO FUENTES: ¿ EXILIADO O INFILTRADO?

“No es un desafío: ¿qué cubano mirará como enemigo a otro cubano? ¿qué cubano permitirá que nadie le humille? ¿qué cubano que no sea un vil, se gozará de humillar a otro? –José Martí*

El Sr. Norberto Fuentes, a pesar de ser un asesino confeso y un castrista declarado, ha sido reci

bido por el exilio cubano con magnánimo respeto. Sin embargo, el ejemplo del ideal martiano al que yo he acudido en el exergo, es algo que el Sr. Fuentes no para de fustigar para dar así más leña al fuego que alimenta el odio entre la diáspora, y a la propaganda que realza en cada momento la astucia de Fidel Castro, su ídolo imperfecto. A pesar de la pasión que me despierta el derecho de replica, no voy a ser yo el que deje molesto a los que piensan como el buen Martí. Para que el desprestigio sea total, mejor dejemos que sea él mismo, Norberto Fuentes, quien nos desvele su verdadera identidad.

Veamos pues, la anatomía de este “desertor”. En la introducción de su libro “Cazabandido”, el Sr. Fuentes dice: “Les hablo de la mejor época. La que se añora. Yo fui corresponsal de esa campaña. Un corresponsal que me convertiría en fiscal para entrevistar a los bandidos, y también podía ser miembro de un pelotón de fusilamientos. Quiero decir, de esa campaña que para mí fue una fiesta, aunque extraña. Una fiesta leninista.” Un periodista convertido en fiscal nos demuestra aquí el sentido de la justicia de Norberto Fuentes y sus secuaces. Pensar entonces que hubo en Cuba compatriotas encarcelados por más de 20 años por la Causa Escambray, reclama un poco de justicia contra este fiscal improvisado.

Fusilar alzados (entre los que se encontraban mayoritariamente cientos de campesinos pobres inconformes con el comunismo1), parece que llegó a ser su hobby favorito. Así, sin la menor muestra de arrepentimiento, Norberto Fuentes, mayor de la seguridad del Estado en aquellos años, nos lo deja ver a lo largo de la narración que hizo sobre esa campaña fratricida. “Resultó que en 1961 algunas lecturas me dejaron ardiendo el alma. Alejandro Beck me llevó con “Los hombres de Panfilov” y aprendí a conceptuar la Patria y a fusilar traidores.”2 ¿Traidores? ¿Para quién? Pues para él, porque el papel de verdugo que el oficial Fuentes asumió y la nostalgia con que lo recuerda desde los Estados Unidos en su último libro ya va para 40 años.

En su nuevo libro, escrito desde un territorio al que siempre consideró enemigo, no sólo nos documenta con fotografías su postura arrogante cuando realizaba, como agente de la inteligencia cubana, interrogatorios a los africanos desarmados, sino que además, nos confiesa que a esos negros se les fusiló después. Como si la guerra de Angola no hubiese sido un genocidio contra ese pueblo africano que al cubano no había hecho ningún daño. Si Pol Pot viviera, el Sr. Fuentes se ganaría un empleo de asesor. Vean sino como este veterano relata con regocijo y en tercera persona sus andanzas por el Africa: “regresaban a casa – la base de Menongue – y con los cañones de los AK aún humeantes y al rojo luego del reparto de caramelos.”3 ¿No les resulta insensible y además grotesco?

Su odisea para escapar de Cuba más me recuerda a las aventuras de Ulises que algún hecho de la realidad. Norberto Fuentes, lejos de agradecer al exilio el seguir con vida, sigue mostrándose servil, encantado, y atraído por Fidel Castro y el poder que este representa. Él, como nadie, sigue amando ese poder a pesar de “haber dejado de ser uno de sus miembros más activos” (entrecomillas que yo siempre pondré en dudas), nos lo recrea así: “Gracias a que derrotamos a la contrarrevolución, y a la brigada de la CIA en Playa Girón, y todo cualquier otro portador de una idea o proyecto de restauración republicana,”… para que no nos queden dudas de cuánto sufre el escritor alejado de la protección que le daba su padrino Castro, el mafioso.

No por gusto Norberto Fuentes empieza su libro con una cita de Dante: “No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices en el infortunio”…, o lo que es lo mismo, no hay nada más triste que haber dejado de formar parte de aquellos pelotones de fusilamiento a favor del totalitarismo de papá Castro. Del subconsciente, o quizás no tanto, a Fuentes se le escapa de la pluma una frase de Jean-Paul Sartre en la que dice: “uno no sabe lo que es la clase hasta que se da cuanta que no puede abandonarla” ¿La habrá abandonado él? A otro con ese cuento.

El libro “Dulces Guerreros Cubanos” no es otra cosa que un retrato de su personalidad. En muchas de sus páginas, sus verdaderos pensamientos hacia Fidel Castro se le escapan tal y cual los siente. El dictador cubano ha pasado en la distancia a ser un Dios, un ser superdotado. No hay más que ver cómo se expresa de él hasta en el plano privado: “Fidel ha dejado de ser el marido que desayuna con su mujer,… para convertirse en el hombre que aun lleva las riendas del movimiento comunista internacional y que ha recibido el mandato de quebrar la espina dorsal de los Estados Unidos de América, el líder severo, distante y frío, el Comandante en Jefe.”

Por otra parte, lo que Seix Barral clasifica de “ensayo”, no pasa de ser un catálogo de despecho hacia aquellos que en la cúpula de la corrupción siempre le aventajaron. Comparemos la idolatría que siente por Fidel Castro (y que expresa en toda su obra), con el odio y la envidia de su enemigo perfecto, el General Ochoa. Al comparar a Fidel (que quería lanzar los misiles nucleares contra los Estados Unidos) con Nikita Jruschov, Fuentes lo describe como si se tratara de su macho favorito: “con la soberbia estatura de ascendencia gallega y con las dos pelotas de sus enormes testículos perfectamente marcados en sus pantalones de campaña”. O mejor vean cómo, cuando Girón, nos describe su fotografía preferida: “Durante sólo escasos segundos, se logra ver en esa escena, libre del pecho para arriba, a Fidel, puesto que tiene delante a José Abrantes Fernández, poniendo el suyo. Alerta, realmente hermosos los dos, Abrantes cuidando a su líder, Fidel joven padre.”

Su odio hacia las mujeres es idéntico al de Fidel Castro. La mujer cubana para Norberto Fuentes es apenas un hueco que juega su papel sobre la cama. O la mujer es sumisa ante sus demandas, o él la calumnia como prostituta, pero si esa misma mujer acepta las demandas de otro hombre, entonces la acusación es de traidora. Fuentes, no sólo mira el trasero de la mujer de su mejor amigo, sino que también las descalifica cuando estas, ya viudas, rehacen su vida con otra relación. El héroe que le abre las latas de conserva a sus superiores sabe que merece una medalla al valor. Pero añade, “una medalla que no se les da a las putas”, o lo que es lo mismo, a esas cubanas que fueron a Angola en uniforme y de las cuales él abusó aprovechándose del cargo, de sus relaciones con los altos oficiales, o de los recursos e infraestructuras que estos le dejaron disfrutar.

Que Norberto Fuentes haya dedicado este libro al eminente Guillermo Cabrera Infante y su simpática esposa Miriam Gómez, no parece haber tenido el efecto que el obtuso deseaba. Quizás creyó que, dedicando el libro a estos dos amantes de la libertad de Cuba, se situaba ya entre sus libertadores. Tanto Miriam como Guillermo coinciden en que su libro tiene valor. Norberto Fuentes, narra hechos que permiten al exilio ver lo podrida que es la clase dirigente cubana y eso le hace daño internacional al régimen. Pero este “ensayo”, deja también mucho que explicar. Como cubano que tuve el privilegio de conocer al General Arnaldo Ochoa, y además, ser alumno de su bellísima esposa, debo comenzar por decir que no es de cubano, ni de hombre, herir la memoria de los muertos y mucho menos, si estos han sido mucho “más de todo” que el difamador.

La envidia que Norberto Fuentes siente por Arnaldo Ochoa lo lleva a llamarlo “negro” “arrogante”, “asesino” y otros muchos calificativos que hoy habría que preguntarse a quién le pegan más. Sin embargo, el colmo de su complejo de inferioridad se deja ver cuando algunas de las mujeres con las que el escritor quiere acostarse le dicen que Ochoa era muy bueno en la cama. Entonces saca, del inmenso baúl de sus complejos, una grosería que me recuerda el estilo Zoé Valdés y añade: “Pero a pesar de todo lo que me dijera Aymée, cada mujer que se metiera esa pinga de Arnaldo Ochoa, o la pinguilla de Polo, estaba compartiendo una verga que ya había pasado por los culos babosos de todas las yeguas y chivas que despertaron la libido de estos héroes legendarios…”

Quien haya visto las fotos que Norberto Fuentes inserta en su libro coincidirá conmigo en esta descripción: Frente achatada de mestizo mexicano, pelo negro y enroscado como el de Carlos Aldana, orejas similares a las puertas abiertas de un jeep de fabricación soviética, nariz torcida, curva, y de porrón sobre un bigote similar a las brochas con la que los niños en Cuba pintaban de lechada las aceras, y dientes, que parecen haber sido liberados del sarro con ayuda de la dinamita. Sin embargo, este mamerto sin espejos se describe así: “apuesto señor, de elegantes canas, Rolex en la muñeca y briosos Ray-Ban,”… ¡El pobre!, no sólo porque tenía que hacer exhibicionismo del Rolex para atraer a sus mujeres, sino porque a falta de brío propio, tenía que atribuírselo a sus oscuras gafas.

Hablando de un militar que no pertenecía a su casta, el Sr. Fuentes dice: “era uno de los vergonzantes usuarios cubanos de Rolex… al que no correspondía disfrutar del agradable peso en la muñeca de esa máquina de navegantes”. Dios mío – me dije, – que no mire nunca a la muñeca de este pobrete relator de sus envidias. Que no pueda Fuentes nunca observar lo que un trabajo honesto, y no el saqueo y la piratería comunista, me han permitido a mi comprar. Yo que nunca he tenido medio millón de dólares robados y escondidos en mí casa, yo que jamás podría escribir un libro de 459 páginas para repetir en cada una de ellas que era el dueño del más pacotillero de los Rolex, correría el peligro de formar parte de una enciclopedia si Norberto se fija un día en lo que corona con esmerada exactitud a mi mano izquierda.

¿Cómo puede alguien llegar a ser tan vanidoso y por tan poca cosa? ¿Cómo puede este simpatizante vitalicio de Fidel Castro escribir tanta porquería y asombrar con ella a medio exilio? Peor aún ¿cómo puede una parte del exilio confiar en semejante mequetrefe? No me resulta tan extraña su deserción como su tapada o abierta confesión de amor ideológico al régimen cubano4. Raro es que aún haya quien no asocie el indulto castrista con todas las maravillas que Norberto Fuentes ha escrito sobre la revolución. Me gustaría ver la cara de todos aquellos que hoy alaban este libro escrito en los Estados Unidos si algún día se enteran que este hombre, que tanto ha hecho por destruirnos pública y solapadamente, se declara mañana agente de Fidel y otra vez condecorado oficial de la seguridad cubana.

Los que me crean loco, o paranoico, debieran entonces recordar esta extraña coincidencia. El 6 de Abril del 2000, Castro califica de “victoria legal, moral y política” el regreso de Elián a Cuba5. Dos días más tarde, Norberto Fuentes, lleno de regocijo y tan alegre como cuando fusilaba cubanos en las montañas del Escambray, secunda a su líder y declara a un periódico español: “Utilizando a un niño de seis años y amenazando con atacar con la formidable tropa de una docena de pioneritos, Fidel Castro ha arrasado a la clase política de Miami, probablemente para siempre.”6 ¡Amigos míos, “guerra avisada no mata soldados”, dice un magnífico refrán!

Carlos Wotzkow

Tomado de:

http://www.elveraz.com/NORBERT0.htm

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febrero 12, 2018 Posted by | Sin categoría | Deja un comentario